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Equidad en las contribuciones

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Tenorio, equidad, 61 KB

Las condiciones económicas y sociales en que se encuentra el país exigen considerar la revisión del marco regulatorio de funciones del Estado, que permitan la transición hacia un Estado de derecho que garantice las expectativas de cambio que exigen las y los ciudadanos…

En la segunda semana de julio, en reunión con los diputados y senadores electos de la coalición Juntos Haremos Historia —integrada por los partidos Morena, del Trabajo y Encuentro Social, los que conformarán una mayoría en la LXIV Legislatura del Congreso de la Unión—, Andrés Manuel López Obrador presentó algunas prioridades legislativas para el gobierno federal 2018-2024. Temas de los que destacan la ley reglamentaria para aplicar en los tres poderes; el Artículo 127 de la Constitución, que señala que ningún funcionario puede ganar más que el presidente de la República; la creación de la Secretaría de Seguridad Pública; considerar delitos graves, sin derecho a libertad bajo fianza, la corrupción, el robo de combustibles y el fraude electoral en cualquiera de sus modalidades; modificar o revocar leyes de la Reforma Educativa, eliminar duplicidades en la administración pública, entre otras.

Las condiciones económicas y sociales en que se encuentra el país exigen considerar la revisión del marco regulatorio de funciones del Estado, que permitan la transición hacia un Estado de derecho que garantice las expectativas de cambio que exigen las y los ciudadanos, quienes, a través de su participación abierta y decidida, rompieron todos los esquemas de compra y coacción del voto aportando

una diferencia entre los candidatos a la Presidencia, lo cual no permitió duda alguna del triunfo inobjetable de Andrés Manuel López Obrador.

Activar una economía nacional con miras a combatir la desigualdad y extrema pobreza en la que viven millones de mexicanas y mexicanos exige necesariamente la revisión del sistema fiscal. Si bien existe el compromiso de no aumentar impuestos, es necesario revisar el sistema fiscal para efecto de evitar la evasión y la elusión de estos, así como terminar con el secreto fiscal y correr el velo para transparentar los ingresos del Estado que obtiene a través de impuestos, aportaciones de seguridad social y contribuciones de mejoras y derechos, atendiendo al principio constitucional de proporcionalidad.

Si bien existe el compromiso de no aumentar impuestos, es necesario revisar el sistema fiscal para efecto de evitar la evasión y la elusión de estos, así como terminar con el secreto fiscal y correr el velo para transparentar los ingresos del Estado que obtiene a través de impuestos, aportaciones de seguridad social y contribuciones de mejoras y derechos, atendiendo al principio constitucional de proporcionalidad

“El impuesto requiere ser proporcional y esa proporción, para ser justa, se fundará, en primer término, en el Ingreso del contribuyente, punto de partido para aquilatar su capacidad contributiva y poder significarse que si aquel obtiene mayores Ingresos, más alto tendrá que ser el impuesto que llegará o satisfacerse, correspondiendo al legislador y a su obra inmediata, esto es, la ley, fijará esa proporción…”.1

Consecuentemente, los legisladores estarán obligados a revisar el sistema para determinar los créditos fiscales y la ejecución o cobro de los mismos, con el objeto de evitar cualquier desvío en la determinación de los ingresos del Estado, ello en razón de la necesidad de evitar privilegios o ganancias indebidas.

Un ejemplo: en el Informe de Resultados de la Fiscalización Superior de la Cuenta Pública, la Auditoría Superior de la Federación dio cuenta de la cancelación y condonación de créditos fiscales en el ejercicio de 2007, señalando la improcedencia de la condonación de multas y recargos por un monto de mil 123 millones 614 mil pesos. Obligaciones fiscales derivadas de la falta de pago del Impuesto Sobre la Renta por parte de solo cinco empresas. Opacidad que solo puede combatirse a partir de la transparencia de la información fiscal que genera el Estado en el ejercicio de la recaudación de impuestos. Misma transparencia debe impulsarse en el resto de conceptos de ingresos del Estado, como las aportaciones de seguridad social (IMSS-ISSSTE), derechos (empresas mineras y petroleras), con lo cual se podrá cumplir con el principio de proporcionalidad en los impuestos de los mexicanos, mismo que deberá atender a la eliminación del secreto fiscal.

En ese sentido, la transparencia fiscal deberá estar acompañada de la revisión de atribuciones y competencias de cada una de las instituciones que integran el Sistema Nacional Anticorrupción, modificando los regímenes procesales (el contenido en la Ley Federal de Procedimiento Contencioso Administrativo y en la Ley General de Responsabilidades Administrativas) y cambiar el procedimiento contencioso administrativo a uno de plena jurisdicción.

La transparencia y máxima publicidad en la determinación y ejecución de créditos fiscales y obligaciones de contribución, sin lugar a dudas, serán la base para la creación de un Estado de derecho para el combate a la desigualdad y pobreza nacional.

