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La oposición de Morena ¿existe realmente?

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Con un Congreso de la Unión pintado de guinda, la pregunta inevitable es ¿quién va a (o al menos lo intentará) parar a Morena? Pese a que los partidos llamados a ser oposición son franca minoría, tienen entre sus filas nombres que invitan a pensar en una probable fracción capaz de meterle freno a la agenda del partido (y aliados) de AMLO.

| Santiago I. Soriano Condado

Los números son claros: de los 628 legisladores que conforman la Cámara de Diputados (500) y el Senado de la República (128), la coalición Juntos haremos historia (Morena, PT y Encuentro Social) controlará más del 60 por ciento del Congreso de la Unión durante la LXIV Legislatura.

Contra los 191 diputados que Morena tendrá en San Lázaro (más 61 del PT y 56 del PES; 308 en total)), la oposición que están llamados a representar el PAN, PRI y PRD apenas suman, con todo y aliados, 192 escaños.

En el Senado, la historia no es distinta. De los 69 legisladores federales de Juntos haremos historia (55 de Morena; ocho del PES y seis del PT), entre el PAN (más PRD y MC) y el PRI (con todo y el PVEM y Nueva Alianza), alcanzan apenas 59 curules.

Visto así, no hay mucho que hacer para plantarle cara a un grupo legislativo destinado a dominar plácidamente a favor del presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, quien en distintas ocasiones, al igual que la dirigente nacional de Morena, Yeidckol Polevnsky, ha advertido que su partido no se comportará como una mayoría aplastante o un tipo de aplanadora incapaz de escuchar consensos.

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Pero esos son buenos deseos y no algo más, mientras los hechos no comiencen a aparecer en ambas cámaras legislativas. De eso están conscientes en los tres partidos políticos que restan para aspirar a ser un contrapeso para el nuevo ciclo gubernamental que está por arrancar en México.

Sin embargo, cada grupo tiene sus propios demonios y al interior viven sus propias batallas tras el histórico 1 de julio en que, más allá del triunfo de AMLO, sufrieron la que probablemente sea su derrota más dolorosa, no solo por el resultado, sino por la forma en que ocurrió.

Con todo y esto, el PAN (primera fuerza opositora, al menos en los números), y el PRI, junto a los aliados de ambos, el PRD, MC, PVEM y Nueva Alianza, han tenido que rehacerse para elegir cuáles serán sus agendas para tratar de recuperar los espacios perdidos ante un cataclismo con epicentro en Macuspana, Tabasco.

Al final de cuentas todo se resume en ¿cómo van a parar a Morena, si es que alguien puede hacerlo?

El anayismo sigue vivo

Al interior de Acción Nacional todavía no ha pasado por completo el espasmo del 1 de julio, día en que su candidato presidencial Ricardo Anaya, tuvo que salir a reconocer el triunfo de López Obrador.

Pero la configuración del legislativo los ha obligado a apresurar el paso y dejar para después el tan mencionado tema de la renovación de su dirigencia nacional, donde ya varios grupos (o tribus, al estilo perredista) comienzan a disputarse el control de la toma de decisiones blanquiazules.

Para esto, dos nombres aparecieron sobre la mesa, ambos ligados a Anaya Cortés, para coordinar a sus bancadas en las cámaras de Diputados y Senadores: Juan Carlos Romero Hicks y Damián Zepeda, respectivamente.

Romero Hicks, un exgobernador guanajuatense que previamente se había destapado para dirigir al PAN, no es precisamente un incondicional de Ricardo Anaya, pero tampoco es un férreo opositor como en su momento lo fueron Javier Lozano, Roberto Gil Zuarth y Ernesto Cordero.

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Pese a su arraigado panismo (guanajuatense al final de cuentas), Romero Hicks no tuvo empacho en realizar campaña bajo los colores de su partido, los del PRD y de Movimiento Ciudadano, lo cual nunca habría ocurrido de no haber sido por su más reciente candidato presidencial.

