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AMLO o EPN: ¿Quién soltó a Elba Esther Gordillo?

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Foto: Especial.

Las dudas son inevitables, sobre todo cuando la polémica es sinónimo de una figura como Elba Esther Gordillo, quien pese haber pasado más de cinco años “fuera” de la arena política, sigue vigente. Sin embargo hoy seguimos ávidos por preguntar: ¿quién la dejó salir? Aunque quizá más interesados deberíamos estar en saber ¿para qué la dejaron en libertad?

| Santiago I. Soriano Condado

Elba Esther Gordillo fue detenida en 2013 y era, para bien o para mal, el primer “gran golpe” de autoridad durante el aún novel gobierno de Enrique Peña Nieto.

En aquel momento no faltaron las acusaciones de “gatopardismo” o quienes compararon el caso de Elba Esther Gordillo con el de Joaquín Hernández Galicia, la Quina, quien en vida fue líder sindical de los trabajadores de Pemex y cuyo poderío se vino abajo cuando se le acusó de acopio de armas y homicidio en 1989. Sí, justo cuando también arrancaba el sexenio de Carlos Salinas de Gortari.

Las similitudes con lo que más tarde se conocería popularmente como “El Quinazo”, eran evidentes pero también había marcadas diferencias que, aunque aparentemente nimias, en realidad dicen más de lo que parece.

Elba Esther Gordillo, al igual que Hernández Galicia, amasó gran poder bajo el cobijo priista, pero a diferencia del petrolero, ella supo “mutar” al panismo y sobrevivió a la primer gran debacle tricolor en el 2000, cuando los blanquiazules se instalaron en Los Pinos por 12 años.

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“La Quina”, afirman historiadores contemporáneos, cometió el “error” de respaldar a Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano en 1988, además de haber amagado con instaurar una huelga en Pemex, si el presidente se obstinaba en privatizar a la entonces paraestatal. Esto le habría valido casi 10 años en la cárcel, por no haber sabido ser aliado de Salinas.

Durante el auge del “Elbazo” –es decir cuando se le detuvo en el aeropuerto de Toluca el 23 de febrero de 2013, acusada de delincuencia organizada, defraudación fiscal y lavado de dinero– resurgió la sombra del “Quinazo”, que no es más que un golpe de autoridad por parte de un gobierno –el de Peña Nieto– ante hechos como la corrupción (encarnados en Gordillo), pero sin que esto sea necesariamente muestra de efectividad o legitime al Estado de Derecho.

Hoy, a cinco años de distancia, ya con Elba Esther Gordillo liberada y en la antesala de una transición de gobierno, hay que recordar lo declarado en 2013 por el doctor en Ciencia Política, René Torres Ruiz, académico de la Universidad Iberoamericana, quien calificó este tipo de detenciones como “un acto de cobrarse cuentas o de tratar de eliminar del escenario político nacional a políticos que pudieran ser incómodos para el (entonces) nuevo régimen”.

La enemistad repentina

Durante su etapa como gobernador del Estado de México e incluso en la antesala de la candidatura presidencial, ver a Enrique Peña Nieto junto a Elba Esther no era algo fuera de lo común. En realidad, se antojaba difícil que Gordillo Morales, quien durante décadas lideró al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), fuera elegida como ese golpe al arranque de su gobierno como una muestra de las buenas intenciones contra la corrupción.

Pero sucedió. La Procuraduría General de la República, que al comienzo de la gestión peñanietista estuvo a cargo de Jesús Murillo Karam, armó un caso en donde se describía una red encabezada por Elba Esther, que a los ojos de la mirada pública parecía creíble y hasta obvio, dado el fastuoso estilo de vida que llevaba como lideresa magisterial.

Se hablaba de venganza y de traición. Pero todo apuntaba hacia una razón más bien política: la reforma educativa. El gobierno que hoy vive sus últimos días, comenzaba entonces una cruzada, no en pos de las buenas causas, sino en búsqueda de erradicar del SNTE el cacicazgo de Gordillo para no tener una oposición política de gran peso en la elaboración e implementación de dicha legislación.

