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Paridad sin autoridad

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“La elección del 1 de julio destacó por ser un avance en la carrera por la equidad de género en México. Luego del registro paritario de candidatos al que obliga la Ley, el Instituto Nacional Electoral (INE) dio a conocer que se logró la paridad en el Poder Legislativo. Conquista histórica, por primera vez, hombres y mujeres ocuparán la misma cantidad de curules”

Combativas camaradas:

Esta plaza pública es silencioso testigo de otro triunfo histórico de las mujeres, se ha dado un paso más para lograr el derrumbe de la opresión patriarcal. Tenemos una representación paritaria de nuestro pueblo y género, somos más y estamos más preparadas.

No podría describir a cabalidad la enorme responsabilidad que recae en nuestras actividades diarias, pues tengo la certeza de que cada una de nosotras sabemos el deber que tenemos ante las futuras generaciones y la historia. Estoy cierta de que habremos de enfrentar cada obstáculo con altura de miras.

Mientras tanto, será necesario que cada una acuda a validar su registro ante el destacado director de inscripciones, reciba autorización para ejercer su cargo por parte de nuestro querido licenciado secretario de permisos; las jornadas y roles serán entregados en la subsecretaría de organización que encabeza nuestro admirado actuario en jefe, pero sobre todo, deberán pasar lista y jurar lealtad ante nuestro máximo órgano que encabezan los patriotas camaradas que dictarán la ruta y el destino de nuestros pasos.

Sonrían y abracen el futuro, hemos alcanzado la paridad, la autoridad sigue siendo de ellos.

La elección del 1 de julio destacó por ser un avance en la carrera por la equidad de género en México. Luego del registro paritario de candidatos al que obliga la Ley, el Instituto Nacional Electoral (INE) dio a conocer que se logró la paridad en el Poder Legislativo.

Conquista histórica, por primera vez, hombres y mujeres ocuparán la misma cantidad de curules.

El proceso electoral de 2018 será recordado no solo por el avasallante triunfo de la coalición “Juntos Haremos Historia”, que encabezó Andrés Manuel López Obrador, y cuyo margen de votación es el más alto en décadas, sino también por una paridad sin precedente tanto en el Legislativo como en el Ejecutivo (bueno, eso es lo que dicen hasta ahora, habrá que esperar a que nuejtro prejidente tome posesión).

“Tenemos paridad sin autoridad, habrá más legisladoras, pero todas estarán siguiendo la ruta que apunte un liderazgo masculino”

La LXIV Legislatura del Congreso de la Unión se integrará con el 48 por ciento de mujeres, aunque aún habría que tener en cuenta los cambios por litigios ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), esta cifra es prácticamente un hecho.

Este primero de septiembre de 2018 tomarán protesta 241 diputadas, de las que 141 resultaron ganadoras de los comicios en sus respectivos distritos, mientras que 46 ganaron la elección para el Senado. El resto, 100 diputadas y 17 senadoras, llegarán a sus respectivos curules y escaños por la vía de la Representación Proporcional (RP).

Nada mal si consideramos que apenas hace doce años, en la LIX Legislatura que sesionó en el periodo de 2003 a 2006, solo había 115 mujeres ocupando una curul en el Palacio Legislativo de San Lázaro, es decir, únicamente 23 por ciento eran legisladoras.

¡Señoras y señores, hasta ahí las buenas noticias!

En el otro ángulo de la información (o en el otro lado del cuadrilátero de la lucha máscara contra cabellera), resulta que a una semana del inicio del periodo de sesiones, las bancadas en ambas Cámaras designaron a sus respectivos coordinadores. Ricardo Monreal será el coordinador de Morena en el Senado, mientras que Mario Delgado lo será en la Cámara de Diputados; el PRI determinó otorgar la lid del exsecretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y en San Lázaro seguirán a René Juárez Cisneros.

Acción Nacional eligió a Damián Zepeda y Juan Carlos Romero Hicks, en Senado y Diputados, respectivamente, mientras que los perredistas nombraron al ex jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera como coordinador de senadores y a Ricardo Gallardo de los diputados.

Dante Delgado y Alberto Esquer Gutiérrez lo serán de Movimiento Ciudadano, y por el Partido Verde, serán Manuel Velasco en el Senado y Arturo Escobar, en la Cámara de Diputados.

¿Nota usted algo destacado en la lista de los nuevos coordinadores partidistas de la próxima Legislatura? Yo no notaría nada raro, a no ser porque no hay una sola mujer. Así, la ficción inicial de esta interesante (o lo que pretende ser interesante, o ya de menos hilarante, en el más estricto sentido del humor negro) cobra total sentido: tenemos paridad sin autoridad, habrá más legisladoras, pero todas estarán siguiendo la ruta que apunte un liderazgo masculino.