En contraste, en el Senado, sí aparece un anayista declarado: Damián Zepeda Vidales, quien relevó al propio queretano en la dirigencia cuando se lanzó en su búsqueda por alcanzar la Residencia Oficial de Los Pinos.

Defensor e impulsor del frágil pensamiento de Anaya en el partido, el sonorense sobrevivió al vendaval que se esperaba tras la derrota del 1 de julio, dándole un tanque de oxígeno a su más grande promotor político.

Así pues, ambos personajes, Romero y Zepeda, tendrán la encomienda de solventar la agenda de Acción Nacional para la siguiente legislatura, basada en cinco puntos fundamentales:

1. Fortalecer el Sistema Nacional Anticorrupción y la Fiscalía General autónoma e independiente.
2. Restablecimiento de la Secretaría de Seguridad Pública y el Mando Policial Mixto.
3. Desarrollo económico para combatir la desigualdad.
4. Fortalecer facultades del Senado en política exterior.
5. Gobernabilidad y democracia.

Todos estos temas formaron parte de las propuestas hechas por Anaya Cortés durante su campaña presidencial, por lo que mientras la nueva dirigencia se elige, las puertas del PAN todavía guardan los restos de una carrera política que aún se aferra a no extinguirse. 

Los perredistas, entre ser o ya no ser

El PRD siempre va contracorriente. Acostumbrado a ser, desde hace varias elecciones una fuerza complementaria que requiere de negociaciones para tener cierto peso, durante la legislatura que recién empieza no será la excepción.

Luego de haberse aliado con el PAN, son varias ya las voces dentro del partido amarillo que hablan de una profunda renovación o, incluso, de la extinción del PRD para refundar un nuevo organismo político.

Paralelo a esto, se ha tenido que definir una agenda legislativa que habrá de ser guiada por los principales (y escasos) activos políticos con los que cuenta actualmente: Miguel Ángel Mancera y Juan Zepeda Hernández, como coordinador y vicecoordinador, respectivamente, de la bancada perredista en el Senado.

Uno, exjefe de gobierno de la Ciudad de México y el último que alcanzó dicha posición abanderado por el PRD desde 1997, y el otro, un carismático candidato que en 2017 sorprendió a propios y extraños en el Estado de México, cuando disputó la gubernatura a Alfredo del Mazo y Delfina Gómez.

Pese a haber sido candidateado por el PAN al Senado, Mancera fue nombrado coordinador del PRD por un acuerdo hecho en el Frente con el PAN y MC, con lo que tendrá que lidiar durante toda la legislatura, con una “mancha” de panismo en su historial.

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De acuerdo con el propio extitular del ejecutivo capitalino, la agenda perredista en el Senado se centrará en la mejora de la educación en México, las condiciones de la clase trabajadora, así como la reducción de la brecha de desigualdad, junto al impulso de oportunidades para el desarrollo económico sostenido.

Además, afirmó que esta buscará “la mejora también de los grupos en situación de vulnerabilidad, de los esquemas jurídicos y operativos para lograr una seguridad duradera en México, el pleno reconocimiento de los derechos de los pueblos y comunidades indígenas”.

Pero eso no es todo, también aseguró que trabajarán en la regulación de los gobiernos de coalición (como planteaba el Frente con Anaya como candidato), así como la revocación de mandato para el Presidente de la República, gobernadores y alcaldes, junto a la disminución del financiamiento público a los partidos políticos, al igual que la eliminación del fuero constitucional, todo esto afín con la agenda morenista y la línea de gobierno planteada de inicio por López Obrador.

De esta forma, quizá el PRD más que un aliado u opositor, luchará por seguir siendo o simplemente navegar conforme las aguas más convenientes aparezcan en su cauce.

