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Opinión

La UNAM es Fuenteovejuna

Publicado

José Luis Camacho, 66 KB, UNAM

Muchos rumores y muchos compadres.

Rumores van y rumores vienen acerca de quién o quiénes son los personajes, individuales o colectivos que manejan a los porros que todavía tienen desestabilizada a la UNAM.

Entre los individuales, podrían encontrarse los presuntos manipuladores de los porros: el exrector de la UNAM y hoy secretario de Salud, José Narro; la jefa de Gobierno electa, Claudia Sheinbaum, así como el equipo de Juan Ramón de la Fuente enquistado en los puestos claves de rectoría: el PRD a través del impresentable Mauricio Toledo; el director del Deporte Universitario, Alejandro Fernández Varela; Jesús Teófilo Licona Ferro, alias El Cobra, coordinador operativo de Vigilancia UNAM; y el senador Miguel Ángel Mancera.

La UNAM es una bomba de tiempo para Andrés Manuel López Obrador.

El conflicto puede estar amainando por lo pronto. Pero puede reaparecer en cualquier momento. Antes o inmediatamente después de que AMLO sea ungido como presidente de México.

El rector Enrique Graue está enfermo. No puede en esas condiciones físicas atender un caso tan delicado como el actual conflicto.

De acuerdo con una columna de Federico Arreola, el rector padece una enfermedad que lo incapacita físicamente, en este texto el periodista escribió lo siguiente: “La verdad de las cosas es que la insuficiencia respiratoria grave que padece es una enfermedad crónico-degenerativa que lo incapacita para rendir profesionalmente al ciento por ciento.

“La UNAM es una bomba de tiempo para Andrés Manuel López Obrador 

El rector Graue requiere oxígeno permanentemente y, por lo tanto, sus actos públicos no pueden durar mucho: como máximo hora y media”.

Para Arreola, lo peor no es la enfermedad, es que “falta oficio político”.

En dicho texto describió que “la inexperiencia política del rector complicó la reciente crisis de los porros en la UNAM. Era una crisis perfectamente evitable, pero al rector Graue se le fue de las manos por simple falta de oficio.

Enrique Graue atendió muy mal el problema, y estalló…

Recordemos que desesperados, los estudiantes del CCH Azcapotzalco realizaron una marcha pacífica ante rectoría donde fueron atacados sin que las autoridades universitarias hubieran tomado medidas de prevención y de acción como lo establece la legislación universitaria”.

“El conflicto puede estar amainando por lo pronto. Pero puede reaparecer en cualquier momento. Antes o inmediatamente después de que AMLO sea ungido como presidente de México” 

Apenas hace unos días se dio a conocer que uno de los supuestos porros expulsados del CCH Azcapotzalco, ni siquiera se encontraba en Ciudad Universitaria el día de los hechos, ya que sus abogados comprobaron con pruebas físicas que se encontraba en el Estado de México.

Eso demuestra que la rectoría está tomando medidas desesperadas, para poder sortear la crisis, pero se equivoca al no entregar a los verdaderos responsables de los hechos.

La UNAM es, y será por muchos años, un botín político para todas las fuerzas que gravitan en ese entorno nacional lleno de ambiciones y traiciones.

Opinión

Desde abajo y por la banda izquierda

Publicado

el

Jorge Albarrán, 72 KB, izquierda
Reporte Nivel Uno

En Hamburgo, Alemania, se levanta uno de los complejos deportivos más importantes de la historia del futbol; pero el Millerntor-Stadion no adquiere su valor mítico por haber albergado futbolistas icónicos, encuentros memorables ni mucho menos por poseer instalaciones elegantes. El club local, el St. Pauli, es más bien un equipo chico que pasó sin glorias por la Bundesliga y este fin de semana disputará algún partido en la segunda categoría de la liga alemana.

