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El próximo 1 de julio se celebrarán los comicios más grandes en la historia de México. Se elegirá al próximo presidente de la República y tres mil 400 cargos más. No obstante, esta elección no solo se ha distinguido por su tamaño sino también por la violencia entorno a ella. En lo que va del proceso se han registrado 305 agresiones; entre ellas, 94 asesinatos de candidatos y autoridades.

Aunado a esto, por lo menos mil candidatos han renunciado a la contienda, debido al temor por la acción de grupos delincuenciales en su contra: se trata de 341 candidatos federales y 660 contendientes por cargos municipales y diputaciones locales.

La violencia electoral representa un retroceso en la democracia que México pretende construir. La incapacidad de las autoridades, tanto federales como estatales, ha sido evidente. La crisis de inseguridad que priva al país entero se hace manifiesta en un sector de la población que otrora se antojaba más protegido.

Las autoridades han sido incapaces de atender los reclamos de la ciudadanía en materia de seguridad y ello ha generado que las campañas también estén manchadas de sangre.

¿Está preparado el Estado para garantizar la seguridad de los votantes el 1 de julio? Lo peor que pudiera suceder ese día es convertir una fiesta democrática en un desastre nacional.

En este nueva edición de Reporte Nivel Uno abordamos el tema de la violencia electoral y, además, hacemos un balance de cómo llega el Instituto Nacional Electoral a los comicios. Deseamos, como siempre, amable lector, que lea, sopese y tome decisiones informadas.

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Esta es la edición que antecede al 1 de julio. Con anterioridad, en estas mismas páginas, hemos ofrecido a nuestros lectores información que, de un modo u otro, impulsa a tomar una decisión razonada.

A unos días de celebrarse la elección presidencial, prácticamente, toda la información que circula, tanto en redes sociales como en los medios de comunicación tradicionales, gira entorno a que “este arroz ya se coció”.

Hay indicios de que el candidato de la coalición Juntos Haremos Historia, Andrés Manuel López Obrador (AMLO), ganará la Presidencia de la República. La mayoría de las encuestas le dan al tabasqueño una amplísima ventaja, aparentemente irremontable para sus adversarios. Los números son irrefutables, dicen.

Aunado a ello, hemos visto a algunos sectores congraciarse con López Obrador. Aquellos empresarios que se enfrascaron en una pelea de declaraciones con el candidato, hoy divulgan que la relación entre ellos es de lo más tersa.

Sí, hay señales que indican que AMLO tiene allanado el camino hacia Palacio Nacional, y no existe fuerza política que le detenga.

Si bien existen números que permiten pensar en la victoria de Andrés Manuel, es justo también precisar que del dicho al hecho hay un enorme trecho; y será el 1 de julio la fecha en la que, de una vez por todas, se sabrá quien presidirá el Poder Ejecutivo de este país.

Pero, gane quien gane, debe persistir un ambiente de unidad, México lo necesita. De ahí que salten varias dudas. ¿Todos los candidatos estarían dispuestos a aceptar la derrota? De perder, ¿quién de los cuatro estaría dispuesto a formar parte de un gobierno de coalición encabezado por alguno de sus contendientes? De ganar, ¿el próximo presidente estaría dispuesto a impulsar un diálogo con el resto de los partidos?

Pensar que una sola persona puede cambiar a todo un país es ingenuo. No nos confundamos.

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