Grupo Hidalgo, al rescate del PRI de siempre

Después del 2000, año en que también perdieron la presidencia, los priistas no habían sufrido una derrota tan estrepitosa como la del pasado 1 de julio en todos los aspectos. Tercer lugar presidencial. Ninguna gubernatura de las nueve que disputaron. Quinta fuerza política en la Cámara de Diputados. Tercera en el Senado de la República. El PRI sufrió un fuerte descalabro, pero ha echado mano de dos figuras de altos vuelos para coordinar a sus bancadas en San Lázaro y el recinto del Senado de la República.

Una de las principales figuras emana del grupo Hidalgo, que encabeza el próximo coordinador de la pequeña bancada tricolor la Cámara Alta, Miguel Ángel Osorio Chong, exgobernador de dicha entidad y quien representa lo más tradicional del priismo actual.

El otro es René Juárez Cisneros, quien hará lo propio con los diputados y quien viene de haber dirigido al PRI tras la salida de Enrique Ochoa Reza en medio de una campaña sumida en el desastre como en su momento fue la de José Antonio Meade.

Juárez Cisneros fue parte del equipo más íntimo de Osorio cuando fue secretario de Gobernación y, además, quien hace décadas repuntó como político bajo el manto de José Francisco Ruiz Massieu, padre de quien hoy dirige al PRI, Claudia Ruiz Massieu y quien además cuenta con el respaldo de los cuadros más tradicionales del priismo.

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De esta forma, ambas figuras comenzaron a comportarse como oposición al menos mediáticamente, cada cual con sus particulares formas. Por un lado, Osorio Chong declaró abiertamente su inconformidad con crear una nueva Secretaría de Seguridad Pública, la cual desapareció y cuyas funciones se sumaron a la de Gobernación cuando él se encargaba de dicha dependencia en el gobierno de Enrique Peña Nieto.

Además, afirmó hacerse responsable de dicha decisión, así como de advertir al gobierno de AMLO, que está por comenzar, que de nada servirá retomar dicha secretaría para el combate a la inseguridad en México.

René Juárez por su parte ha manifestado en distintas ocasiones que el PRI será una oposición sin cerrazón pero que tampoco será sumisa ante la mayoría abrumadora de Morena, asegurando que fijarán una postura crítica constructiva ante “todo aquello que lastime a los mexicanos”.

En términos de agenda, el PRI dio un viraje respecto a la de hace seis años, cuando los legisladores tricolores se enfocaron en la aprobación de las reformas estructurales de Peña Nieto. Hoy, en 2018, una derrota estrepitosa, después sus intenciones son esencialmente sociales. Los ejes prioritarios son la justicia social y la defensa de intereses de sectores vulnerables y marginados del país.

En su relación con el futuro gobierno, avisaron, los legisladores del PRI tendrán “total disposición al acuerdo en aquellos temas que beneficien a México, pero también habrá oposición, con la fuerza de la razón y de los argumentos, cuando se pretendan impulsar acciones que afecten al país”.

Desde San Lázaro, Juárez Cisneros destacó que los diputados habrán de impulsar la promoción de la pensión universal, el seguro del desempleo, la remuneración justa, así como la revisión del IVA y el ISR para la promoción de la inversión y el empleo.

Osorio Chong, mientras tanto, dijo que el trabajo legislativo de los senadores priistas se centrará en defender el federalismo, la protección de las economías familiar y nacional, así como la atención a problemas ambientalistas, la seguridad, así como el empoderamiento y la inclusión económica de la mujer.

Sin embargo, surge una duda con el PRI y esa es si aún contará con sus aliados, el Verde Ecologista y Nueva Alianza.

Por un lado, el PVEM eligió como coordinador de sus senadores a Manuel Velasco Coello, exgobernador de Chiapas y cuya estrecha relación con AMLO es por demás sabida, la cual data desde que era niño, pues el tabasqueño ha sido siempre amigo cercano de su abuelo, Fernando Coello Pedrero, quien en algún momento declaró que su nieto respaldaba al hoy presidente electo.

Mientras tanto, en Nueva Alianza se atraviesa un proceso de posible liquidación al no alcanzar el porcentaje para retener el registro como partido político, tal y como sucedería con Encuentro Social.

