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Coneval vs. Inegi: no hagas cosas buenas que parezcan malas

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Santiago I. Soriano Condado

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En medio de la discusión, como siempre, están los pobres. El objetivo es saber cuántos de ellos hay en nuestro país y así poder atender su situación. Esa es la misión de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol): coordinarse con las instituciones encargadas de esta labor para posteriormente hacer la política. Sin embargo, eso no puede ser si el principio básico está mal desde su origen: la cuantificación.

Pareciera una situación inconcebible, pero así fue: el Inegi recibió del Coneval 154 millones de pesos para realizar el conteo, uno que no sirvió de mucho pues ambos decidieron no publicar el indicador.

Todo surgió a partir de una situación “de no comparabilidad” del Módulo de Condiciones Socioeconómicas con años anteriores, de acuerdo con el comunicado conjunto donde explicaron la decisión. ¿Y esto qué quiere decir? En primer lugar, que la transparencia tan anhelada desde la más alta esfera del gobierno sigue avanzando a cuentagotas luego de varios traspiés.

Esto es así porque el Módulo de Condiciones Socioeconómicas fue solicitado por la Conferencia Nacional de Gobernadores (Conago) a Sedesol para justificar el reparto de 70 mil millones de pesos del Fondo de Aportaciones para Infraestructura Social. Y ahora, sin estadísticas, no se sabrá su distribución.

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A esto se suma otro elemento clave: que el Inegi y el Coneval no han publicado información a detalle sobre en qué consisten los nuevos cambios para medir la pobreza en México. Para distintos expertos, ello representa una situación preocupante, pues no existe un proceso previo que sirva de revisión y discusión entre técnicos en la materia de medición estadística.

La consecuencia central es que no hay forma de comparar históricamente la medición, con lo cual se dificulta la tarea del consejo nacional de evaluación para cumplir con la encomienda que, poco después, puso en la palestra el titular de desarrollo social, José Antonio Meade: ser la referencia para cumplir con la detección de carencias en México.

El respaldo del secretario

Pese a que se puso en duda la credibilidad de dos organismos clave en la política social del país, Meade Kuribreña atajó (o al menos intentó) el descalabro.

Con la serenidad y elocuencia de siempre, el secretario de Desarrollo Social pidió a las organizaciones de la sociedad civil que tomaran en cuenta la metodología del Coneval para detectar las deficiencias del país en materia educativa, salubridad, seguridad social, servicios básicos, alimentación e ingresos: los ejes de la política gubernamental contra la pobreza.

Así, dio un espaldarazo a un problema que podría significar la puesta en juego de más de ocho mil millones de pesos, correspondientes al Fondo de Aportaciones para la Infraestructura Social de las entidades federativas (FAIS). Esto es porque dicho fondo federal establece que los datos revelados por el Coneval son los que servirán para calcular el mismo; este año, el presupuesto asciende a ocho mil 200 millones de pesos.

Los retales del proyecto de 134 mdp

El proceso de este error comenzó en 2015. En las bases del proyecto se pactó un conjunto de entregables del Inegi al Coneval, mismos que significarían una parte correspondiente del total del mismo. De este modo, en julio del año pasado se entregaron los primeros 65.4 millones de pesos a cambio del modelo final de los cuestionarios, así como los manuales de procedimientos de los trabajadores de campo.

Para el agosto siguiente, la misma cantidad de dinero se pagó, esta vez por los manuales de los capturistas, analistas, además de los responsables de llevar a cabo la captura y validación de los datos.

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En marzo de 2016, Coneval recibió un informe final de los resultados de campo, al que se le añadió un documento titulado “Cambios y adiciones en los instrumentos de captación a la base de datos”, lo que significó el pago de 1.3 millones de pesos más.

Así, para julio pasado, se fijó la entrega del documento metodológico sobre el diseño de las muestras estatales, junto con la base de datos del Módulo de Condiciones Socioeconómicas 2015, lo que significó el pagó de otros 1.3 mdp.

La cuestión está en dónde se rompió todo. En saber cuál fue el gran cambio que impidió la “comparabilidad” de la que ambos organismos hablaron en su anuncio de no presentar el indicador del año pasado.

La pelea que pudo evitarse

El proceso no se llevó a cabo en quince días o tres meses, fue de al menos un año; pero todo comenzó a romperse entre el Coneval y el Inegi cuando este último publicó que habría cambios en las variables de la medición de la pobreza.

Ante el argumento del instituto de que estas disposiciones formaban “parte de un proceso de mejora continua”, el consejo refutó que estos no fueron debatidos técnicamente, ni anunciados, ni mucho menos contaban con documentos públicos de carácter técnico que los justificaran. “El Inegi no fue transparente”, acusó abiertamente el Coneval. Y en efecto, no lo fue.

La aplicación de dichos cambios estaban carentes de congruencia, como por ejemplo que el incremento real del ingreso en los hogares más pobres había sido, en un solo año, del 33.6 por ciento, algo que no coincide con las tendencias que documentos del mismo Inegi han marcado.