Sin embargo, este equipo tan malo para jugar al futbol, desde los 80 se ha vuelto un símbolo de la política de izquierda, ha velado por los migrantes, la libertad sexual y otras consignas de la contracultura. El St. Pauli hizo evidente que el futbol es más que 22 fulanos corriendo detrás de un balón.

El futbol es un rito social, una forma de afianzar a la colectividad y el sentimiento de pertenencia de los individuos. En un mundo tan polarizado como el actual, la camiseta de un equipo termina por ser la única certeza identitaria que poseen muchas personas, incluso más que hacia un partido político, porque el descontento se ha generalizado a lo largo de décadas de promesas incumplidas. Y pese a la distancia que muchos quisieran establecer, el juego, como cualquier actividad humana, no puede deslindarse de la política.

Kiko Llaneras lo expresó con una lucidez contundente: “mientras que la política es un mecanismo para conciliar conflictos verdaderos, el futbol consiste precisamente en crear conflictos falsos y mantenerlos a perpetuidad. Por eso la política importa y debe tomarse en serio, mientras que el futbol es intrascendente y debe tomarse más en serio aún”. Hoy en día, el juego encarna los ideales de un modelo capaz de justificar cualquier acción en beneficio de la acumulación desmedida de capitales y la explotación voraz de personas por personas, a través de los mercados de piernas, los sueldos ridículos y episodios tan lóbregos e indignantes como los 112 millones de euros que pagó la Juventus para comprar a Cristiano Ronaldo, al mismo tiempo que su hermana Fiat alistaba los recortes a su plantilla de trabajadores (aclaro, esto no es culpa del jugador).

Tampoco es casualidad que sea al interior de una generación hedonista y encumbrada en ideales egoístas, donde los premios individuales de los jugadores de un juego en equipo, se encumbren a la par o incluso más allá de los logros colectivos. El conjunto, el grupo, el Argentina 2 – Inglaterra 0, es reemplazado por el yo, la selfie, el “todo es culpa de Messi“.

Estas características consiguieron que grandes figuras de la intelectualidad como Jorge Luis Borges, calificaran este deporte como estúpido y obligara a Eduardo Galeano a responder con la sutileza de quien, como muchos, quiso jugar pero las piernas no le dieron: “el futbol ocupa un lugar importante de la realidad, a veces el más importante de los lugares, aunque lo ignoren los ideólogos que aman a la humanidad pero desprecian a la gente”.

Aquí es necesaria otra cita de Galeano, aunque sea muletilla, “como el tango, el futbol creció desde los suburbios. Era un deporte que no exigía dinero y se podía jugar sin nada más que las puras ganas”, dos piedras y una cosa pateable; a esta cualidad debe agradecer su popularidad y es este carácter masivo el que resguarda su poder para promover las causas que aboguen por los de abajo, los parias, los marginados, los nadie.

Cuando los futbolistas salieron a la calle en el mayo francés; cuando un jugador o un club se adhieren a una causa y transgreden el umbral de las fotos publicitarias en hospitales y ONG que los ayudan a librar impuestos, el hecho retumba y se disemina entre las consecuencias y el clamor popular. Por eso, aunque cada vez haya menos Sócrates, menos Ángel Cappas, que pasen de las proezas de la cancha a los libros rojos y los puños en alto, que se atrevan a cuestionar un modelo que nos enajenó con fantasías de consumo y, en nombre del yo, nos cegó ante la desigualdad, al tiempo que parece vedarnos el concepto de Para todos, todo.

El futbol sigue siendo político, aún posee la capacidad y ¿la responsabilidad? de abogar por un mundo más justo, menos Balones de Oro y más Tiki-Taka. Al final, he de reconocer que “todo lo que sé con mayor certeza sobre la moral y las obligaciones de los hombres, se lo debo al futbol”… o al menos eso dicen que dijo el portero del Racing Universitario de Argel, un tal Albert Camus, en sus inicios, cuando despejaba en cortito para salir jugando desde abajo y por la banda izquierda.

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