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Alumno golpea a maestro por audífonos

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RUSIA.- Un video que circula por redes sociales se ha vuelto viral, ya que, en él se observa el momento exacto en el que un alumno golpea a un profesor.

Los hechos ocurrieron en una escuela de Neryungri, en el noreste de Rusia, después de que el maestro ordenara al joven estudiante quitarse los auriculares, a lo que al adolescente pareció no importarle, por lo que el profesor se los arrancó de un jalón.

El adolescente no tomó nada bien la acción del profesor, por lo que reaccionó de forma violenta y se abalanzó contra el docente.

Al ver la agresión del alumno, sus compañeros salieron en defensa del maestro y lo apartaron para evitar que continuara golpeando al profesor.

https://www.youtube.com/watch?v=y_RtaFA69r8

Redacción RN1

Sociedad

“Tengo miedo de venir, pero más miedo me daba quedarme”: migrante

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gabriel_migrante, Gabriel, 81 kb, Migrante
Foto: Cuartoscuro.

CHIAPAS.- En el Centro Social “Francisco I. Madero”, a un costado del parque central de esta localidad, Gabriel pasa la calurosa tarde taciturno; sus ojos permanecen fijos en un punto del horizonte, mientras varios niños juegan a su alrededor como pueden y con lo que pueden. Él, es un migrante.

Forma parte de los cerca de mil hondureños que se encuentran en esas instalaciones propiedad del gobierno municipal, a cargo de Sonia Eloina Hernández Aguilar, lugar que se ha habilitado como albergue.

Dentro del galerón se reparten decenas de familias, muchas de ellas con niños cuyas edades van de meses de nacidos a unos 10 u 11 años. Todos comparten un solo baño y las autoridades mantienen como pueden el orden.

A la entrada, una mesa con representantes de los grupos Beta (en su característico uniforme naranja), del DIF, la Secretaría de Salud, Protección Civil tanto municipal como estatal, así como trabajadoras sociales, dan la bienvenida a cada migrante como Gabriel, los cuales van llegando en oleadas.

Colchonetas, sillas plegables de madera y plástico, sirven de “mobiliario” a los casi mil migrantes hondureños que han arribado desde el viernes, a pesar del cierre del puente internacional que une Tucun Uman, en Guatemala, con esta localidad en México.

Gabriel está pensativo y tiene razones para ello. Hace casi un mes, los delincuentes asociados con policías en una localidad rural ubicada entre Tugucigalpa y San Pedro Sula, lo amenazaron de muerte, porque querían robarle la cosecha de maíz que acababa de levantar en la propiedad de su familia.

Una tarde llegó a su casa y encontró a su mujer y a sus niñas de dos y cinco años, llorando. Alarmado, preguntó quién en la familia había muerto, a lo que ella, contenta y sorprendida le contestó: “Tú”.

Cuando recobró la calma, le explicó que horas antes se presentaron a la casa el delincuente que lo había amenazado y un policía, quienes le dijeron que acababan de encontrar muerto a Gabriel en una zanja y tenía que ir por su cadáver.

“Por eso me decidí a venir en este éxodo. No creas, me da miedo -confiesa el migrante-, pero me daba más miedo quedarme y por eso estoy aquí, sin saber qué va a pasar, pero dispuesto a permanecer en México o ir a Estados Unidos, donde sea que consiga trabajo”.

Gabriel ha hecho nexos con otros compañeros de viaje. Frankie y Roberto tienen varios rasgos en común: ambos tienen 17 años, sus papás fueron asesinados por la delincuencia y viven en la casa de la mamá de Frankie, prácticamente como hermanos.

Ahora comparten esta aventura de venir a México, originalmente guiados por el exdiputado hondureño Bartolo Aguilar -hoy preso en Nicaragua- y la angustia de no saber qué les depara el futuro. A cualquier mexicano que ven le preguntan detalles sobre cómo pueden pedir asilo.

Quieren saber si podrán transitar por México hacia Estados Unidos sin que los moleste la policía, indagan si tener familiares nacidos en México es o no una ventaja en términos migratorios, si alguien sabe quién los guía ahora, porque sus dirigentes han sido encarcelados.

Mientras estas personas platican sus historias, una multitud de niños corre y juega alrededor. Muchos padres han traído menores, cuyas edades van de sólo meses de nacidos hasta los 10 u 11 años.

Con una pelota pequeña, corren entre las sillas y las colchonetas en el suelo. Gritan y se persiguen mutuamente, se aferran a ser niños pese al difícil entorno, a la incertidumbre, a los 30 grados centígrados en el improvisado albergue oloroso a sudor y a encierro involuntario.

Notimex/ssc

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