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Los transgénicos1

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El patrón productivo industrial en muchos sectores ha estado basado en el conocimiento derivado de la química. Sin embargo, una característica de esta época actual es que ha llegado de manera disruptiva otro patrón: la biología. La evolución del conocimiento sobre el funcionamiento de los seres vivos desde el punto de vista de los genes se ha convertido en la tendencia productiva actual y está lentamente abarcando espacios de producción otrora basados en la química, de ahí el uso más recurrente del prefijo “bio” (biocombustible, biofármaco, biorremediación, biociencias, biofiltros).

Las ciencias de la vida han impactado a partir de la biotecnología moderna a varios sectores de producción. Este escenario está basado en lo que se conoce como el Dogma Central de la Biología Molecular, que se traduce en que todos los seres vivos tenemos células (animales, bacterias, plantas), en donde hay genes, los cuales se expresan y funcionan bajo el mismo mecanismo. La biotecnología moderna ha llegado para quedarse y extenderse a sectores como el farmacéutico, el de remediación ambiental, agrícola, pecuario y alimentario.

La biotecnología es tan ancestral como el sedentarismo de la humanidad, se traduce en el uso de organismos para crear procesos eficientes, obtener productos, para resolver problemas industriales o ambientales. Ejemplos de productos de la biotecnología son el queso, las cervezas, los vinos, el pulque que se obtienen a partir de distintos organismos. Este conocimiento tiene un continuum en la biotecnología moderna que hace exactamente lo mismo, pero desde el plano del funcionamiento de las células y los genes.

La transferencia de información genética entre individuos se da en muchos casos en la naturaleza, sin intervención del hombre; no obstante, hoy existe el conocimiento y la experiencia para lograr en laboratorios la manipulación de la información genética prácticamente de cualquier ser vivo, por lo que se logra un elenco variado de posibilidades en distintos sectores.

Dependiendo el sector en que se desenvuelve, se ha clasificado a la biotecnología en blanca, roja, azul y verde. Se entiende por biotecnología blanca aquella que se enfoca a la biorremediación de suelos, a la creación de energías mas limpias, a la obtención de biofiltros o plantas transgénicas que capten gases de efecto invernadero, con motivo del cambio climático. Por otro lado, la biotecnología roja está centrada en el sector de la industria farmacéutica, en la obtención de medicinas a partir de estas técnicas, por ejemplo, un gen humano que produce insulina y que se inserta en una bacteria para que produzca esta proteína “humanizada”.

Por su parte, la biotecnología azul está destinada al sector de la acuacultura y producción en cuerpos de agua. Recientemente fue aprobado para consumo humano el salmón AquaAdvantage, el cual crece más rápido y es de mayores dimensiones que su pariente silvestre. Finalmente, la “papa caliente” es la biotecnología verde, la cual es la más debatida y politizada porque se trata de la producción agrícola, de los alimentos que consumimos y que se pretenden liberar al ambiente.

“Se deben replantear muchos procesos productivos para sustituir las tecnologías, que son recalcitrantes, por patrones más limpios y respetuosos. El desarrollo sustentable es el punto de conciliación de intereses que se dan entre el sector social, el sector productivo y la protección del medio ambiente, ¡hagámoslo!”

Consideramos que en la discusión sobre el uso de la biotecnología moderna se debe delinear lo siguiente. El término “transgénico” solamente hace referencia a una de varias maneras de llevar a cabo modificaciones genéticas, hay también organismos cisgénicos, mutagenéticos, productos de biotecnología sintética y lo que se vaya acumulando con el avance del conocimiento.

En lo que se refiere a la bioseguridad, en primer lugar, hay que asumir que todas las tecnologías, la que sea, conllevan riesgos asociados. En segundo lugar, se deben distinguir entre los organismos que estarán confinados y los que se van a liberar al ambiente. Es importante subrayar que no se pueden hablar de “los transgénicos” como si fueran una y la misma cosa, las evaluaciones sobre ellos se deberán hacer de manera particular bajo el principio de bioseguridad conocido con “caso por caso”; de la misma manera, cuando se trata de liberaciones, de acuerdo con el principio de “paso por paso”, opera la gradualidad cuando se expone al ambiente con la intención de detectar cualquier rasgo de peligrosidad, esto es, primero en pruebas experimentales, luego en pruebas piloto y finalmente, comprobada la inocuidad y estudiado su comportamiento, la liberación comercial.

Las grandes economías del mundo se están perfilando para convertirse en bioeconomías, esto es, en replantear sus patrones productivos hacia formas más limpias y respetuosas con el medio ambiente que las actuales. Incluso los países que de alguna manera se han inclinado en contra de estas tecnologías, utilizan organismos genéticamente modificados para elaborar sus productos más tradicionales como los quesos franceses, las cervezas alemanas y lo mismo, los productores de vinos europeos. Consideramos que la fuente de la animadversión a

la biotecnología moderna no es la utilización de los genes ni la modificación genética que involucra per se, se debe, en buena medida, al mismo argumento en contra de las empresas transnacionales, que sin duda han generado en el mundo, en algunos casos y regiones, la cooptación de las principales ramas productivas, entre ellas la alimentaria y sus consecuencias se traducen en guerras comerciales.

