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“No los traicionaré”: AMLO, Presidente 2018–2024

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Andrés Manuel López Obrador (AMLO) logró lo que ningún otro político mexicano en la historia contemporánea del país: ganar, por fin, con un incontestable margen de diferencia en las elecciones para ocupar la Presidencia de la República, lo cual generó entre sus simpatizantes un ánimo inusitado. “No mentir, no robar y no traicionar”, dice, serán los ejes de su gobierno. ¿Qué viene ahora para México?

| Santiago I. Soriano Condado

A las 20 horas del domingo 1 de julio comenzó el cataclismo político más grande en la todavía breve historia del siglo XXI en México.

Apenas acababa el mensaje de Lorenzo Córdova, consejero presidente del Instituto Nacional Electoral (INE), con motivo del cierre de las casillas electorales en todo México, cuando los medios de comunicación comenzaron a divulgar sus encuestas de salida con los resultados preliminares de la elección presidencial.

Todos coincidían: aplastante victoria de Andrés Manuel López Obrador. Pero el espasmo no se acentuó por eso, sino por las reacciones que, en solamente media hora, tomaron forma.

A las 20:09 horas, el candidato del PRI, José Antonio Meade, ofreció un mensaje que, probablemente, lo pintó de cuerpo entero como persona y político, pues visiblemente desencajado y con las emociones a punto de rebasarlo reconoció que había perdido la elección.

Pero no conforme con ello, fue el primero en reconocer el triunfo del tabasqueño, de desearle éxito, no sin antes agradecerle a su esposa, Juana Cuevas, el haberle acompañado en su candidatura presidencial.

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El mensaje rápidamente se esparció y lo que durante muchos años formó parte del imaginario de muchos como algo inalcanzable o imposible, comenzó a ser más real que nunca. López Obrador había ganado la elección presidencial, sin resistencia por parte del sistema que se supone ha combatido siempre.

Poco después, Jaime Rodríguez Calderón, el Bronco, admitió que no tenía números para pensar en una victoria; lo cual, evidentemente, se supo siempre. También le levantó el brazo a AMLO, para luego decirle que desde el gobierno de Nuevo León cooperará con él. Eran las 20:30 horas.

Por unos minutos, la pregunta se mantuvo en el aire: ¿Ricardo Anaya haría lo mismo que los otros candidatos o seguiría aferrado al segundo lugar que siempre ostentó? La respuesta vino pronto. 20:39 horas: el panista aceptaba la derrota y deseaba éxito al nuevo gobierno encabezado por el morenista.

Antes, Anaya recordó que fue víctima de una elección de Estado y advirtió que apoyaría a López Obrador en las coincidencias que tuvieran, pero adelantó férrea oposición en aquello que no.

Treinta minutos. Eso fue lo que tardó en confirmarse, extraoficialmente, la victoria. Faltaban dos horas y media para que Córdova apareciera de nuevo en cadena nacional para dar a conocer las tendencias oficiales del Conteo Rápido, pero, en las calles, los seguidores de Andrés ya estaban festejando.

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Los análisis comenzaron a fluir. Las televisoras hablaban ya del “presidente electo López Obrador” y del nuevo gobierno. El Zócalo de la Ciudad de México se preparaba para un festejo multitudinario.

Paralelo a esto, el presidente Enrique Peña Nieto convocaba a una reunión urgente con su gabinete en Los Pinos, probablemente para evaluar la inminente transición de gobierno.

23 horas: Lorenzo Córdova confirmaba los números: Andrés Manuel aventajaba en los conteos preliminares, con más de 30 puntos, a su más cercano competidor, Ricardo Anaya, mientras que Meade no pudo rebasar siquiera el umbral del 20 por ciento.

Inmediatamente después de este, Peña Nieto lanzó su mensaje, el único que faltaba para que fuera inevitable: avaló y reconoció el triunfo de López Obrador. La fiesta era, ahora sí, totalmente justificada.

Pero venía entonces el mensaje que todos querían escuchar: el del próximo presidente de México.

“No los voy a traicionar”

El primer discurso fue en el Hotel Hilton. Desde ahí, Andrés Manuel, sabedor de que Morena había arrasado en prácticamente todo el país, que había vencido con facilidad a sus rivales, que tendrá mayoría en el Congreso y que ganó cinco de las gubernaturas, no se entregó al triunfalismo.

