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“La verdadera izquierda mexicana solo puede darse dentro del PRI”

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Foto: Cuartoscuro

| Carlos Organista

En pleno calor de la contienda electoral por la Presidencia de la República, Grupo Planeta presenta La revolución inconclusa, un libro que —a través del análisis de la obra de Emilio Uranga, uno de los genios constructores del discurso priista— ayuda a entender el contexto político actual en que, como explica su autor, ya no se sabe cuál es el adentro y el afuera del Partido Revolucionario Institucional (PRI), ni tampoco tenemos clara la identidad del resto de partidos políticos.

México, 1960. Adolfo López Mateos es el quincuagésimo tercer presidente del país, uno de los más carismáticos y queridos en la historia política mexicana por su legado. De gira por Guaymas, Sonora, alguien le pregunta cuál es la orientación de su gobierno. “De extrema izquierda, dentro de la Constitución”, responde. Y entonces, viene la confusión, la curiosidad y el miedo por tratar de entender qué quiso decir el líder supremo.

1960 no es un año cualquiera. “Acaba de pasar una revolución cubana que reconfigura la izquierda latinoamericana completamente. La Revolución mexicana ya no es el modelo de revolución, pues ya hay una que hace cosas y no solo dice que las va a hacer. Tienes además en el país un movimiento huelguista tremendo: ferrocarrileros, electricistas, pilotos aviadores… todo mundo está ocupando las calles en la Ciudad de México —en el 58 tuvimos más de 700 huelgas y en un país que ni siquiera alcanzaba los 30 millones de habitantes eso era la locura—; y tienes también los 50 años de la Revolución mexicana, que no era un festejo muy alegre pues fue sofocada por la corrupción, por la era industrial, y se cuestionaban sobre la necesidad de hacer otra revolución: latinoamericana, marxista, castrista”, afirma José Manuel Cuéllar, especialista en filosofía mexicana del siglo XX y la configuración del discurso nacionalista del PRI a través de sus ideólogos invisibles, en una charla con Reporte Nivel Uno.

En ese contexto, con la frase de López Mateos, “los empresarios, el sector más reaccionario, pusieron el grito en el cielo y sacaron sus capitales, pensando que se trataba de un neocardenismo, que habría más expropiaciones… Y la nueva izquierda mexicana, de inspiración más marxista, estalinista, leninista, se enojó porque el presidente se colgara la medalla de la izquierda”, explica el maestro en Filosofía de la Cultura por la UNAM y en Filosofía Contemporánea por la Universidad de Barcelona.

Es precisamente de ese año —que resulta ser “el canto de cisne de la Revolución mexicana”— de donde parte José Manuel Cuéllar en su más reciente libro, La revolución inconclusa, para ayudarnos a dilucidar qué puede significar ahora la R del PRI y cómo se puede entender su marcha en un momento en el cual carece de un discurso que conecte con los “millennials escépticos y recelosos”. Todo a través de la obra de un genio oculto detrás del discurso revolucionario del partido tricolor: Emilio Uranga.

Y es que si algo distinguía al “viejo PRI” era el poder de su discurso y su capacidad para reinventarlo sexenio tras sexenio; sin embargo, con el paso del tiempo este se fue diluyendo y sus artífices fueron desapareciendo también hasta llegar a la coyuntura actual.

“Genio maligno del PRI”

Emilio Uranga González nació en Puebla en 1921. Si bien su padre contaba con una gran simpatía por haber compuesto “Allá en el rancho grande” y “La negra noche”, dos canciones infaltables en el cancionero tradicional mexicano, Uranga hijo no corrió con la misma suerte pese a haber sido considerado una fuerte promesa de la filosofía mexicana.

“Su maestro, José Gaos, un exiliado español, decía que Uranga era la gran oportunidad que tenía México de tener un genio en la filosofía, como solamente se daba en Europa una vez cada siglo”, advierte José Manuel Cuéllar.