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A días de su detención, en el marco de su cumpleaños 68, Elba Esther demandó “una reforma a fondo del sistema educativo”, pero advirtiendo que esta no fuera fruto de la negociación entre partidos. Antes, desde luego, dijo que los maestros, su gremio, eran “amigos” del presidente Peña Nieto, pero que no permitirían que se pusiera en riesgo “su permanencia” en las aulas.

“Exigimos respeten nuestros derechos. Evaluar no es amenazar. Evaluar no es decir: si no cumples te vas”, sentenció durante un acto del SNTE, para luego insistir en que “evaluar es ver dónde están nuestras deficiencias para atacarlas, para ir todos juntos: gobierno, maestros y sociedad, a revisar esos conflictos”.

Aquel día, quizá premonitoria, tal vez sabiendo lo que estaba por suceder, arengó a la multitud asegurando que ella se iría “cuando los maestros quieran” que esto sucediera.

“Ni amenazas, ni nada, me van a intimidar. Para morir nací”, dijo ese día, el mismo en que dejó entrever su disgusto con lo que probablemente terminó llevándola a perder su libertad por más de cinco años.

Unas semanas después, la PGR la detuvo. El presidente Peña Nieto daba un mensaje en cadena nacional. La educación pública perdía, al menos en el acto, a su enemigo público número uno. Las batallas legales apenas empezaban.

"López Obrador LIBERÓ a Elba Esther GORDILLO" 🙄

¡FUE AMLO EL QUE SOLTÓ A ELBA ESTHER! 🧓🏽¡NO, FUE PEÑA NIETO EL QUE LA LIBERÓ! 🧑🏻Pues NADIE TIENE RAZÓN… Aquí LES CONTAMOS quién fue el que PUSO EN LIBERTAD A ELBA ESTHER. 😮😨😨😨

Posted by Reporte Nivel Uno on Friday, August 10, 2018

El ofrecimiento de 2006

Pero ¿en qué momento ingresa el nombre de Andrés Manuel López Obrador en la novela protagonizada por “la maestra” Gordillo”?

Era 2006. El país acaba de vivir uno de los episodios electorales más álgidos y turbulentos de su historia democrática, donde AMLO y Felipe Calderón protagonizaron una pelea encarnizada por los votos antes, durante y después de la jornada de julio.

La historia acabó como ya sabemos, lo que obligó a López Obrador a seguir su camino, el mismo que finalmente terminó por llevarlo a la presidencia en 2018. Tras el conflicto y el acomodo político que puso en la antesala de un segundo intento por llegar a la máxima magistratura del país, el tabasqueño reveló que Elba lo buscó en su primera oportunidad.

“Quería la cacique sindical, Elba Esther Gordillo, llegar a un acuerdo conmigo y le dije que no, porque queremos llegar, pero con nuestra integridad y con nuestros principios, no dejando trozos de dignidad en el camino. Si hubiera aceptado ese encuentro con Elba Esther, no podría estar hablando con ustedes”, dijo Andrés Manuel en 2011, durante un acto público en el municipio de Nicolás Romero en el Estado de México.

La oferta de Gordillo era simple: operar a su favor durante al proceso electoral de 2006, que terminó perdiendo por menos del uno por ciento frente al panista Felipe Calderón. Quizá el haber dicho que sí, habría significado ganar la presidencia desde el primer intento.

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Ese mismo año, el previo a la elección que lo enfrentó con Peña Nieto y Vázquez Mota en la boleta electoral, acusó a la lideresa sindical de ser parte de la “mafia del poder”. “(Felipe Calderón) está pensando en Elba Esther (como candidata a la presidencia en 2012), ya ve que ella le ayudó en el fraude electoral; creo que en ella está pensando, no dudo que sea la candidata de Calderón. Ella o cualquier otro que sea de la mafia del poder”, sentenció el hoy presidente electo.

Más tarde, en declaraciones dadas a El País, Elba Esther aseguró que AMLO mentía; “el señor miente, el señor perdió, no hay más, Miente. Lo único que puedo decir es que miente (…) si el señor tiene pruebas, que las presente”, dijo.