Su primer discurso como próximo gobernante de México fue concertador y convocó a la reconciliación de la sociedad, además de definir los puntos que podrían haber provocado incertidumbre en los mercados.

“El nuevo proyecto de nación buscará establecer una auténtica democracia. No apostamos a construir una dictadura abierta ni encubierta”, recalcó desde un principio.

Habló también de autonomía para el Banco de México, pues “el nuevo gobierno mantendrá disciplina financiera y fiscal; se reconocerán los compromisos contraídos con empresas y bancos nacionales y extranjeros”.

También hizo una advertencia que probablemente responde a las sospechas de todos los personajes que le rodean y a quienes pusieron en duda con su presencia la predilección de AMLO por la honestidad.

“Bajo ninguna circunstancia, el próximo presidente de la República permitirá la corrupción ni la impunidad. Sobre aviso no hay engaño: sea quien sea, será castigado. Incluyo a compañeros de lucha, funcionarios, amigos y familiares. Un buen juez, por la casa empieza”, avisó.

Entonces, vino el acuerdo al que se obligaba, parecido más bien a una promesa: “Reitero el compromiso de no traicionar la confianza que han depositado en mí millones de mexicanos. Voy a gobernar con rectitud y justicia. No les fallaré, porque mantengo ideales y principios, que es lo que estimo más importante en mi vida”.

Así fue el primer discurso de Andrés Manuel López Obrador, ya con el triunfo en la bolsa.

Las primeras promesas

Luego de su primer mensaje se trasladó al Zócalo de la Ciudad de México. En el camino se replicaron las imágenes de gente vitoreándolo, ondeando banderas y festejando su inevitable ascenso; el ambiente derrochaba alegría.

Andrés Manuel llegó al templete en el mismo lugar en el que agradeció que la gente lo defendiera por el desafuero cuando era jefe de Gobierno de la capital en 2005. Ahí mismo cerró su primera campaña presidencial, la que perdió por 0.56 por ciento de diferencia contra Felipe Calderón, en 2006. Ahí lanzó su resistencia civil contra la Reforma Energética, en 2013, tras haber perdido la oportunidad de habitar Los Pinos ante Enrique Peña Nieto.

Finalmente, regresaba como virtual presidente electo y desde ahí, ante una multitud llena de expectativas se dirigió a ellos para recordarles sus tres preceptos básicos: no mentir, no robar y no traicionar.

Menos moderado, mas no radical, López Obrador concedió a las personas la oportunidad de entusiasmarse con las promesas de campaña que ahora se ven más posibles tras haber vencido en las urnas.

“Desde el primer día, les digo, va a aumentar la pensión a los adultos mayores al doble a los que viven en los estados de la República. Y se va a garantizar que esa pensión sea universal, y que la reciban también los pensionados y pensionadas del ISSSTE y del Seguro Social”, avisó para deleite de los presentes.

También advirtió que “desde el primer día de gobierno todos los discapacitados pobres van a tener una pensión igual que la de los adultos mayores. Y desde los primeros días del próximo gobierno democrático se va a garantizar a todos los jóvenes de México el derecho al estudio y el derecho al trabajo”.

El equipo de transición

Ahí mismo anunció el equipo de transición que trabajará con la administración de Peña Nieto para la entrega-recepción del gobierno mexicano.

Para atender la materia económica, el encargado por AMLO será su futuro secretario de Hacienda, Carlos Urzúa, junto al próximo coordinador de la oficina de la Presidencia, Alfonso Romo, quien jugó durante toda la campaña como el gran enlace con el sector empresarial y en buena parte responsable de que las asperezas con este gremio no fueran causales de divorcio.

“En el caso de la atención de los asuntos internacionales, ya va a empezar a trabajar en la transición Héctor Vasconcelos y Marcelo Ebrard”, explicó el futuro mandatario de la nación.

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Mientras que los asuntos políticos internos estarán a cargo de su secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, y Tatiana Clouthier, su coordinadora general de campaña.

Finalmente, avisó que el encargado para medios de comunicación “va a seguir siendo quien me ha ayudado mucho: César Yáñez”.

“Amor con amor se paga”

El 1 de julio era cosa del pasado. Ya era el día siguiente y López Obrador cerraba su discurso en la plaza pública más importante del país.

