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El INE, ante su gran cita histórica

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Santiago I. Soriano Condado

El 1 de julio próximo será más que el día en que se realice la elección más grande de la historia del país; esa fecha puede representar para el Instituto Nacional Electoral (INE) un reto mucho más grande de lo que pudiéramos imaginarnos. ¿Cómo hay que afrontarlo?

No es poca cosa: organizar un proceso electoral para poner en juego más de 18 mil cargos públicos, implica más complejidades de las que cualquiera pudiera imaginar.

El desarrollo de la contienda electoral que será, muy posiblemente, la más observada en la todavía joven democracia mexicana, también pone al INE ante la oportunidad histórica de reivindicar pendientes, pero a la vez ante circunstancias que nunca antes habían presentado estos procesos.

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Las claves están por todas partes, pero la pluralidad misma de cómo se desarrollan las campañas en cada una de las regiones que conforman al país arroja casos muy específicos.

Por esto y más, es necesario plantear una cuestión primordial: ¿está listo el INE? ¿No solo para organizar la elección sino también para solventar los escenarios que se presentarán durante y después del Día D?

A continuación, una revisión a fondo de cuáles son los urgentes más próximos y cómo pueden influir en la elección que todos están esperando.

El dinero, ¿de dónde viene y a dónde va?

Fiscalizar. Esa es la palabra que todo mundo ha escuchado o leído cuando se trata de la exigencia para transparentar el origen y el destino de los millones de pesos que las campañas electorales significan.

Pero no es un asunto cualquiera, pues la fiscalización es lo que podría ocasionar nulidad de elección en varios casos… sí, incluso en la presidencial que enfrenta a Andrés Manuel López Obrador, Ricardo Anaya, José Antonio Meade y Jaime Rodríguez Calderón, el Bronco.

Tras la reforma de 2014 se agregaron dos criterios que presentarían ese escenario: que entre el primer y segundo lugar de la votación debe haber cinco por ciento o menos de diferencia; y segundo, que el rebase del tope de campaña esté por encima del cinco por ciento.

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A esto se le suma que los tiempos de fiscalización, actualmente, son más reducidos que antes, lo que significa que ahora tanto partidos como candidatos deben (o al menos se supone) reportar sus gastos en tiempo real. En consecuencia, la autoridad electoral tiene que emitir juicios a la brevedad.

Aunque no lo parezca, el reto no son los tiempos sino las cantidades. El INE es la autoridad que se encarga a nivel nacional de la fiscalización, por lo que debe hacer dictámenes de todos los candidatos y sus campañas tanto a nivel federal y local.

De tal forma, el INE, junto al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), tendrá que homologar criterios porque resultaría imposible revisar caso por caso.

Pero eso no es todo, pues aunque por cada 10 pesos nueve provengan de financiamiento público el peso restante representa otro reto: su origen.

La ley prevé que el 10 por ciento del financiamiento de los candidatos y partidos puede ser de origen privado, por lo cual existe el riesgo de que se simule su licitud, como ya ha ocurrido en otros casos.

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Entonces, el INE deberá observar con lupa el flujo del dinero, además de lidiar con las leyes de fiscalización actuales, las cuales, en más de un criterio, chocan con la realidad de las campañas.

Un ejemplo de esto último es una exigencia que obliga a que los candidatos reporten su agenda de eventos una semana antes de que se realicen, así como los gastos en máximo tres días después de que se hayan realizado… lo cual, en la actualidad, ocurre en muy pocos casos, según el propio INE y sus reportes semanales.

Y, por si fuera poco, el criterio del prorrateo también representa una labor titánica, por el hecho de que las tres coaliciones electorales que están vigentes a nivel federal no se replican en los 30 estados donde habrá elecciones concurrentes.

Eso se suma a que habrá entidades donde participarán partidos locales, por lo que no puede utilizarse un solo criterio para dividir gastos. En pocas palabras: la ruta para saber si hay rebase de topes de campañas es por demás enredada.

De esta manera, se tendrá que determinar, según sea el caso, cuando un evento beneficie a un solo candidato o cuando coincidan varias campañas, ya sean federales o locales, para determinar a quién corresponde cada gasto.

Como afirman María Marván Laborde y Arturo Espinosa Silis, investigadora del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y director de Strategia Electoral, respectivamente, todo “esto resulta en un reto mayúsculo, pues ante la gran cantidad de campañas que se deben fiscalizar y el cortísimo periodo que el INE tiene para ello habrá que ver si se privilegian las faltas de forma, es decir, si se cumplió en tiempo o no con las obligaciones en materia de fiscalización o si se opta por buscar violaciones de fondo como es la procedencia ilícita de recursos y el exceso en el gasto de campaña permitido”.

Credibilidad y certeza, ¿cómo garantizarlas?

Las dudas son inevitables. Sobre todo, cuando el clima electoral del país se polariza cada día más, conforme se acerca el 1 de julio.

