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Milenio confirma que Carlos Marín deja de ser su director editorial

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Foto: Cuartoscuro.

MÉXICO.- Como un “movimiento estratégico”, se confirmó la salida de Carlos Marín como director editorial de Milenio, para así comenzar “una reconversión digital y en tendencias” al que se han tenido que acoplar los medios de comunicación.

La editorial publicada este martes afirma que Marín no sale del Grupo Multimedios, pues ahora se hará cargo de la Asesoría de la Presidencia Ejecutiva, la cual está a cargo de Francisco D. González Albuerne.

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Marín seguirá colaborando en su espacio “El asalto a la razón” para versión impresa y digital, así como en el programa “Con los de enfrente”, en colaboración con El Universal, además de apoyar en proyectos para Milenio.

“Con mutuo respeto reiteramos nuestro compromiso de continuar en la ruta que nos hemos trazado, convencidos de que con este movimiento seguiremos a la vanguardia del periodismo en México”, dice el texto firmado por el propio Marín y González Albuerne.

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El día de ayer trascendió por una publicación en Twitter de Raymundo Rivapalacio, quien dijo que Marín dejaría su cargo en Milenio.

Hoy en el directorio del medio, el periodista aparece con su nuevo cargo, y Alfredo Campos como director editorial.

Marín deja el cargo tras 19 años, quien es cofundador de la revista Proceso y de Milenio; desde el 2008 se transmite en televisión su programa “El asalto a la razón”.

ssc

Sociedad

“Tengo miedo de venir, pero más miedo me daba quedarme”: migrante

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Foto: Cuartoscuro.

CHIAPAS.- En el Centro Social “Francisco I. Madero”, a un costado del parque central de esta localidad, Gabriel pasa la calurosa tarde taciturno; sus ojos permanecen fijos en un punto del horizonte, mientras varios niños juegan a su alrededor como pueden y con lo que pueden. Él, es un migrante.

Forma parte de los cerca de mil hondureños que se encuentran en esas instalaciones propiedad del gobierno municipal, a cargo de Sonia Eloina Hernández Aguilar, lugar que se ha habilitado como albergue.

Dentro del galerón se reparten decenas de familias, muchas de ellas con niños cuyas edades van de meses de nacidos a unos 10 u 11 años. Todos comparten un solo baño y las autoridades mantienen como pueden el orden.

A la entrada, una mesa con representantes de los grupos Beta (en su característico uniforme naranja), del DIF, la Secretaría de Salud, Protección Civil tanto municipal como estatal, así como trabajadoras sociales, dan la bienvenida a cada migrante como Gabriel, los cuales van llegando en oleadas.

Colchonetas, sillas plegables de madera y plástico, sirven de “mobiliario” a los casi mil migrantes hondureños que han arribado desde el viernes, a pesar del cierre del puente internacional que une Tucun Uman, en Guatemala, con esta localidad en México.

Gabriel está pensativo y tiene razones para ello. Hace casi un mes, los delincuentes asociados con policías en una localidad rural ubicada entre Tugucigalpa y San Pedro Sula, lo amenazaron de muerte, porque querían robarle la cosecha de maíz que acababa de levantar en la propiedad de su familia.

Una tarde llegó a su casa y encontró a su mujer y a sus niñas de dos y cinco años, llorando. Alarmado, preguntó quién en la familia había muerto, a lo que ella, contenta y sorprendida le contestó: “Tú”.

Cuando recobró la calma, le explicó que horas antes se presentaron a la casa el delincuente que lo había amenazado y un policía, quienes le dijeron que acababan de encontrar muerto a Gabriel en una zanja y tenía que ir por su cadáver.

“Por eso me decidí a venir en este éxodo. No creas, me da miedo -confiesa el migrante-, pero me daba más miedo quedarme y por eso estoy aquí, sin saber qué va a pasar, pero dispuesto a permanecer en México o ir a Estados Unidos, donde sea que consiga trabajo”.

Gabriel ha hecho nexos con otros compañeros de viaje. Frankie y Roberto tienen varios rasgos en común: ambos tienen 17 años, sus papás fueron asesinados por la delincuencia y viven en la casa de la mamá de Frankie, prácticamente como hermanos.

Ahora comparten esta aventura de venir a México, originalmente guiados por el exdiputado hondureño Bartolo Aguilar -hoy preso en Nicaragua- y la angustia de no saber qué les depara el futuro. A cualquier mexicano que ven le preguntan detalles sobre cómo pueden pedir asilo.

Quieren saber si podrán transitar por México hacia Estados Unidos sin que los moleste la policía, indagan si tener familiares nacidos en México es o no una ventaja en términos migratorios, si alguien sabe quién los guía ahora, porque sus dirigentes han sido encarcelados.

Mientras estas personas platican sus historias, una multitud de niños corre y juega alrededor. Muchos padres han traído menores, cuyas edades van de sólo meses de nacidos hasta los 10 u 11 años.

Con una pelota pequeña, corren entre las sillas y las colchonetas en el suelo. Gritan y se persiguen mutuamente, se aferran a ser niños pese al difícil entorno, a la incertidumbre, a los 30 grados centígrados en el improvisado albergue oloroso a sudor y a encierro involuntario.

Notimex/ssc

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