En esta materia, el caso de México es lamentable por muchos lados. En principio, gracias a la prohibición de facto que tienen los productos biotecnológicos, el consumo del exterior cada vez más intenso; en materia agrícola, se siguen utilizando técnicas costosas en términos de energía, consumo de agua, las cuales atacan y laceran al ambiente. Recientemente, se anunció una producción agrícola récord, pero no se habló de la factura ambiental que hay que tomar en cuenta de ese superávit; desde hace mucho, de manera segura y sustentable, se siembra en México algodón BT y eso parece no ser relevante; las decisiones en esta materia están siendo guiadas por ecologistas (activistas) y consignas y no por ecólogos (científicos) y argumentos; la ciencia en materia de biotecnología moderna, que ofrece un área de oportunidad enorme, sencillamente se encuentra colapsada, muchos centros de investigación detienen su labor, se dejan de financiar proyectos estratégicos.

México es un país megadiverso, tiene una serie de ecosistemas únicos en el mundo, lo cual nos obliga a cuidarlos, por lo que se debe madurar el debate al máximo, no bloquear al conocimiento y pensar en el futuro de nuestro país. Se deben replantear muchos procesos productivos para sustituir las tecnologías, que son recalcitrantes, por patrones más limpios y respetuosos. El desarrollo sustentable es el punto de conciliación de intereses que se dan entre el sector social, el sector productivo y la protección del medio ambiente, ¡hagámoslo!

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La paciencia no se estira como un chicle

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Jorge Albarrán, 72 KB, Paciencia
Reporte Nivel Uno

                                                                                                                                                                                                                                                                                               “La tortuguita se fue a pasear”

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                           J. Revueltas

Una maraña de entidades abstractas que parecen diluirse en los espacios comunes, que pese a su aparente insignificancia, significan y se cuelan entre silencios cómplices, miradas punzantes y el ensordecedor alarido de los murmullos denigrantes.

Pero cuando estos estadios de la misoginia, terribles en sí mismos, se materializan en las más repulsivas formas de violencia y muerte, se hace evidente la necesidad de replantear el concepto contemporáneo de masculinidad para emprender la búsqueda de una co-construcción.

La lucha por la equidad no es exclusiva de las mujeres, los hombres también estamos inmersos en las dinámicas que nos han hecho creer que solo existe una forma de ser hombres, un mismo discurso hegemónico donde la masculinidad es acotada por el temor de ser excluidos de la categoría dominante, de entrar en el deshonroso terreno de lo femenino y ser considerados maricas.

Por eso, cuando este miedo se extiende, encontramos que la forma más sencilla de legitimarnos como machos es a través de una actitud donde la mujer se vuelve inferior. ¿Por qué?, porque los hombres “somos sujetos construidos sobre la negación con el otro cuerpo, somos la oposición a la Otredad”.

Simone de Beauvoir lo señaló: la mujer es lo Otro. El varón la condenó a volverse esclava o ídolo, pero siempre al servicio de sus intereses, proyectos o necesidades; incluso cuando se le atribuyeron cualidades divinas, estas parecen responder más a sus propios temores.

A la mujer se le negó la posibilidad de elegir su propia suerte. Es esta cualidad de descalificar lo Otro, de conferir a la mujer la categoría de segundo sexo, lo que ha limitado su participación en los procesos históricos, es decir, no es casualidad que a partir de la apertura que comienza a gestarse en 1869 con el Congreso Internacional de los Derechos de la Mujer, hayan comenzado a figurar agentes históricos femeninos.

De Madame Curie a Leonora Carrington demuestran que “no es la inferioridad de las mujeres lo que ha determinado su insignificancia histórica, sino que ha sido su insignificancia histórica lo que las ha destinado a la inferioridad.”

Es esta suerte de deuda histórica la que debe obligar a los varones a repensar los roles de género asignados, después de todo, en muy pocos escenarios se puede encarnar con mayor claridad y ferocidad la dialéctica hegeliana del amo y el esclavo.

La esclavitud femenina es la propia condena del varón. Judith Butler señala que a todos los sujetos les son impuestas las cualidades, esperanzas y modos en cómo han de enfrentar la vida, en base a si poseen o no un pene.

Desde el momento en que los padres descubren que su hijo es niño, la habitación se pinta de azul, se llena de cochecitos, se le compra la playera del equipo de futbol del padre y se omite por completo cualquier otra categoría que no responda al dogma común, por lo tanto se vuelve absurdo o incluso de mal gusto el siquiera pensar en darle a un varón recién nacido unas medias y unas zapatillas de ballet.

En este mismo sentido la autora plantea la necesidad de corromper a la juventud y NO, no plantea un mundo donde todas las niñas orinen de pie y los niños usen faldas rosas, sino un entorno donde se asimile la importancia del contexto para el desarrollo y la construcción de los individuos.

Sobre todo, ahora que la violencia de género se recrudece, es vital ampliar el espectro de lo que significa ser hombre y retomar estas formas marginales de masculinidad, las que viven en la sombra, ignoradas y carentes de legitimación social; porque solo a partir de ello la mujer podrá dejar de ser considerada una Otredad, la parte dominada o el objeto con fines de placer sexual.

Se debe combatir la masculinidad hegemónica que nos incita a ser mujeriegos, brabucones orgullosos de la virilidad y las conquistas sexuales, pues esta misma imposición es la que nos vedó la capacidad de llorar, de ser sensibles, cariñosos, de ser más humanos y en cambio nos aterró con el miedo a ser excluidos, el terror de ser llamados maricas.

Y no se trata de ser afeminados, sino de desarrollar “ese aspecto de la masculinidad que ancestralmente parece que tuvimos los seres humanos y que por esta revolución del patriarcado se instaló como una negación para los varones”.

Se trata de luchar, de debatirlo, de hacer visibles nuevas formas de ser hombres más humanos; dejar de ser los cobardes que se refugian en la comodidad de lo estipulado por la norma, abrazar nuestra diferencia y defenderla, de levantar los ánimos si es necesario, porque, ¿adivinen qué?… La paciencia no se estira como un chicle.

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