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Una alternativa

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Cuando asesinaron a Colosio, asesinaron también la propuesta socialdemócrata del PRI y a la corriente política que sostenía bajo su liderazgo. El PRI, como movimiento nacionalista, revolucionario, socialdemócrata, desde entonces, no ha podido reivindicarse. Y cuando el PRI reconquistó la Presidencia; no recuperó su discurso y su esencia.

“No hay que temerle a la competencia política, hay que huir de la incompetencia política”

Luis Donaldo Colosio.

Cuando asesinaron a Colosio, asesinaron también la propuesta socialdemócrata del PRI y a la corriente política que sostenía bajo su liderazgo. El PRI, como movimiento nacionalista, revolucionario, socialdemócrata, desde entonces, no ha podido reivindicarse. Y cuando el PRI reconquistó la Presidencia; no recuperó su discurso y su esencia.

El Presidente de la República, con pleno derecho, ejerció su prerrogativa: decidir su rumbo, escoger a los protagonistas y concretar sus acciones. Los cuatro presidentes del PRI del sexenio nunca supieron o quisieron emitir su opinión y, por ende, darle al PRI la fisonomía de un auténtico partido político. Sucumbieron al Ejecutivo sin alegato, propuesta o reclamo alguno. No pudieron hacer del PRI un interlocutor entre la sociedad y el gobierno. Vino en seguida la desilusión y después, el coraje mejor definido como el “mal humor social”.

Algunos priistas hicimos notar ese camino obsequioso y acrítico. Dijimos que el PRI tendría que defender la razón de ser de la justicia social, presentar al gobierno

propuestas que hicieran más eficaz su desempeño. Los dirigentes del PRI nunca escucharon nada.

Sin razón aparente, llegó a la dirigencia nacional del PRI alguien que públicamente había negado su militancia en el PRI. Se especula que llegó para permitir que, en el otro cargo del poder político partidista, pudiera arribar otro que, como él, jamás ha militado en el PRI ni tenía interés alguno en su historia, su experiencia o en su obra, mucho menos en sus mujeres y hombres de la militancia.

Como partido el PRI se desdibujó por completo, su organización, militancia, la justicia social y la democracia interna también.

Frente a estas realidades innegables, ¿qué alternativas quedaban para los políticos del PRI? La obvia, sumarse a una batucada tradicional para acudir efusivos a eventos rituales que solo consiguen ratificar la base de 7 millones de posibles votos que cada día se reducen. O adoptar, durante la campaña, una actitud crítica y vociferante, que hubiera acrecentado un debate injusto para los electores más leales del partido.

Una tercera opción que suscribimos muchos de los que antes habíamos mostrado nuestra inconformidad, previo al lanzamiento de la candidatura presidencial: tratar de apoyar en los espacios públicos y estratégicos abandonados por los tecnócratas de la campaña. Apoyar a la gente y a los candidatos del PRI y, románticamente, suponer que el candidato voltearía a ver a los militantes del PRI. Muchos escogimos esta tercera opción.

Construimos un proyecto con un modelo integral que contenía los elementos estratégicos del mensaje rector; es decir, lo que sugeríamos se debía decir a la sociedad, con temas y subtemas territoriales para atender las causas de la gente, todo en congruencia con un método de organización sustentado en estudios demoscópicos de regresiones múltiples y la más honesta y formidable experiencia electoral del PRI. Toda la propuesta: “El PRI por la Reforma del Poder: México es razón suficiente”.

Pero pronto advertimos que la campaña y el partido habían tomado, no sé si deliberadamente, una ruta definitiva al fracaso; en lugar de ir primero con los nuestros, se fueron a buscar a los electores panistas que, como los priistas de siempre, votaron otra vez por el PAN.

Como partido el PRI se desdibujó por completo, su organización, militancia, la justicia social y la democracia interna también.

Ha pasado todo y la elección tuvo el resultado catastrófico para el PRI, que ya conoce todo el mundo. Hoy el PRI está ante la mayor encrucijada de su vida.