A esto, se suma la liberación de Elba Esther Gordillo, su creadora y quien tras reaparecer públicamente, quizá trate de recuperar el control de lo que antes le pertenecía: el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación(SNTE) y Nueva Alianza.

Así pues, la suma de estos nombres y agendas están llamadas a darle batalla legislativa a Morena. Toca esperar para ver si dan la pelea o terminan doblegados otra vez.

ssc

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Mitos y realidades de la economía con López Obrador: ¿vamos hacia la recesión?

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La economía del país está en medio de un estira y afloja. Por un lado, organismos internacionales, nacionales y autónomos coinciden en que México crecerá, incluso, por debajo de las expectativas menos optimistas; en contraparte, el presidente y su gobierno tienen “otros datos”. Un debate más, cortesía de la 4T.

| Santiago I. Soriano Condado

Entre renuncias y reacomodos, el primer año de gobierno de Andrés Manuel López Obrador ha sido de sacudidas en prácticamente todos los sectores del país y el económico no se ha quedado atrás.

Para el presidente no hay dudas: vamos bien, muy bien, de hecho y lo respalda con sus números.

En contraste, calificadoras internacionales, bancos, organizaciones patronales y hasta el Banco de México (Banxico) coinciden en que la de México es una economía que navega entre la incertidumbre por sus bajas expectativas de crecimiento y con miras hacia una posible recesión técnica.

Así un debate más está sobre la mesa aunque para algunos es un tema que debería ser analizado (y corregido) a la brevedad, dado el riesgo de las circunstancias en el corto, mediano y largo plazo.

Cuando ganó las elecciones presidenciales hace ya más de un año, AMLO aseguró que con su gobierno se acabaría la “larga noche del neoliberalismo” en México; pasados los meses, ya con los primeros pasos de su administración dados, su hoy ex secretario de Hacienda, Carlos Urzúa, acusa conflicto de intereses, intromisiones y la presencia de personajes que poco o nada aportan a la política económica del país.

Este conflicto al interior de la Cuarta Transformación pone de manifiesto las disputas en el gabinete del mandatario, quien lejos de dar manotazos o imponer el orden, ha dejado que estos se desarrollen en un ejercicio del libre albedrío de sus colaboradores.

Sin embargo, la baja de Urzúa acentuó las voces desde la inconexa oposición política del país, quienes acusan que su dura carta de renuncia dirigida al presidente, sumada a la entrevista que concedió la misma semana en que esto ocurrió, son muestras de que México inevitablemente se dirige a la debacle económica.

¿Hay un punto medio? Difícil (si no es que imposible) encontrarlo. Lo más sensato es, quizá, contrastar ambas posturas y a partir de ello forjar un criterio propio.

La contracción económica

De acuerdo con información disponible, la economía mexicana presenta una desaceleración mayor a la prevista, así como tener señales de debilidad durante el segundo trimestre de 2019, de acuerdo con la Junta de Gobierno de Banxico.

Asimismo, el reporte indica que el Producto Interno Bruto (PIB) de México se contrajo 0.2 por ciento durante los primeros tres meses del año, lo cual dificulta aún más la promesa de crecimiento económico al 4 por ciento anual al cierre del sexenio lopezobradorista.

La minuta del banco central afirma que “la mayoría (de la Junta de Gobierno) señaló que el balance de riesgos para el crecimiento ha ampliado su sesgo a la baja, como resultado de factores externos e internos, y algunos mencionaron que se ha tornado más incierto”.

Esos riesgos que mencionan son, a su consideración posibles dificultades con la ratificación del Acuerdo Comercial México, Estados Unidos, Canadá (T-MEC) y nuevas presiones a través de amenazas arancelarias por parte del gobierno de Donald Trump.

Un punto a destacar es que Banxico consideró de suma importancia atender el deterioro de la calificación crediticia soberana y de Pemex, haciendo énfasis en la importancia de evitar más repercusiones en la nota de la deuda de la empresa productiva del Estado, especialmente tras la baja de su calificación por parte de Fitch en junio pasado.