Años más tarde, ya con Gordillo encarcelada y enfrentando varias acusaciones, vino la elección de 2017, donde el poderío de Morena comenzaba a hacerse notar en una entidad compleja en la que se estuvo cerca de arrebatar el poder al PRI: el Estado de México.

La candidata de AMLO a la gubernatura mexiquense fue la maestra Delfina Gómez, quien entonces se ganó el apoyo de Fernando González y Rafael Ochoa, nombres allegados al SNTE y a Elba Esther en su momento, lo que provocó que iniciaran las sospechas de una alianza o apoyo por parte del magisterio a favor del movimiento lopezobradorista.

Al respecto, Andrés Manuel atajó en su momento: “no tengo alianza con Elba Esther Gordillo, no sigan calumniando”. Posterior a ello, afirmó que no haría “leña del árbol caído”, pero le pidió que diera “una explicación” por su presunta participación en el fraude electoral de 2006 a favor de Calderón.

“Es indispensable que la maestra Elba Esther Gordillo informe sobre su participación en el fraude electoral en el 2006 para imponer a Felipe Calderón causando un enorme daño al pueblo y a la nación”, exigió AMLO.

A finales de 2017, volvió a deslindarse de Gordillo, haciendo énfasis en que ella estaba “retirada y en una situación delicada”, en referencia más idónea para su estado de salud, que a su situación legal. Pero llegó 2018. Un vínculo se hizo innegable.

Las benditas redes sociales

El año de la decisión presidencial comenzó evidenciando, si bien no una alianza, sí un acercamiento entre el movimiento de AMLO y personajes por demás cercanos a Elba.

El 22 de enero, René Fujiwara, nieto de Elba Esther, dejó de lado a Nueva Alianza y anunció su apoyo al proyecto de López Obrador como aspirante presidencial, mediante el Movimiento Redes Sociales Progresistas Magisteriales (RSP). Para el 10 de febrero, el propio AMLO firmó un convenio con el movimiento RSP, el cual está encabezado por Fujiwara, Fernando González y Rafael Ochoa.

Ese mismo mes, la PGR denunció que Elba Esther Gordillo hizo de su prisión domiciliaria, una “oficina de despacho”, haciendo que un juez le prohibiera establecer comunicación telefónica o electrónica con personas que no fueran autorizadas judicialmente, restringiéndole también las visitas, pues era evidente que estaba en plena operación de algún tipo.

Pero ¿quiénes son Fujiwara, González y Ochoa del RSP? René Fujiwara, su nieto consentido y uno de los activos jóvenes de Nueva Alianza desde su fundación, fue uno de los primeros en denunciar abiertamente lo que para él son ataques en contra de su familia y su abuela.

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En tanto, Fernando González es yerno de Elba Esther, pues está casado con Maricruz Montelongo, madre de René. Tras la muerte de Mónica Arriola, hija menor de la exlideresa, tomó mayor relevancia en su círculo. Una muestra de su escalada fue 2006, cuando de ser maestro rural, llegó hasta la subsecretaria de Educación Básica, consecuencia de los pactos políticos de Elba Esther con Felipe Calderón.

Finalmente, Rafael Ochoa es uno de los personajes más incondicionales de Gordillo; un compañero de lucha. El 2006 fue otro año que marcó su vínculo con ella, pues cuando el PRI la expulsó por sus conflictos con Roberto Madrazo, él se fue del tricolor por solidaridad. Además, se desempeñó como secretario general del SNTE, aunque luego fue sustituido por Juan Díaz de la Torre, actual dirigente del magisterio. Hoy es el principal operador político de este gremio, principalmente a través del RSP.

Sin embargo, los nexos con Elba Esther por parte de estos tres personajes y su apoyo a AMLO, fue meramente individual, al menos a ojos del futuro titular de Educación Pública, Esteban Moctezuma, quien aseguró que no existe ningún pacto, ni tampoco alguna consideración por su apoyo.

Como una coincidencia quedará que, tras su contundente triunfo, López Obrador refirió en más de una ocasión lo indispensables que fueron “las benditas redes sociales” en su movimiento.

Entonces ¿quién la liberó?