Las diputadas y senadoras deberán enfrentar el reto de representar los intereses de las mujeres mexicanas aunque en ocasiones esto signifique ir en contra de lo que dicten sus coordinadores. ¿Lo podrán hacer o pesará más la disciplina partidista y la defensa del hueso?

Opinión

La paciencia no se estira como un chicle

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Jorge Albarrán, 72 KB, Paciencia
Reporte Nivel Uno

                                                                                                                                                                                                                                                                                               “La tortuguita se fue a pasear”

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                           J. Revueltas

Una maraña de entidades abstractas que parecen diluirse en los espacios comunes, que pese a su aparente insignificancia, significan y se cuelan entre silencios cómplices, miradas punzantes y el ensordecedor alarido de los murmullos denigrantes.

Pero cuando estos estadios de la misoginia, terribles en sí mismos, se materializan en las más repulsivas formas de violencia y muerte, se hace evidente la necesidad de replantear el concepto contemporáneo de masculinidad para emprender la búsqueda de una co-construcción.

La lucha por la equidad no es exclusiva de las mujeres, los hombres también estamos inmersos en las dinámicas que nos han hecho creer que solo existe una forma de ser hombres, un mismo discurso hegemónico donde la masculinidad es acotada por el temor de ser excluidos de la categoría dominante, de entrar en el deshonroso terreno de lo femenino y ser considerados maricas.

Por eso, cuando este miedo se extiende, encontramos que la forma más sencilla de legitimarnos como machos es a través de una actitud donde la mujer se vuelve inferior. ¿Por qué?, porque los hombres “somos sujetos construidos sobre la negación con el otro cuerpo, somos la oposición a la Otredad”.

Simone de Beauvoir lo señaló: la mujer es lo Otro. El varón la condenó a volverse esclava o ídolo, pero siempre al servicio de sus intereses, proyectos o necesidades; incluso cuando se le atribuyeron cualidades divinas, estas parecen responder más a sus propios temores.

A la mujer se le negó la posibilidad de elegir su propia suerte. Es esta cualidad de descalificar lo Otro, de conferir a la mujer la categoría de segundo sexo, lo que ha limitado su participación en los procesos históricos, es decir, no es casualidad que a partir de la apertura que comienza a gestarse en 1869 con el Congreso Internacional de los Derechos de la Mujer, hayan comenzado a figurar agentes históricos femeninos.

De Madame Curie a Leonora Carrington demuestran que “no es la inferioridad de las mujeres lo que ha determinado su insignificancia histórica, sino que ha sido su insignificancia histórica lo que las ha destinado a la inferioridad.”

Es esta suerte de deuda histórica la que debe obligar a los varones a repensar los roles de género asignados, después de todo, en muy pocos escenarios se puede encarnar con mayor claridad y ferocidad la dialéctica hegeliana del amo y el esclavo.

La esclavitud femenina es la propia condena del varón. Judith Butler señala que a todos los sujetos les son impuestas las cualidades, esperanzas y modos en cómo han de enfrentar la vida, en base a si poseen o no un pene.

Desde el momento en que los padres descubren que su hijo es niño, la habitación se pinta de azul, se llena de cochecitos, se le compra la playera del equipo de futbol del padre y se omite por completo cualquier otra categoría que no responda al dogma común, por lo tanto se vuelve absurdo o incluso de mal gusto el siquiera pensar en darle a un varón recién nacido unas medias y unas zapatillas de ballet.

En este mismo sentido la autora plantea la necesidad de corromper a la juventud y NO, no plantea un mundo donde todas las niñas orinen de pie y los niños usen faldas rosas, sino un entorno donde se asimile la importancia del contexto para el desarrollo y la construcción de los individuos.

Sobre todo, ahora que la violencia de género se recrudece, es vital ampliar el espectro de lo que significa ser hombre y retomar estas formas marginales de masculinidad, las que viven en la sombra, ignoradas y carentes de legitimación social; porque solo a partir de ello la mujer podrá dejar de ser considerada una Otredad, la parte dominada o el objeto con fines de placer sexual.

Se debe combatir la masculinidad hegemónica que nos incita a ser mujeriegos, brabucones orgullosos de la virilidad y las conquistas sexuales, pues esta misma imposición es la que nos vedó la capacidad de llorar, de ser sensibles, cariñosos, de ser más humanos y en cambio nos aterró con el miedo a ser excluidos, el terror de ser llamados maricas.

Y no se trata de ser afeminados, sino de desarrollar “ese aspecto de la masculinidad que ancestralmente parece que tuvimos los seres humanos y que por esta revolución del patriarcado se instaló como una negación para los varones”.

Se trata de luchar, de debatirlo, de hacer visibles nuevas formas de ser hombres más humanos; dejar de ser los cobardes que se refugian en la comodidad de lo estipulado por la norma, abrazar nuestra diferencia y defenderla, de levantar los ánimos si es necesario, porque, ¿adivinen qué?… La paciencia no se estira como un chicle.

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