Este reto no es nuevo, pero cada día es más complejo solventarlo. Dado el tamaño de esta elección, el desafío principal será que los resultados sean reconocidos por los actores que la protagonizarán.

Hay que decirlo: el INE debe contemplar cómo blindar su credibilidad si surge de nueva cuenta un conflicto poselectoral como el de 2006, especialmente porque, en esta ocasión, el principal promotor de dichas tensiones está nuevamente contendiendo: Andrés Manuel López Obrador.

Ante ese riesgo, uno de los personajes que vivieron aquel episodio en carne propia, Luis Carlos Ugalde, quien fue consejero presidente del entonces IFE, afirmó en declaraciones dadas a El Universal que “dependemos (las autoridades electorales) mucho de quién gana, por cuánto y de muchos otros factores”.

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Esos factores pueden ser los discursos que manejan los candidatos, el papel de los medios de comunicación, así como la forma en que marchan la política interna y la economía del país, siendo estos últimos elementos que influyen directamente en el humor social del electorado.

La suma de todos esos ingredientes es lo que podría colocar al INE ante una posible crisis de credibilidad, justo como la que recién le toca enfrentar con el desarrollo del voto extranjero.

En redes sociales, decenas de mexicanos que residen fuera de nuestro país cuestionaron al instituto por el hecho de que algunas de las guías prepagadas para devolver las boletas están dirigidas a un particular y no al INE.

No obstante, el INE aclaró en sendos boletines informativos que “debido a un error humano involuntario en las áreas operativas del Instituto, se generaron inconsistencias en el archivo para la generación de las guías de envío de los votos de los mexicanos desde el extranjero”, pero se tenían perfectamente ubicados los registros involucrados: “… informa la Dirección Ejecutiva del Registro Federal de Electores, son 44 mil 197: de estos, 26 mil 877 corresponden a ciudadanos registrados en la Ciudad de México; siete mil 689, a Guerrero; dos mil 491, a Hidalgo; mil 801, a Morelos; cuatro mil 489, a Nuevo León, y 850 de Oaxaca”. Además, “el Instituto Nacional Electoral (INE) garantiza que la recepción de los votos de los mexicanos en el exterior únicamente se realiza en la Bodega Central del Instituto, gracias a un procedimiento de controles de seguridad —que incluye lectura de códigos de barras—, mediante el cual se identifican, se separan, se envían por lotes y se custodian por personal de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena)”.

Sin embargo, “el problema es que quienes cuestionan son los partidos y ellos son los principales responsables del deterioro, porque junto con los candidatos son los que infringen la ley, los que han gastado cada vez más dinero, que fondean de forma ilegal sus campañas y los que aprueban leyes para después incumplirlas”, explicó en su momento Ugalde sobre la desconfianza en el INE.

¿Y los resultados?

Desde el año pasado, Lorenzo Córdova hizo un compromiso: la noche del 1 de julio se tendrán los resultados de la elección presidencial tras un conteo rápido que solamente el instituto podría tener.

“Nosotros operamos las casillas, nosotros tenemos gente en todas las casillas y de ahí vamos a compilar una muestra que nadie más puede equiparar”, dijo durante la conferencia “Los retos del INE en 2018”, durante la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

También avisó que si hay un ganador se dará a conocer, pero si hay algún empate “lo vamos a decir y vamos a explicar”.

Por esto advirtió que “quien pierda, no va a perder de una vez y para siempre. Y quien gane, seguramente, el día siguiente va a tener que construirse en mayorías porque así es la sociedad mexicana, así ha votado en los últimos 20 años. No sé si así lo va a seguir votando, a lo mejor sí. Lo que va a hacer en las urnas es, repito, redistribuir el poder político”.

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Pero no conforme con eso, el INE tendrá que enfrentarse, todavía, a las inevitables incidencias durante la jornada electoral, como la compra del voto, el amedrentamiento y la violencia electoral, sobre todo, en focos rojos como Michoacán, Oaxaca, Guerrero, Tamaulipas, solo por enlistar algunos.

Llegar con la encomienda de garantizar un proceso limpio, dada su complejidad, es en sí mismo un reto mayúsculo.

¿Está el INE preparado? Eso lo dirán los hechos, y es una respuesta que puede darse una vez haya transcurrido el 1 de julio.

Lo demás es especulación y, para ser más exactos, buenos deseos.

ssc

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López Obrador, 100 días ejerciendo el poder: el balance inevitable

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Foto: Cuartoscuro.

México vive un periodo de transformación y quien diga lo contrario, simplemente está cerrando los ojos ante lo evidente o es ciego. Se cumplió el centenar y con él, llega el primer corte de caja, el que marca rumbo y se toma como punto de referencia para cuestionar los qué, cómo y por qué, aunque para esta última pregunta siempre se obtendrá la misma respuesta: por el renacer de la República, claro, siempre y cuando se le pregunte al presidente o sus allegados. En Reporte Nivel Uno decidimos preguntarle a la oposición, la academia y a Morena para definir los primeros 100 de Andrés Manuel López Obrador como Presidente de México. La respuesta más importante, desde luego, la tiene el pueblo, ni bueno ni malo, sino el que se puede describir bajo un mismo adjetivo: el mexicano, si es que en esa totalidad hay un punto de equilibrio posible.

| Santiago I. Soriano Condado

Movimiento. Claroscuros. Mediático. Intenso. Un poco de todo. Exitosos. Estos y muchos calificativos más podrían utilizarse para describir los primeros 100 días de gobierno de Andrés Manuel López Obrador, siendo cada uno de ellos un reflejo inequívoco de la perspectiva de quien lo emite.