La de Elba Esther Gordillo no fue una liberación al vapor. Desde mayo de 2017, su abogado, Marco Antonio del Toro, dijo públicamente que esperaba la libertad de su defendida. Lo declaró justo después de que la PGR no pudiera demostrar la culpabilidad de la acusada en ninguno de los delitos que se le imputaron. Para diciembre, se le concedió la prisión domiciliaria.

Ocho meses después se le notificó que estaba absuelta y podía quedar en libertad luego de cinco años y cinco meses en prisión. La sospecha comenzó por el día en que esto ocurrió: el 8 de agosto, justo el mismo día en que AMLO era declarado presidente electo por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF).

Pero para erradicar suspicacias, se tiene que revisar el paso a paso del caso Elba Esther, que en cinco años se fue desmoronando, lo que hace que la teoría del pacto AMLO-Elba Esther no encaje del todo, como sí lo hace la de que la detención de “la maestra” fue más un asunto político que una auténtica batalla contra la corrupción.

¿Cómo fue?

Tras pasar mil 988 días sin libertad, el magistrado Miguel Ángel Aguilar López, titular del Primer Tribunal Unitario en materia penal de la Ciudad de México, terminó por completo con el proceso final en contra de Elba Esther Gordillo.

Pero el caso comenzó a desmoronarse casi desde el principio, cuando Murillo Karam afirmó que los delitos de Gordillo se realizaron entre 2008 y 2011, mediante transferencias bancarias en donde se depositaron recursos del SNTE a personas físicas y una empresa a nombre de la mamá de “la maestra”. Desde entonces, el abogado Del Toro, a través de recursos y amparos, consiguió las pequeñas victorias de Elba Esther, como el ser internada en el hospital de Tepepan y su posterior arresto domiciliario con motivo de su edad.

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Fuentes cercanas al caso informaron, bajo el anonimato, que el magistrado consideró que no hubo pruebas ni indicios que demostraran que la exlideresa sindical fuera responsable de los delitos de los que fue acusada.

Otra fuente más, coincidió en que la PGR no fue capaz de demostrar de manera sólida, contundente y fehaciente de que tenía pruebas de tales hechos, lo que al final de cuentas se tradujo en la libertad de Elba Esther.

¿La fiscalía fracasó? Probablemente. ¿Los alcances de este derrota judicial son más políticos que otra cosa? Todo apunta a que sí. ¿Quién soltó, pues, a Elba Esther? El propio sistema, que puede tener cualquier nombre y apellido.

ssc

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López Obrador, 100 días ejerciendo el poder: el balance inevitable

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Foto: Cuartoscuro.

México vive un periodo de transformación y quien diga lo contrario, simplemente está cerrando los ojos ante lo evidente o es ciego. Se cumplió el centenar y con él, llega el primer corte de caja, el que marca rumbo y se toma como punto de referencia para cuestionar los qué, cómo y por qué, aunque para esta última pregunta siempre se obtendrá la misma respuesta: por el renacer de la República, claro, siempre y cuando se le pregunte al presidente o sus allegados. En Reporte Nivel Uno decidimos preguntarle a la oposición, la academia y a Morena para definir los primeros 100 de Andrés Manuel López Obrador como Presidente de México. La respuesta más importante, desde luego, la tiene el pueblo, ni bueno ni malo, sino el que se puede describir bajo un mismo adjetivo: el mexicano, si es que en esa totalidad hay un punto de equilibrio posible.

| Santiago I. Soriano Condado

Movimiento. Claroscuros. Mediático. Intenso. Un poco de todo. Exitosos. Estos y muchos calificativos más podrían utilizarse para describir los primeros 100 días de gobierno de Andrés Manuel López Obrador, siendo cada uno de ellos un reflejo inequívoco de la perspectiva de quien lo emite.

Pero la visión popular tiene uno que podría considerarse la voz de la mayoría (al menos según varias encuestas): positivo. El balance de los mexicanos respecto a la recta inicial del mandato del tabasqueño se refleja en el histórico respaldo que tiene: 8 de cada 10 (Encuesta El Universal, publicada el 11 de marzo de 2019) lo respaldan y están satisfechos, hasta ahora, con su labor en la máxima magistratura del país.