Pero no se detiene todo ahí.  Analistas privados que Banxico consultó recortaron la expectativa de crecimiento económico para 2019 y 2020.

En la “Encuesta sobre las expectativas de los especialistas en economía del sector privado”, que corresponde a junio de 2019, el pronóstico de crecimiento para 2019 bajó hasta 1.13 por ciento desde el 1.32 por ciento en mayo, siendo este su noveno ajuste consecutivo.

Respecto a 2020, los consultados también bajaron de 1.66 por ciento desde el 1.72 por ciento luego de que dos meses este número no se moviera.

Dichos datos corresponden a una media de pronósticos de la encuesta recopilada por el Banco de México  entre 37 grupos de análisis y consultoría económica del sector privado nacional y extranjero.

El fantasma de la recesión económica

De acuerdo con Bank of America, el riesgo de que México entre a una recesión económica técnica se hace mayor ante el pronóstico a la baja de la economía mexicana para el segundo trimestre de 2019, adicional a la caída del 0.1 por ciento en los primeros tres meses del año calendario.

Según el augurio del banco estadounidense, si México entra oficialmente en recesión, el peso podría perder valor en caso de que haya una salida de capitales.

En contraste, el martes pasado, Arturo Herrera, nuevo secretario de Hacienda y Crédito Público, dijo que el país está “aún muy, muy lejos” de una crisis económica de este tipo.

“No veo una recesión en puerta”, dijo Herrera; si embargo, expuso su preocupación ante el contexto internacional, mismo que podría repercutir en la moneda nacional, como el bajo crecimiento de las divisas de países desarrollados”.

También dijo que durante su administración en SHCP se mantendrán las metas fiscales que se fijaron en el Paquete Económico 2019, tales como el Superávit primario del 1.0 por ciento respecto al Producto Interno Bruto (PIB).

También dijo que para el Paquete Económico de 202 se seguirán tres líneas principales: mantener un marco macroeconómico sólido, seguir con la meta del superávit primario, y la estabilidad de los ingresos presupuestarios.

Los otros datos

A pesar de este panorama, el presidente López Obrador insiste en su postura. Durante el festejo por el primer año de su contundente victoria electoral en el Zócalo de la Ciudad de México se refirió a múltiples datos que invitan a compartir su optimismo.

Con esto, López Obrador resumió que México tiene finanzas públicas sanas y destacó que respeta a pesar de las contradicciones al Banco de México.

“Aunque poco, la economía está creciendo, no hay recesión y además, ahora, esto es muy importante, es menos injusta la distribución del ingreso, es decir, hay más desarrollo y más bienestar”, dijo ante el Zócalo que aplaudió su positivismo.

Días después, durante una visita por Michoacán, el presidente aseguró que “hay dos problemas que estoy atendiendo de manera directa, lo demás no me preocupa tanto, la corrupción es papita, el que haya bienestar no me preocupa, va a salir, la economía esta creciendo a pesar de que dicen lo contrario”.

Finalmente sentencio que “mi preocupación y mi ocupación está en dos asuntos, la salud y garantizar la seguridad, que haya paz y que haya tranquilidad en el país”.

Lo bueno y lo malo, según Coparmex

De acuerdo con la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), “México sigue creciendo y eso es importante destacar, aunque sea menos de lo que estábamos creciendo”.

Así lo destacó el vicepresidente de Fortalecimiento Estructural de la confederación, José Medina Mora, quien afirmó que “al principio había dicho que la economía podía crecer 2.2% ahora se ajustó a 1.4%, la región de Centro Occidente y Bajío crecerá arriba de 4%, en el sureste hay estados con crecimiento negativo y este 1.4% es un promedio, entonces es importante ver que el país sigue creciendo aunque sea de forma disparejo”.