“Ya no tengo nada más que decirles. Solo así abrazarles mucho. Que el amor, con amor se paga. Y que, así como ustedes me quieren, yo los quiero a ustedes, y un poquito más todavía. Y no les voy a fallar. Vamos a aplicar los tres principios básicos: no mentir, no robar y no traicionar al pueblo”, remató.

Trump, ansioso de trabajar con él

En medio de la algarabía, en Twitter —¿dónde si no?—, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, hacía acuse de recibo del triunfo del izquierdista.

Lo felicitó y al día siguiente lo llamó, en lo que se puede entender como la antesala de lo que su asesor de seguridad nacional, John Bolton, advirtió la víspera de la elección presidencial mexicana.

Bolton dijo en declaraciones a medios internacionales que si López Obrador lograba el triunfo su relación con Trump podría ser de “resultados sorprendentes”.

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Pero el asesor estadounidense advertía que “a algunas personas les puede sorprender (el triunfo de AMLO), y creo que Trump seguirá el mismo proceso que ha usado con otros líderes extranjeros que quieren reunirse con él: sentarse y hablar de distintas cosas”.

Entonces, avisó: “vamos a dejar algunas cosas hechas durante la transición y creo que en este tipo de contextos hacer que los dos líderes se reúnan puede producir algunos resultados sorprendentes”.

Quien también se refirió a la futura relación fue la exembajadora de EUA en México, Roberta Jacobson, quien resaltó que en charlas previas con López Obrador y su equipo estos le hablaron sobre la importancia que le dan a su relación con Trump y que esta sea positiva.

“Esto no significa que la relación vaya a ser más fácil que con el gobierno mexicano actual. Creo que hay una serie de temas en los que va a ser difícil, quizá más difícil, pero él se ha esforzado en garantizar a la gente que se toma esta relación en serio, que no cree que tenga que rebajarse hasta los insultos”, sentenció la diplomática.

El reconocimiento internacional

Pero el mundo no es solamente Estados Unidos. En todas la regiones hubo reacciones por la victoria lopezobradorista, y, uno a uno, fueron presentándose en redes sociales.

Desde Justin Trudeau, de Canadá, pasando por Nicolás Maduro, desde Venezuela, hasta Emmanuel Macron de Francia.

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Unos más institucionales que otros y algunos, incluso, hablando de un renacimiento de un liderazgo latinoamericano, países como El Salvador, Guatemala, Brasil, Colombia y más recibieron el ascenso presidencial de Andrés Manuel, quien en uno de sus discursos agradeció el gesto.

Pareciera que, más allá de ser un fenómeno nacional, el tabasqueño está en la antesala de convertirse en un líder regional.

¿Qué sigue?

La pregunta que muchos se han hecho ahora es esta, pues luego de la algarabía del triunfo toca comenzar a preparar el nuevo gobierno.

De acuerdo con Andrés Manuel, sigue convocar a todos los sectores del país para empezar a trazar las líneas de ruta rumbo al 1 de diciembre, cuando tomará posesión del cargo y recibirá la banda presidencial por parte de Enrique Peña Nieto.

Pero también sigue una nueva gira nacional, igual a la que hizo como candidato presidencial en tres ocasiones previas, aunque esta vez como próximo presidente.

Así, pues, la legitimidad de López Obrador será tal vez la más alta para iniciar un gobierno en lo que va de nuestro siglo, pero justo ahí radicará el rumbo que tomarán sus seis años al frente del país.

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Dada la contundencia de su victoria como líder y principal activo del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), ahí radica tal vez su principal debilidad en su deseo de no traicionar ni fallar a quienes creyeron en él y así lo manifestaron en las boletas electorales: tendrá el control de prácticamente todo.

Morena será mayoría en el Congreso. Difícilmente alguna iniciativa o reforma de López Obrador no se hará realidad, así que la falta de disposición legislativa no será un pretexto para alcanzar alguna política.

La construcción de Morena como partido político llevó apenas cuatro años, por lo que su ascenso amarrado a la figura de Andrés puede ser contraproducente alguna vez.

Hoy, lo único seguro es que sigue una nueva era, no por los resultados sino por las configuraciones políticas que México experimentará en los años venideros.

Su ambición legítima, como él mismo lo dice, es ser un buen presidente en la historia del país, y ya está ahí, en el punto de partida hacia dicha meta.