Pero la visión popular tiene uno que podría considerarse la voz de la mayoría (al menos según varias encuestas): positivo. El balance de los mexicanos respecto a la recta inicial del mandato del tabasqueño se refleja en el histórico respaldo que tiene: 8 de cada 10 (Encuesta El Universal, publicada el 11 de marzo de 2019) lo respaldan y están satisfechos, hasta ahora, con su labor en la máxima magistratura del país.

El bono democrático más que intacto, se ha fortalecido desde el 1 el primero de julio, en un comienzo, y luego el 1 de diciembre de 2018. López Obrador lo sabe y así lo demuestra el devenir diario cuya voz se escucha desde las primeras horas de cada día laboral en México.

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100 días, es cierto, son muy poco tiempo para evaluar o formar un criterio concreto respecto a un gobierno que recién se puso en marcha, pero dadas las expectativas del país (según el ejercicio de El Universal anteriormente citado, al menos un 62 por ciento de los mexicanos tiene gran confianza en que López Obrador cumplirá sus compromisos de campaña), cada día cuenta, especialmente cuando se prometió que en seis años se hará lo que en 12 podría hacerse.

La voluntad existe, al menos en las horas de trabajo que el mandatario invierte en su labor: de lunes a domingo con más de 12 horas por día. Entre semana, iniciando la jornada (según sus propias palabras) desde las 4:30 de la mañana para a las 6 estar en Palacio Nacional y reunirse con su gabinete; luego de ello debe salir a ofrecer una conferencia de prensa que en promedio dura de 80 a 90 minutos. Desde temprano el presidente está en la agenda mediática donde de por sí tiene un lugar garantizado desde hace ya casi dos décadas.

Pero más allá del balance de otros, el del propio López Obrador es aún mesurado y con reconocimiento de puntos flacos en el comienzo de su gestión.

Ante su esposa e hijos, el gabinete completo, los gobernadores del país y figuras del sector empresarial mexicano de la talla de Carlos Slim, Andrés Manuel López puso como mayor logro de su gestión los ahorros que se han logrado por la austeridad republicana, así como el combate a la corrupción que incluso antes de tomar posesión desde el Congreso se comenzaron a materializar. Esto le ha permitido emprender los programas sociales que ahora ya comenzaron a entregarse a millones de mexicanos.

Ante la seguidilla de reducciones de la expectativa de crecimiento económico durante su primer año, ya sea por parte de organizaciones como la OCDE o el propio Banco de México (Banxico), el presidente lanzó un dardo que seguramente también pretendía dar tranquilidad a los mercados internacionales: no hay “ni asomo” de una recesión en el país y, de paso, cuándo si no, también despachó a sus detractores, asegurando que se “quedarán con las ganas” de verlo fracasar en ese rubro.

La oferta de que el PIB nacional crecerá al 4 por ciento anual sigue en pie y además, reiteró que acepta el reto de que así sea a pesar de que en estos momentos, eso luce como algo lejano cuya complejidad va más allá de su incuestionable voluntad.

Sin embargo, López Obrador también identifica dos pendientes a los cuales ofreció solución sin dar un plazo exacto para ello: la violencia y el alza de los energéticos, especialmente las gasolinas y la electricidad.

Respecto a los altos índices de inseguridad que se han presentado durante el primer trimestre de su mandato, aceptó dicha realidad, pero ofreció la tan ansiada paz a través de la Guardia Nacional que prácticamente es ya una realidad a falta de su promulgación.

Sobre los combustibles y la energía eléctrica, también admitió su incremento y dijo que esto ha sido porque los mecanismos para controlar sus precios han tardado en implementarse.

Pero ¿qué dicen en Morena? ¿Cuál es la sensación de la oposición que encarnan el PAN, PRI y aliados? ¿Y la academia del país?

A continuación, una serie de entrevistas que dan luces sobre el balance de estos primeros

100 días, de un rumbo que ya ha comenzado a tomar forma y cuyo destino aún está escribiéndose.

Los PRIMEROS 100 DÍAS de López Obrador: ¿han sido BUENOS o MALOS?

Ya pasaron 100 días desde que Andrés Manuel López Obrador asumió LA PRESIDENCIA DE MÉXICO y por eso es necesario hacer un balance. La pregunta es la misma: ¿HAN SIDO BUENOS o MALOS estos primeros 100 días de AMLO?

Posted by Reporte Nivel Uno on Monday, March 11, 2019

ssc

 

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