A finales de los años cuarenta, Uranga se dio a la tarea de pensar la mexicanidad. Se hizo la misma pregunta que Octavio Paz —al mismo tiempo— en El laberinto de la soledad: ¿qué es ser mexicano? Y la contestó en su libro, Análisis del ser mexicano, dedicado precisamente a Paz.

Hoy, en tiempos en que existe un claro discurso antimexicanista por parte del gobierno estadounidense, sus ideas cobran mucho mayor relevancia. Y para Cuéllar Moreno, Uranga fue quien mejor explicó el ser mexicano: “Respondió que el mexicano, obviamente, es un ser humano. Pero esta obviedad necesita justificación en México, porque a veces nos sentimos seres humanos y ciudadanos de segunda, o inferiores. Entonces, Uranga dice que no tenemos que olvidar la cosa obvia de que nosotros somos seres humanos en pleno. ¿Y esto qué significa? Que somos finitos, vulnerables, precarios, estamos expuestos al azar… y a todo esto le llama ser accidental. Somos accidentes, no somos sustancias poderosas, inmutables. Somos seres históricos, contingentes, menesterosos, estamos continuamente en crisis. Y esto es lo que nos comunica a los mexicanos con el resto de los hombres: la plena conciencia de que el estado normal del mundo y del ser humano es la crisis. Este humanismo mexicano es muy distinto al humanismo imperialista o a otro tipo de humanismo y es el que podemos rescatar para solventar esta crisis de identidad”.

No obstante su trabajo académico y pensamiento filosófico, hablar de Emilio Uranga resulta incómodo para algunos. “Como lo llamo en algún momento en el libro: es una especie de ‘genio maligno del PRI’, que hizo una gran labor teórica tras bastidores”, asevera José Manuel Cuéllar sobre quien fuera asesor de Adolfo López Mateos y de sus sucesores, Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría, labor que creó la fama que hasta hoy le acompaña.

Pero independientemente de su cercanía con aquellos presidentes, hay cosas rescatables sobre el pensamiento de Uranga que ayudan a comprender mucho de lo que actualmente vivimos en la política mexicana.

Tras aquella lapidaria frase de López Mateos sobre un gobierno de “extrema izquierda constitucionalista”, Uranga se instaló en el periodismo para explicar lo que el presidente trató de decir. “Es algo que no se nos debe olvidar a los mexicanos. En otros lados del mundo, la revolución suele ser un movimiento antisistémico, subversivo, que opone al poder; en México, no pasó así. Nuestra revolución de 1910 quedó plasmada en un texto, la Constitución de 1917, y devino en un gobierno, en un Estado. Por lo tanto, en México, Revolución mexicana y Estado son lo mismo y prosperarán o perecerán juntos (…) Este es el gran silogismo que va a fundamentar, a justificar, el gobierno mexicano hasta el 88. Y el presidente, por lo tanto, es el gestor de este patrimonio revolucionario y tiene las riendas de la Revolución mexicana”.

“La conclusión que se desprende de aquí —que es polémica, tenemos que actualizar y que nos debe hacer mucho ruido— es que la verdadera izquierda mexicana solo puede darse dentro del PRI. Es la conclusión a la que llega Emilio Uranga”, asegura el escritor.

La vigencia de Uranga en el siglo XXI

“Algo muy evidente, que salta a la vista, es el bajísimo nivel intelectual de los debates actuales. Hay una pobreza intelectual tremenda”, asegura José Manuel Cuéllar, y así lo hemos vivido desde hace algunos años a la fecha.

“Antes tenías historiadores, filósofos, rodeando las figuras presidenciales. Ahora pareciera que están rodeados de mercadólogos, cineastas, economistas. No es un cambio incidental, sino uno que responde al paso natural del tiempo. Creo que hay un esfuerzo muy deliberado de desprenderse de este discurso, de esta narrativa. Qué curioso y qué paradójico que ahora mismo la figura estelar del PRI se declare no priista. Pareciera que el PRI es el primer interesado en deslindarse de este viejo PRI. El insulto político hoy, por antonomasia, es decir que eres del viejo PRI; pero nadie sabe exactamente que era el viejo PRI, más allá de las acusaciones de brocha gorda”.