¿Qué alternativa hay? Suscribir ese destino manifiesto que ha venido resucitándose desde el asesinato de Colosio o profundizar en la democracia y en la justicia social; sería necesario regresarle la legalidad al Comité Nacional y convocar a una Asamblea Fundacional en donde se elijan los delegados democráticamente.

O convocar a la formación de una corriente alternativa que surja de los municipios y los Estado de la República y llegue a la nación priista para reclamar su legítimo espacio. Una corriente que recupere al gran partido del que nos sentimos orgullosos tantos y entristecidos, también, otros tantos.

Convocamos a los militantes y a quienes alguna vez han votado por el PRI, a las mexicanas y mexicanos que se han ido del PRI por decisiones antidemocráticas en su contra, a los brillantes priistas que compitieron en esta elección en todo el país, que hicieron un gran trabajo personal, aportaron su prestigio, su dinero, y perdieron; a los hombres del campo, a los trabajadores, a los de la clase media que se quedaron sin opciones porque solo vieron el enaltecimiento de un proyecto para hacer más ricos a los ya muy ricos, mientras los muy pobres solo reciben miserias; a los que creen en México, para construir una Alternativa dentro del partido, una corriente crítica que privilegie la democracia en todos sus niveles y la rendición de cuentas.

Una corriente que trate de dar el poder político a la gente; entendiendo que, para darle poder político a la gente, primero hay que darle poder económico.

Una corriente que recupere el discurso socialdemócrata del PRI, el discurso de lo mexicano: la economía mixta, la reivindicación de nuestro origen mestizo y la grandeza de las culturas y pueblos originarios.

Convocamos a los que piensan que un proyecto socialdemócrata, nacionalista y revolucionario es lo que conviene a este país, que ha ido a votar masivamente para castigar la ineptitud de la última campaña priista y los enjuagues ideológicos de la derecha confundidos en la izquierda y viceversa; a los millones de mexicanos que viven la economía de mercado sin créditos accesibles, sin opciones de empleo, sin apoyos para hacer pequeños negocios.

Si dejamos los espacios del PRI, alguien los llenará y no habrá razones para reclamar. El PRI debe seguir siendo un partido imprescindible en la vida de México.

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Un mexicano me dijo…

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La euforia con la que diputados y senadores iniciaron el actual periodo de sesiones en ambas Cámaras se ha apagado por una simple razón: no les gusta la onda del “Tupper Challenge”, que tanto presume el presidente del Senado, Martí Batres. Nos cuentan que legisladores de Morena se han inconformado e incluso creen que es una “pavada” de Batres, uno de los más férreos incondicionales de AMLO.

El ex futbolista, hoy convertido en gobernador electo, Cuauhtémoc Blanco, trae pleito casado con Yeidckol Polevnsky porque esta le recordó que su victoria en Morelos se debió a la ola morenista encabezada por el tabasqueño López Obrador; lo que no le gustó a Blanco y emprendió una campaña para “comprar” diputados de Morena y sumarlos a la bancada del PES. El americanista asegura que hubiera ganado Morelos con o sin Morena. Un duelo de egos para acabar pronto

El senador Napoleón Gómez Urrutia no ha conseguido adaptarse a la dinámica legislativa toda vez que, hasta los mismos de su partido, lo tratan como un “apestado”. Nos dicen que le ha costado aclimatarse y que apenas cruza palabra con algunos senadores del PRI y uno que otro de Morena. La culpable de que Napito sea el inadaptado del grupo, nos comentan, es la diputada Tatiana Clouthier, quien fue una de las pocas que encaró a AMLO cuando este lo postuló a la Cámara Alta por la vía plurinominal.

En una reciente visita a Los Pinos, este Charro Vengador pudo constatar lo que es un secreto a voces: el presidente Peña se quedó solo. Las oficinas de la Residencia Oficial lucen vacías y las pocas personas que aún laboran se la pasan maratoneandoseries en Netflix. ¡Ya bajaron la cortina!

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