El bono democrático más que intacto, se ha fortalecido desde el 1 el primero de julio, en un comienzo, y luego el 1 de diciembre de 2018. López Obrador lo sabe y así lo demuestra el devenir diario cuya voz se escucha desde las primeras horas de cada día laboral en México.

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100 días, es cierto, son muy poco tiempo para evaluar o formar un criterio concreto respecto a un gobierno que recién se puso en marcha, pero dadas las expectativas del país (según el ejercicio de El Universal anteriormente citado, al menos un 62 por ciento de los mexicanos tiene gran confianza en que López Obrador cumplirá sus compromisos de campaña), cada día cuenta, especialmente cuando se prometió que en seis años se hará lo que en 12 podría hacerse.

La voluntad existe, al menos en las horas de trabajo que el mandatario invierte en su labor: de lunes a domingo con más de 12 horas por día. Entre semana, iniciando la jornada (según sus propias palabras) desde las 4:30 de la mañana para a las 6 estar en Palacio Nacional y reunirse con su gabinete; luego de ello debe salir a ofrecer una conferencia de prensa que en promedio dura de 80 a 90 minutos. Desde temprano el presidente está en la agenda mediática donde de por sí tiene un lugar garantizado desde hace ya casi dos décadas.

Pero más allá del balance de otros, el del propio López Obrador es aún mesurado y con reconocimiento de puntos flacos en el comienzo de su gestión.

Ante su esposa e hijos, el gabinete completo, los gobernadores del país y figuras del sector empresarial mexicano de la talla de Carlos Slim, Andrés Manuel López puso como mayor logro de su gestión los ahorros que se han logrado por la austeridad republicana, así como el combate a la corrupción que incluso antes de tomar posesión desde el Congreso se comenzaron a materializar. Esto le ha permitido emprender los programas sociales que ahora ya comenzaron a entregarse a millones de mexicanos.

Ante la seguidilla de reducciones de la expectativa de crecimiento económico durante su primer año, ya sea por parte de organizaciones como la OCDE o el propio Banco de México (Banxico), el presidente lanzó un dardo que seguramente también pretendía dar tranquilidad a los mercados internacionales: no hay “ni asomo” de una recesión en el país y, de paso, cuándo si no, también despachó a sus detractores, asegurando que se “quedarán con las ganas” de verlo fracasar en ese rubro.

La oferta de que el PIB nacional crecerá al 4 por ciento anual sigue en pie y además, reiteró que acepta el reto de que así sea a pesar de que en estos momentos, eso luce como algo lejano cuya complejidad va más allá de su incuestionable voluntad.

Sin embargo, López Obrador también identifica dos pendientes a los cuales ofreció solución sin dar un plazo exacto para ello: la violencia y el alza de los energéticos, especialmente las gasolinas y la electricidad.

Respecto a los altos índices de inseguridad que se han presentado durante el primer trimestre de su mandato, aceptó dicha realidad, pero ofreció la tan ansiada paz a través de la Guardia Nacional que prácticamente es ya una realidad a falta de su promulgación.

Sobre los combustibles y la energía eléctrica, también admitió su incremento y dijo que esto ha sido porque los mecanismos para controlar sus precios han tardado en implementarse.

Pero ¿qué dicen en Morena? ¿Cuál es la sensación de la oposición que encarnan el PAN, PRI y aliados? ¿Y la academia del país?

A continuación, una serie de entrevistas que dan luces sobre el balance de estos primeros

100 días, de un rumbo que ya ha comenzado a tomar forma y cuyo destino aún está escribiéndose.

Los PRIMEROS 100 DÍAS de López Obrador: ¿han sido BUENOS o MALOS?

Ya pasaron 100 días desde que Andrés Manuel López Obrador asumió LA PRESIDENCIA DE MÉXICO y por eso es necesario hacer un balance. La pregunta es la misma: ¿HAN SIDO BUENOS o MALOS estos primeros 100 días de AMLO?

Posted by Reporte Nivel Uno on Monday, March 11, 2019

ssc

 

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