Con la promesa de no quedarle mal a quienes lo impulsaron hasta Palacio Nacional, Andrés es ya el elegido. Por fin.

ssc

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Salud: el otro gran reto de López Obrador

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En tiempos de algidez por el debate que provocan los hidrocarburos en México, pocos se han puesto a revisar lo ambicioso del plan de salud que presentó el presidente López Obrador; no es poca cosa pues, entre lo mucho que hay que mejorar, prometió que el sistema de salud nacional será, en dos años, equiparable con el de Canadá.

| Santiago I. Soriano Condado

El reto es mayúsculo y el propio presidente así lo ha calificado. No obstante, la vara que se ha puesto es hacer de México un país a la altura de Canadá en cuestiones de salud.

De acuerdo con un ranking realizado por investigadores de la Universidad John Hopkins, son tres los países que, basándose en los promedios de la OCDE, más gastan pér cápita en dar salud a sus habitantes.

El estudio presentó que, para 2016, los Estados Unidos (el número 1 de la lista) gastaron 9 mil 892 dólares por cada uno de sus habitantes para solventar su salud; en segundo sitio aparece Suiza con 8 mil 72 dólares y en tercer puesto está la ambición de Andrés Manuel López Obrador: Canadá, con un gasto de 3 mil 590 dólares, es decir poco menos de 70 mil pesos.

Hablando de presupuesto, esto equivale a desembolsar 8 billones 959 mil 959 millones 999 mil pesos para darle salud gratuita a 129 millones de mexicano, es decir un 35 por ciento del PIB actual de México, que es de 1.3 billones de dólares (más de 25 billones de pesos).

La realidad es que, desde 2013, el presupuesto destinado a la salud en México ha ido disminuyendo de acuerdo con datos del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria del país; para este 2019, el presupuesto de AMLO contempla destinar 2.48 por ciento del PIB a dicho rubro.

En 2013 se destinó 2.86 por ciento del PIB para tal fin; en 2016 la cifra cayó al 2.67 por ciento y en 2018 se disminuyó al 2.5 por ciento; en 2019 la tendencia se ha mantenido. Canadá dedica el 11.3 por ciento de su PIB (más grande, es cierto, que el de México), a otorgarle salud a sus ciudadanos.

Hablando del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), uno de los puntos medulares de la Seguridad Social -y el plan del presidente López Obrador-, en 2018 su presupuesto destinó 4 mil 290 pesos por usuario, mientras que para 2019 serán 4 mil 16 pesos.

Al menos en los números, muy lejos de lo que se invierte en Canadá, lo cual obedecería con la consigna repetida en varias ocasiones por el mandatario: hacer más con menos. Mucho menos.

“Bienestar para toda la vida”

Así se llama el plan que presentó el presidente desde Morelia, Michoacán, donde se establecieron ya las oficinas centrales  del IMSS.

EN VIVO: AMLO inaugura oficinas del IMSS en Morelia

#AHORA | El presidente AMLO presenta el #PlanIMSS desde Morelia, Michoacán.

Posted by Reporte Nivel Uno on Thursday, January 3, 2019

Los desafíos, dijo, se centran en términos de cobertura, calidad y educación de la salud; cada uno de ellos se extiende en seis objetivos prioritarios:

  1. Extender la cobertura del Instituto Mexicano del Seguro Social haciéndolo incluyente para que todas las personas accedan a sistemas contributivos.
  2. Incrementar la educación y fomentar la prevención de la salud e integrar las operaciones del IMSS con otras entidades públicas encargadas de la salud pública
  3. Incrementar el número de unidades de prevención, atención y hospitalización, especialmente en regiones marginadas
  4. Fomentar la transparencia de los recursos destinados a la salud pública y hacer uso eficiente de ellos
  5. Mejorar la calidad, seguridad y efectividad del sistema integral de salud pública
  6. Generar mecanismos de interacción del IMSS con otros sectores o instituciones públicas que promuevan la cultura y educación para la salud

Independientemente de estos puntos, de acuerdo con el Estudio Diagnóstico del Derecho a la Salud que realizó el Consejo Nacional para la Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), los retos más importantes de la salud en México son cuatro.