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La respuesta de este fue tibia: reconocieron que sus cambios impedían una comparación de la evolución histórica de la pobreza, pero quiso justificarse diciendo que permite una medición más precisa sobre los ingresos de los hogares. Esto, lejos de parecer una treta para maquillar la realidad, permitiría una radiografía más amplia de la situación de pobreza en México, lo que a su vez abriría más el espectro de qué puntos hay que afinar y atender en la estrategia social.

Todo radica en que este levantamiento hecho por el Inegi tuvo preguntas adicionales sobre los hogares donde no se reportaban ingresos; es decir, se indagó en cómo hacen específicamente los mexicanos para sobrevivir.

El problema brota cuando no hay bases de comparabilidad, cuando no hay un antecedente inmediato o, en otras palabras, cuando es el primer informe que se hace de esta forma.

Entonces, ¿quién tuvo la culpa?

La cabeza que rodó

Dentro del Inegi, quien se encarga de llevar a cabo el conteo en discordia es la Dirección de Estadística Sociodemográfica, misma que estuvo a cargo de Miguel Cervera Flores para la realización de censos, levantamiento de módulos socioeconómicos, así como conteos nacionales de población y vivienda.

Su cabeza cayó luego de que Julio Santaella, presidente de la Junta de Gobierno del instituto, señalara ante una comisión del Senado que esa área era la encargada de los módulos de condiciones socioeconómicas, pero sin decir abiertamente quién era el funcionario que se encargaba de ella.
Dicha área tuvo la encomienda de generar los resultados que para el Coneval son elementales en su medición de la pobreza. Tres días después, renunció tras la controversia.

Sin embargo, el propio titular del Coneval, Gonzalo Hernández Licona, afirmó que tanto el consejo como el Inegi diseñaron juntos la encuesta que se aplicó en el censo, pero explicó que el Inegi cuenta con libertad para cambiar encuestas durante el trabajo de campo.

Este año hicieron una que no estaba prevista en los manuales entregados previamente, aunque les quitó culpas al afirmar que su intención “fue adecuada” pero no tiene uso de política pública.

¿Ahora qué sigue?

Al ser cuestionado por senadores sobre la forma en que se actuará en adelante para tener indicadores de pobreza claros, Licona informó que el Coneval ya trabaja con un equipo técnico para realizar un análisis de fondo a las respuestas de la encuesta y así definir si algunas son comparables con años anteriores.

Los resultados, pese a todo, no se sabe cuándo podrán tenerse, por lo que la Encuesta Nacional de Ingreso y Gasto de los Hogares que realiza el Inegi a partir de este mes será clave para saber cuál fue la evolución de la pobreza en México durante los últimos dos años.

Ahí, ante senadores de la República, el director del Coneval descartó sancionar al Inegi por las modificaciones hechas a su método, no obstante hizo hincapié en que deben evitarse cambios de este tipo “aunque sean de buena voluntad y así no se levanten sospechas”.

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Política

Rosario Robles podría quedar libre en 72 horas, afirma su abogado

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Foto: Especial.

MÉXICO.- La audiencia de apelación ante el magistrado Ricardo Paredes Calderón, titular del Quinto Tribunal Unitario en Materia Penal en la Ciudad de México, fue “con toda cordialidad”, aseguró Julio Hernández, abogado de la exsecretaria de Desarrollo Social, Rosario Robles.

“Eso demuestra que, en esta vida no necesitas ser rudo, grosero ni altanero para logra el orden, porque la audiencia se llevó a cabo con todo respeto y total orden”, agregó.

El defensor de Rosario Robles explicó que, esta audiencia fue para solicitar que el “Tribunal revise si fue legal o no, el trabajo que realizó el juez Delgadillo Padierna”.

TE RECOMENDAMOS LEER: Rosario Robles pide justicia, magistrado resolverá en 3 días revocación de sentencia

El mes pasado, como medida cautelar Delgadillo Padierna, “que resultó ser sobrino de Dolores Padierna archienemiga política de Rosario Robles”, impuso prisión preventiva a la exsecretaria de Sedesol por temor a que se diera a la fuga, basándose en una licencia con dirección diferente a la reportada por Robles, que después de demostró que era falsa.

“Nosotros creemos que hay suficientes pruebas de que ella no se va a dar a la fuga, que no están en riesgo los testigos ni la investigación. Y que como todos los ciudadanos, más allá de su inocencia y su culpabilidad, tenemos derecho a que cuando se nos acusa de un delito no grave, podamos permanecer en libertad mientras se lleva a cabo el juicio”, dijo el abogado.

En un plazo de 72 horas, a partir de ayer martes, el magistrado Paredes Calderón determinará si Rosario Robles continuará su proceso en libertad o no.

En caso de que la decisión sea negativa, Robles “tendría que permanecer ahí y esta resolución sería todavía recurrible por la defensa y al amparo. Y queda abierta la posibilidad de solicitar las nuevas medidas cautelares”, explicó Julio Hernández.

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