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Un mexicano me dijo…

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En Veracruz andan nerviosos por el crecimiento del morenista Cuitláhuac García, quien aspira a ser el próximo gobernador de la entidad. Nos cuentan que el gobierno del estado emprendió acciones penales contra la exesposa de Javier Duarte, Karime Macías, a quien acusan del desvío de 112 millones de pesos; no obstante, dicen, la orden de arresto contra la ex primera dama veracruzana solo es una “llamarada de petate”, porque la susodicha ni siquiera era la responsable de realizar las contrataciones en el DIF estatal. La intención es congraciarse con la ciudadanía en el marco electoral.

Militantes del PRI, de esos de cepa pura, andan enchilados con el equipo de campaña de José Antonio Meade porque en vez de avanzar retroceden. Algunos de ellos dijeron a este charro que al inicio de las campañas las encuestas le daban al exsecretario 30 puntos en las encuestas y hoy tiene una preferencia electoral de solo 24 por ciento. Acusan una mala estrategia y de perder el tiempo. Estos mismos priistas pidieron seguir insistiendo en los medios sobre el caso Nestora Salgado.

¿Alguien más ha notado que la campaña de Ricardo Anaya ha bajado en intensidad? Fuentes cercanas al aspirante del Frente niegan algunas versiones periodísticas que apuntan a un eventual pacto con el PRI. Refieren que prueba de ello son las constantes menciones que hace sobre el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto. Sobre Margarita Zavala, nos cuentan que siguen negociando con la excandidata independiente para que se incline hacia Anaya; y, a pesar de que ella desea apoyar, quien se manifiesta en contra es su esposo, el expresidente Felipe Calderón Hinojosa.

Andrés Manuel López Obrador busca darle la vuelta a la polémica de Nestora Salgado. Nos cuentan que el morenista ha pedido a su equipo buscar salidas al discurso de José Antonio Meade. La estrategia, nos dicen, es involucrar cada vez más a la esposa del tabasqueño. Hace algunos días, Beatriz Gutiérrez tomo el micrófono en uno de los mítines de Obrador y explicó cómo llevaría el tema de la figura de primera dama en caso de que su esposo llegue a la Presidencia de la República.

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La paciencia no se estira como un chicle

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Jorge Albarrán, 72 KB, Paciencia
Reporte Nivel Uno

                                                                                                                                                                                                                                                                                               “La tortuguita se fue a pasear”

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                           J. Revueltas

Una maraña de entidades abstractas que parecen diluirse en los espacios comunes, que pese a su aparente insignificancia, significan y se cuelan entre silencios cómplices, miradas punzantes y el ensordecedor alarido de los murmullos denigrantes.

Pero cuando estos estadios de la misoginia, terribles en sí mismos, se materializan en las más repulsivas formas de violencia y muerte, se hace evidente la necesidad de replantear el concepto contemporáneo de masculinidad para emprender la búsqueda de una co-construcción.

La lucha por la equidad no es exclusiva de las mujeres, los hombres también estamos inmersos en las dinámicas que nos han hecho creer que solo existe una forma de ser hombres, un mismo discurso hegemónico donde la masculinidad es acotada por el temor de ser excluidos de la categoría dominante, de entrar en el deshonroso terreno de lo femenino y ser considerados maricas.

Por eso, cuando este miedo se extiende, encontramos que la forma más sencilla de legitimarnos como machos es a través de una actitud donde la mujer se vuelve inferior. ¿Por qué?, porque los hombres “somos sujetos construidos sobre la negación con el otro cuerpo, somos la oposición a la Otredad”.

Simone de Beauvoir lo señaló: la mujer es lo Otro. El varón la condenó a volverse esclava o ídolo, pero siempre al servicio de sus intereses, proyectos o necesidades; incluso cuando se le atribuyeron cualidades divinas, estas parecen responder más a sus propios temores.

A la mujer se le negó la posibilidad de elegir su propia suerte. Es esta cualidad de descalificar lo Otro, de conferir a la mujer la categoría de segundo sexo, lo que ha limitado su participación en los procesos históricos, es decir, no es casualidad que a partir de la apertura que comienza a gestarse en 1869 con el Congreso Internacional de los Derechos de la Mujer, hayan comenzado a figurar agentes históricos femeninos.

De Madame Curie a Leonora Carrington demuestran que “no es la inferioridad de las mujeres lo que ha determinado su insignificancia histórica, sino que ha sido su insignificancia histórica lo que las ha destinado a la inferioridad.”

Es esta suerte de deuda histórica la que debe obligar a los varones a repensar los roles de género asignados, después de todo, en muy pocos escenarios se puede encarnar con mayor claridad y ferocidad la dialéctica hegeliana del amo y el esclavo.

La esclavitud femenina es la propia condena del varón. Judith Butler señala que a todos los sujetos les son impuestas las cualidades, esperanzas y modos en cómo han de enfrentar la vida, en base a si poseen o no un pene.

Desde el momento en que los padres descubren que su hijo es niño, la habitación se pinta de azul, se llena de cochecitos, se le compra la playera del equipo de futbol del padre y se omite por completo cualquier otra categoría que no responda al dogma común, por lo tanto se vuelve absurdo o incluso de mal gusto el siquiera pensar en darle a un varón recién nacido unas medias y unas zapatillas de ballet.

En este mismo sentido la autora plantea la necesidad de corromper a la juventud y NO, no plantea un mundo donde todas las niñas orinen de pie y los niños usen faldas rosas, sino un entorno donde se asimile la importancia del contexto para el desarrollo y la construcción de los individuos.

Sobre todo, ahora que la violencia de género se recrudece, es vital ampliar el espectro de lo que significa ser hombre y retomar estas formas marginales de masculinidad, las que viven en la sombra, ignoradas y carentes de legitimación social; porque solo a partir de ello la mujer podrá dejar de ser considerada una Otredad, la parte dominada o el objeto con fines de placer sexual.

Se debe combatir la masculinidad hegemónica que nos incita a ser mujeriegos, brabucones orgullosos de la virilidad y las conquistas sexuales, pues esta misma imposición es la que nos vedó la capacidad de llorar, de ser sensibles, cariñosos, de ser más humanos y en cambio nos aterró con el miedo a ser excluidos, el terror de ser llamados maricas.

Y no se trata de ser afeminados, sino de desarrollar “ese aspecto de la masculinidad que ancestralmente parece que tuvimos los seres humanos y que por esta revolución del patriarcado se instaló como una negación para los varones”.

Se trata de luchar, de debatirlo, de hacer visibles nuevas formas de ser hombres más humanos; dejar de ser los cobardes que se refugian en la comodidad de lo estipulado por la norma, abrazar nuestra diferencia y defenderla, de levantar los ánimos si es necesario, porque, ¿adivinen qué?… La paciencia no se estira como un chicle.

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