  1. Mejorar la accesibilidad física y económica de los servicios de salud
  2. Aumentar la infraestructura en instituciones de salud, en especial en regiones rurales
  3. Fomentar la educación para la salud
  4. Mejorar la calidad y efectividad de los servicios médicos

El propio López Obrador adelantó que el nuevo Sistema de Salud Pública arrancará primero en ocho estados del sureste: Guerrero, Oaxaca, Veracruz, Tabasco, Chiapas, Campeche, Yucatán y Quintana Roo.

Se va a suscribir un convenio con los estados para que la federación se haga cargo del sistema de salud, esto significa que se utilizará un fondo especial de salud para incrementar recursos y nada más en estos estados es por alrededor de 25 mil millones de pesos con el objetivo de que haya médicos, que la atención médica sea gratuita y se entreguen medicamentos también de manera gratuita y que no falten”  

-Andrés Manuel López Obrador

También aseguró que “hay un presupuesto de alrededor de 90 mil millones de pesos para la compra de medicinas, de equipos, y sin embargo, no hay medicamentos en los centros de salud, en los hospitales. Es gravísimo lo que está sucediendo. No hay atención a la gente. Por eso, con urgencia, vamos a rescatar el sistema de salud a nivel nacional”.

Así, cada seis meses, ocho estados se incorporarán hasta finalizar en dos años con el arranque total del nuevo sistema de salud nacional.

El acceso y el dinero

Cifras del Coneval indican que en México, aproximadamente, unos cinco millones de personas tienen un nivel muy bajo o inexistente de acceso a salud pública, consecuencia de que viven en comunidades aisladas o que están cerca de carreteras.

A esto se suma que dos de cada 100 mexicanos tendrían que invertir hasta más de dos horas en llegar al hospital más cercano en caso de tener alguna emergencia; esto contrasta con los 35 minutos de promedio nacional que tardaría cualquier otro en llegar a alguna institución pública de salud.

Sin embargo, si hablamos de hospitales el tiempo promedio se eleva considerablemente: hasta 53 minutos. Pero si se trata de una consulta médica con algún doctor de farmacia el tiempo es de 22 minutos para llegar a cualquiera.

Pero sin lugar a dudas, otro de los grandes obstáculos para que el sector se desarrolle cabalmente es lo ineficiente que el sistema se ha vuelto para hacer que los recursos sean útiles.

En 2016, las familias mexicanas gastaron más del 40 por ciento de sus recursos en atender su salud; es decir que 4 de 10 pesos que se gastaron en dicho rubro ya sea por servicios o productos, provino del dinero de los mexicanos y no de las instituciones públicas.

Hasta el día de hoy, México invierte menos recursos para la salud que países como Chile, Letonia, Turquía, Corea del Sur, Israel, Polonia, Lituania y Estonia.

Los recursos físicos y humanos

Nuevamente las zonas rurales de México son el gran desafío. Es ahí donde mayor complejidad representa el tema de infraestructura y servicios, pues un 97.7 por ciento de los hospitales están asentados en espacios urbanos, lo que hace que dichas regiones concentren apenas un cinco por ciento de centros para hospitalización.

Asimismo, en suma, unidades del IMSS y del Seguro Popular representan el 24.6 por ciento del total de unidades, pues el resto son instituciones privadas. Ese pequeño porcentaje da atención a 99 millones de personas, según el Coneval.

Hablando de nivel de camas de hospital, por cada mil habitantes de todos los países que conforman la OCDE, México se encuentra solamente por debajo de la India: 1.5 camas por cada mil mexicanos.

A todo esto se suma que los hospitales carecen a veces de lo elemental… y de recursos humanos. Los datos son duros: en México hay 0.88 médicos generales por cada mil mexicanos; si se habla de especialistas la tasa es aún menor: 0.71 por cada mil.

Los tiempos de espera y la calidad

Para conocer qué tan seguro es que los pacientes sean atendidos, un indicador de gran relevancia es el tiempo de espera en las salas de urgencia.

Hasta 2017, el promedio a nivel nacional que un paciente tarda en ser atendido es de 30 minutos. Aunque si hablamos solamente de esperar en el IMSS, este sube hasta 51 minutos, de acuerdo con el Coneval.

Un indicador más de la calidad son los casos de negligencia médica que se identifican en el sector público.

Por ejemplo, sobre tasas de mortalidad en México tras algún evento cerebrovascular, estas reflejan que podría darse insuficiente atención de seguimiento para los pacientes. Por cada 100 hospitalizados, se dieron 19.2 muertes.