¿Qué pasó entonces? “Tenemos que volver a aprender cómo se gestan ideas en México, para debatir con ellas; cómo se dicta un sentido colectivo en nuestro país. ¿Tenemos un proyecto colectivo de nación o estamos dando tumbos y quién sabe a dónde vayamos? (…) A través de Uranga podemos recuperar nuestro pasado inmediato. La comunicación con el pasado está completamente fracturada: a los millennials nos hablan de López Mateos y nos hablan en chino; por lo tanto, no podemos constituirnos como herederos de un proyecto de nación, o sea, no nos sentimos continuadores de nuestros abuelos, y no es así. Necesitamos ser conscientes de que hay una historia y una tradición detrás de nosotros, que no es poca cosa”, apunta José Manuel Cuéllar, quien aboga por una inteligencia mexicana activa que no se recluya en las aulas, sino que ponga su pensamiento al servicio de la circunstancia mexicana.

En 1960, Uranga aseguró que no habría izquierda en México si no salía del PRI. “No va a venir un partido comunista a encumbrarse y a derrotar al PRI, el PRI no va a ser derrocado más que por el PRI”, dijo. Pero hoy, anota José Manuel Cuéllar, la pregunta es otra: “¿cuál es el adentro y afuera del PRI? Porque tienes la paradoja de que la figura estelar del PRI es un no priista; tienes la paradoja de que el PRI ha mutado, ha germinado, en los partidos de oposición, como puede ser Morena; tienes también la paradoja de que el partido tradicional de oposición desde el 39, que es Acción Nacional, ha creado un frente amplio, que resuena mucho a los frentes amplios de Vicente Lombardo Toledano, cuando el Partido Popular se aliaba con el partido oficial para ‘evitar un peligro mayor para México’… Entonces, ya no es tan fácil saber dónde está el adentro y dónde está el afuera del PRI y, por lo tanto, dónde estaría este movimiento de izquierda”.

ssc

 

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Santiago García, embajador mundial del teatro, fallece a los 91 años

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MÉXICO.- El destacado dramaturgo Santiago García, reconocido por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) en 2012, como embajador mundial del teatro y defensor de los grupos más vulnerables de su país natal Colombia, falleció a los 91 años de edad.

Nacido en Bogotá el 20 de diciembre de 1928, el también actor, director teatral y pedagogo, es considerado como uno de los grandes teóricos y maestros del teatro colombiano. Se formó en la escuela de Bellas Artes de París y en el instituto Universitario de Venecia. De regreso a Colombia, comenzó a entrenarse como actor en Bogotá, con el director japonés Seki Sano, en 1956.

De acuerdo con el Ministerio de Cultura de Colombia, Santiago García en 1958 integró el núcleo fundador de El Búho, con el que llevó a la escena la obra A la diestra de Dios Padre, de Enrique Buenaventura. En 1966 fundó, con un grupo de artistas e intelectuales, la Casa de la Cultura, primera etapa de lo que en 1968 fue el Teatro La Candelaria, y fue su director general hasta este 2020.

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Sus obras recrearon episodios de la historia sociopolítica colombiana, enfrentó por medio del lenguaje artístico las manifestaciones de la violencia estructural y las problemáticas de las clases más desposeídas, con un profundo compromiso con la cultura popular y con los procedimientos artísticos.

En este sentido, Santiago García alguna vez declaró: “Nosotros, los hombres y mujeres de teatro colombiano, sabemos que es posible hablar de lo que nos duele y de lo que nos alegra y que también se puede, como en la escena, entender los conflictos. Lo sabemos porque hemos tramitado las divergencias en la creación en recrear la vida y por lo tanto contribuir a transformarla”.

Santiago García recibió otras distinciones como el Premio Ollantay del Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral (CELCIT), el Premio Cultural ALBA de las Letras y las Artes por la obra de toda la vida y varios doctorados honoris causa que reconocieron su arte, ética, humanismo y su condición de intelectual latinoamericano comprometido.

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Pedro Guerra Maccise

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