También será relevante la revisión de las leyes vinculados al crimen de lesa humanidad relativa a la desaparición forzada, agravio para miles de mexicanos. El reto no es menor, es necesaria la actuación autónoma de la función legislativa en un sistema gubernamental con pesos y contrapesos.

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Desde abajo y por la banda izquierda

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Jorge Albarrán, 72 KB, izquierda
Reporte Nivel Uno

En Hamburgo, Alemania, se levanta uno de los complejos deportivos más importantes de la historia del futbol; pero el Millerntor-Stadion no adquiere su valor mítico por haber albergado futbolistas icónicos, encuentros memorables ni mucho menos por poseer instalaciones elegantes. El club local, el St. Pauli, es más bien un equipo chico que pasó sin glorias por la Bundesliga y este fin de semana disputará algún partido en la segunda categoría de la liga alemana.

Sin embargo, este equipo tan malo para jugar al futbol, desde los 80 se ha vuelto un símbolo de la política de izquierda, ha velado por los migrantes, la libertad sexual y otras consignas de la contracultura. El St. Pauli hizo evidente que el futbol es más que 22 fulanos corriendo detrás de un balón.

El futbol es un rito social, una forma de afianzar a la colectividad y el sentimiento de pertenencia de los individuos. En un mundo tan polarizado como el actual, la camiseta de un equipo termina por ser la única certeza identitaria que poseen muchas personas, incluso más que hacia un partido político, porque el descontento se ha generalizado a lo largo de décadas de promesas incumplidas. Y pese a la distancia que muchos quisieran establecer, el juego, como cualquier actividad humana, no puede deslindarse de la política.

Kiko Llaneras lo expresó con una lucidez contundente: “mientras que la política es un mecanismo para conciliar conflictos verdaderos, el futbol consiste precisamente en crear conflictos falsos y mantenerlos a perpetuidad. Por eso la política importa y debe tomarse en serio, mientras que el futbol es intrascendente y debe tomarse más en serio aún”. Hoy en día, el juego encarna los ideales de un modelo capaz de justificar cualquier acción en beneficio de la acumulación desmedida de capitales y la explotación voraz de personas por personas, a través de los mercados de piernas, los sueldos ridículos y episodios tan lóbregos e indignantes como los 112 millones de euros que pagó la Juventus para comprar a Cristiano Ronaldo, al mismo tiempo que su hermana Fiat alistaba los recortes a su plantilla de trabajadores (aclaro, esto no es culpa del jugador).

Tampoco es casualidad que sea al interior de una generación hedonista y encumbrada en ideales egoístas, donde los premios individuales de los jugadores de un juego en equipo, se encumbren a la par o incluso más allá de los logros colectivos. El conjunto, el grupo, el Argentina 2 – Inglaterra 0, es reemplazado por el yo, la selfie, el “todo es culpa de Messi“.

Estas características consiguieron que grandes figuras de la intelectualidad como Jorge Luis Borges, calificaran este deporte como estúpido y obligara a Eduardo Galeano a responder con la sutileza de quien, como muchos, quiso jugar pero las piernas no le dieron: “el futbol ocupa un lugar importante de la realidad, a veces el más importante de los lugares, aunque lo ignoren los ideólogos que aman a la humanidad pero desprecian a la gente”.

Aquí es necesaria otra cita de Galeano, aunque sea muletilla, “como el tango, el futbol creció desde los suburbios. Era un deporte que no exigía dinero y se podía jugar sin nada más que las puras ganas”, dos piedras y una cosa pateable; a esta cualidad debe agradecer su popularidad y es este carácter masivo el que resguarda su poder para promover las causas que aboguen por los de abajo, los parias, los marginados, los nadie.

Cuando los futbolistas salieron a la calle en el mayo francés; cuando un jugador o un club se adhieren a una causa y transgreden el umbral de las fotos publicitarias en hospitales y ONG que los ayudan a librar impuestos, el hecho retumba y se disemina entre las consecuencias y el clamor popular. Por eso, aunque cada vez haya menos Sócrates, menos Ángel Cappas, que pasen de las proezas de la cancha a los libros rojos y los puños en alto, que se atrevan a cuestionar un modelo que nos enajenó con fantasías de consumo y, en nombre del yo, nos cegó ante la desigualdad, al tiempo que parece vedarnos el concepto de Para todos, todo.

El futbol sigue siendo político, aún posee la capacidad y ¿la responsabilidad? de abogar por un mundo más justo, menos Balones de Oro y más Tiki-Taka. Al final, he de reconocer que “todo lo que sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al futbol”… o al menos eso dicen que dijo el portero del Racing Universitario de Argel, un tal Albert Camus, en sus inicios, cuando despejaba en cortito para salir jugando desde abajo y por la banda izquierda.

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