Sobre la tasa de mortalidad tras 30 días de haber padecido un infarto agudo al miocardio, la tasa más alta entre los países de la OCDE fue la de México, con 28.2 muertes por cada 100 hospitalizaciones.

La educación también es un asunto que necesita pronta atención, pues el impacto de las campañas de prevención para la salud han sido poco efectivas, especialmente si se habla de promover una alimentación sana y la activación física.

México es un país con sobrepeso y obesidad, factores que impactan directamente en el desarrollo de diabetes, enfermedad que ha incrementado considerablemente en los últimos años.

Por cada 100 mil mexicanos, 368 la padecen; viéndolo así no parece tan abrumador, pero actualmente es la segunda causa de muerte a nivel nacional. Su costo de atención, por consecuencia, también es alto.

El ISSSTE y la austeridad

La austeridad republicana que enarbola el presidente López Obrador también jugará su papel en el sector salud, especialmente en el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE).

Tras la eliminación del seguro de gastos médicos mayores para los funcionarios federales, entre organismos autónomos y los tres poderes, se esperan ahorros de hasta 5 mil millones de pesos, según pronosticó la titular de la Secretaría de la Función Pública (SFP), Irma Eréndira Sandoval.

Pero a ello también se abre otra cuestión: la demanda del ISSSTE aumentará. Antes de tal medida, 3 millones 850 mil familias eran atendidas, las cuales equivalen a 13 millones de derechohabientes.

De acuerdo con el director general del instituto, Luis Antonio Ramírez, hay capacidad para recibir a 2 millones de nuevos derechohabientes, los cuales se quedaron sin la cobertura privada de gastos mayores.

Seguramente la mayoría de los altos mandos buscarán mantener sus seguros (los cuales también eran extensivos para sus familias) y pagarlos de sus bolsillos; tal situación también abre un boquete para el sector asegurador del país, lo cual también acaba siendo un gasto mayor para el Estado.

El titular de la Condusef, Mario di Costanzo calculó que el costo promedio de la prima que el gobierno federal pagaba para asegurar a sus directivos era de mil 300 pesos. Ahora atenderse en el ISSSTE le costará 11 veces más a la administración de Andrés Manuel López Obrador, especialmente en los casos de los pacientes con enfermedades crónico-degenerativas.

De esta forma el ahorro de la austeridad, acabará siendo de muy corto alcance y convirtiéndose a largo plazo en un gasto innecesario que pudo haberse evitado.

Los hospitales sin acabar

Otro punto que deberá atenderse para hacer funcionar el nuevo Sistema Nacional de Salud es el hallazgo hecho por la Secretaría de Salud: al menos 250 unidades médicas, clínicas, centros de salud y hospitales están abandonados o construidos a medias.

Fue Jorge Alcocer, el titular de la dependencia, quien aseguró que estos “son escandalosos monumentos de la incompetencia, la corrupción y el tráfico de influencias.

El mismo secretario destacó esto como parte de un problema “que está costando la vida a muchos mexicanos y provocando sufrimiento innecesario”, a la vez de advertir que la situación se agrava si se observa especialmente los estados del sureste, dada la acentuada pobreza que ahí existe.

La duda central: ¿alcanzará el dinero?

Los expertos en la materia dudan que México tenga los recursos necesarios para el rescate del sector salud, pese a que los incrementos presupuestales con López Obrador serán una realidad, aunque ínfimos si se toma en cuenta la pérdida del valor adquisitivo, especialmente una inflación estimada del 4.72 por ciento.

En el Presupuesto de Egresos 2019, cada sistema de salud (IMSS, ISSSTE, y los órganos que ofrecen tales servicios como las Fuerzas Armadas y Pemex), tuvieron un aumento en sus arcas del 1.7 por ciento respecto al año pasado.

En total, sus presupuestos suman 601 mil 332.5 millones de pesos, cuando en 2017 era de 591 mil 168.4 mdp.
Por otra parte, el ramo 12, que se destina para el rubro de la salud tiene un presupuesto asignado de 123 mil 209 mdp para 2019, que equivale a un aumento del 0.1 por ciento respecto a 2018, cuando fue de 121 mil 34.8 mdp. Sin embargo, en términos reales, la cifra será 3.7 por ciento menor este año.

El presidente López Obrador confía en que sí alcanzará para el plan que deja atrás 30 años de descentralización.

ssc

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