En ese sentido, destaca claroscuros en las decisiones de AMLO, siendo algo positivo que el gobierno federal ha mantenido un “sano equilibrio fiscal y financiero”, lo que permite que la economía siga hacia delante”.

Un punto más a favor es la serie de pactos entre la iniciativa privada y gobiernos locales en Querétaro, Guanajuato, San Luis, Aguascalientes y Jalisco para el impulso del desarrollo en bloque, lo cual permitirá que dicha región crezca el 4.5 por ciento.

Pese a todo, hay preocupaciones. “Algunos indicadores que dicen que hay que hacer correcciones, el hecho de que tanto Fitch Ratings,  Moody’s y otras agencias internacionales hayan rebajado la calificación de la CFE y Pemex esto no había sucedido en 10 años, pues es alarmante. Porque es algo de cómo se ve Petróleos Mexicanos y la Comisión Federal desde afuera”, dijo la Coparmex.

AMLO mete incertidumbre a economía: EUA

Mientras tanto, desde el gobierno de Estados Unidos ven que las políticas “contradictorias” de López Obrador han inyectado incertidumbre a la economía mexicana , especialmente las que se relacionan con las finanzas de Pemex y el sector energético.

Así lo indica el Reporte sobre Cima de Inversión en México, realizado por el Departamento de Estado de EUA, donde también se menciona que el gobierno del tabasqueño socava “las reglas del juego” para los inversionistas.

Se dice también que “las perspectivas de ratificación del Tratado Comercial entre Estados Unidos, México y Canadá para 2019 y un cambio histórico en el Gobierno mexicano el 1 de diciembre de 2018 siguen siendo fuentes clave de incertidumbre para las inversiones”.

Asimismo asegura que “la administración perspectivas de ratificación del Tratado Comercial entre Estados Unidos, México y Canadá para 2019 y un cambio histórico en el Gobierno mexicano el 1 de diciembre de 2018 siguen siendo fuentes clave de incertidumbre para las inversiones”.

Otro punto que destaca es que los inversionistas ven con preocupación el debilitamiento de la Comisión Federal de Competencia Económica y la Comisión Nacional de Hidrocarburos y la Comisión Reguladora de Energía (CRE).

Afirma que el gobierno de AMLO “nombró a cuatro de los siete comisionados de la CRE pasando por encima de las objeciones del Senado, que votó dos veces para rechazar a los nominados, en parte debido a la preocupación que… erosionarían la autonomía política de la CRE”.

Piden que AMLO escuche

En medio de este debate, el diario especializado en temas económicos, el Financial Times, aseguró que tras la renuncia de Carlos Urzúa a la Hacienda mexicana, el presidente López Obrador deberá escuchar a Arturo Herrera, quien lo relevó en el cargo.

La editorial del medio estadounidense asegura que el tabasqueño “debe aceptar noticias desagradables, no seguir confiando en sus propios datos (diferentes)”.

Además destaca que “la carta de renuncia del señor Urzúa no dejó dudas sobre los motivos de su partida después de solo siete meses. Acusó al gobierno de tomar decisiones sin una justificación sólida y de imponer a funcionarios no calificados en puestos clave con claros conflictos de interés”.

López Obrador, en respuesta, aseguró que el diario debería perdirle una disculpa a México ya que “se quedó callado mientras se imponía la corrupción en México, nunca dijo nada, al contrario, aplaudía”.

¿Y qué dicen los mexicanos?

A un año de que AMLO ganó la presidencia de la República, un 54 por ciento de los mexicanos cree que la situación actual mejoró, según la encuesta México, un año después del tsunami, realizada por Consulta Mitofsky.

En esa misma encuesta, un 41.5 por ciento de los consultados cree que la situación ha empeorado, mientras que el resto no quiso responder.

Sin embargo, a pesar de la percepción de mejora, casi la mitad de los ciudadanos, un 48 por ciento, cree que la economía ha empeorado, mientras que un 37 por ciento cree que sigue igual. Un 14 por ciento cree que mejoró.

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