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Del Bisnes al “Emprendedurismo” y los “Franquiciatarios”

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Carlos, 76 KB, bisnero

Siempre los conocí como “bisneros”… “Salió bueno pa’l bisnes”, decían cuando alguien era muy buen negociante y de todo sacaba su buena tajada. Pero, como todo, cuando se institucionalizó (y la economía mexicana se “changarrizó”) fue necesario buscarle un nuevo mote: emprendedor. Y así, los “bisneros” subieron de categoría.

Dicen algunos que el primer gran emprendedor (¿o “bisnero”?) fue Cristóbal Colón. Y es que, inicialmente, la palabra emprender, del latín in ‘en’ y prendere ‘tomar’, se utilizaba para referirse a los aventureros y militares.

De acuerdo con el portal peruano PQS, la primera definición formal en español de la palabra emprendedor se dio en 1732, en el Diccionario de autoridades: “Persona que determina hacer y ejecutar, con resolución y empeño, alguna operación considerable y ardua”. El término, así definido, proviene del francés entrepreneur, que a su vez derivó del verbo entreprendre, originado en el siglo XIII.

El profesor Russel S. Sobel, en el sitio web de la Biblioteca de Economía y Libertad (Econlib), señala que el primer uso académico de entrepreneur ocurrió alrededor de 1730, en voz de Richard Cantillon, quien, según PQS, lo describió como “persona que paga un precio por un producto, para luego revenderlo a un precio incierto, admitiendo consecuentemente el riesgo”… o sea, un “bisnero”.

Más adelante, el afamado economista inglés John Stuart Mill popularizó y precisó la expresión para referirse a una persona que asume tanto el riesgo como la administración de un negocio. Fue así como llegamos al término anglosajón: entrepreneurship, que puso en aprietos, como siempre, al español.

Y es que, aun cuando el vocablo estaba registrado en el primer diccionario de la Real Academia Española (RAE), el Diccionario de autoridades (1726-1739), tal parece que era todo un problema explicar en español cómo se le decía a lo que hace un emprendedor: ¿emprendurismo?, ¿emprendedurismo?, ¿emprendeduría?…

A tal grado que, apenas en 2010, el entonces secretario y actual director de la RAE, Darío Villanueva, propuso la incorporación de la palabra emprendimiento al diccionario, lo cual ocurrió en 2013, con la publicación de la vigésimo tercera edición de este.

De acuerdo con el diario El Correo Gallego, Villanueva apuntó que es un sustantivo natural que procede del verbo emprender y su acepción está relacionada con acometer empresas: “Se refiere precisamente a esto y viene de una cultura muy ligada a las universidades, empresas de base de transferencia de conocimientos I+D+I, que nacen por un fundamento de conocimiento”.

A cinco años de distancia, se siguen utilizando traducciones inadecuadas de entrepreneurship, no solo en el ámbito empresarial —que es ferviente seguidor de usar términos anglosajones y “castellanizarlos”, en el mejor de los casos—, sino también en espacios educativos, informativos, gubernamentales, etc., tanto en México como en otros países latinoamericanos.

Así, en internet pueden encontrarse ejemplos como: “Emprendedurismo por la Excelencia Académica”, del diario El Sol de Tulancingo; “Las cuatro E’s del emprendedurismo”, de la revista Entrepreneur; y declaraciones como: “Si alguna vez tropiezan, no son más que lecciones que avivan y que le van a imprimir mayor vigor a lo que se propongan en sus vidas personales, en los proyectos profesionales y de emprendedurismo que están realizando”, según transcribió El Universal las palabras del presidente Enrique Peña Nieto en una nota de 2016.

El acabose del uso inadecuado del término está en el portal del Instituto Nacional del Emprendedor, donde, si bien no son recientes, es posible encontrar boletines de prensa con títulos como: “Participa el INADEM en la 50a. Sesión del Grupo de Trabajo para PyMES y Emprendedurismo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE)” o “INADEM y USAID fortalecen estrategia para promover el emprendedurismo y el apoyo a la innovación a nivel global”.

Ya entrados en gastos, y a propósito de “bisneros”, últimamente han sonado con mayor fuerza las palabras “franquiciante” o “franquiciador” y “franquiciatario” o “franquiciado”, pero ninguna de ellas se encuentra en el diccionario. Sin embargo, la Fundación del Español Urgente (Fundéu BBVA) ha dicho: “En el mundo de los negocios, y especialmente en el campo de las franquicias, hace tiempo que emplean el verbo franquiciar con el sentido de conceder una franquicia y los términos franquiciado y franquiciador para aludir, respectivamente, al licenciatario de una franquicia y a quien la concede. Dada la extensión de su uso, es de suponer que acabarán imponiéndose con los significados que se señalan”.

En lo personal, ninguna me convence, y mientras no existan en el diccionario, prefiero evitarlas. No obstante, la Asociación Mexicana de Franquicias piensa diferente, y dice que: “Un Franquiciante es una persona emprendedora, en ocasiones impaciente, quien ya ha generado su concepto de negocios y quiere replicarlo en el mundo entero. Mientras que el Franquiciatario suele ser cauteloso, mantiene una visión reservada, sobre todo cuando su dinero está en juego. Aunque el primero sea el dueño del negocio, el Franquiciatario también se siente propietario porque es su dinero el que se encuentra en riesgo”.

Ya veremos en unos años si se aceptan estas nuevas palabras y cómo las definen. Mientras tanto, como yo salí medio malito pa’l bisnes —esta sí es una palabra aceptada— y “hasta pa’ pedir limosna hace falta capital”, diría mi abuela, por eso mejor me dedico a escribir.

Así que ya sabe: al buen emprendedor, poco “emprendedurismo”; y no siempre el “franquiciante” que “franquicie” una franquicia, buen “franquiciador” será.

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Un mexicano me dijo…

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Un mexicano, 93 KB, mexicano

Hay riña en el equipo de AMLO.

No todo es miel sobre hojuelas en el equipo del presidente electo, pues a tres meses de haber ganado la elección, nos dicen que hay serios enfrentamientos entre Marcelo Ebrard, Ricardo Monreal, Porfirio Muñoz Ledo, y el próximo consejero jurídico de AMLO, Julio Scherer Ibarra. ¡Póngase de acuerdo, pues!

Tensión entre AMLO y Silvano Aureoles.

El que sigue placeándose por todo el país con el “con que” de su gira de agradecimiento es el presidente electo, quien aprovecha para de paso reunirse con los gobernadores de cada estado, donde recientemente tocó el turno a Michoacán, donde gobierna Silvano Aureoles.

Me platicaron que la reunión entre el gobernador y AMLO fue poco más que incómoda. Sin una sola sonrisa de por medio. Tensa. Ríspida. ¿Y eso por qué? ¿Pos qué ya no se acuerdan? Silvano le dio su apoyo a José Antonio Meade durante la campaña presidencial y, además, durante todo el año se la pasó “muele y muele” con que el PRD no debía someterse a AMLO (aunque sí lo hizo al PAN, pero bueno, esa es otra historia) ni a sus deseos.

Aparte, es bien sabido que desde que ambos coincidieron en el partido amarillo nomás no se tragan. Pese a esto, nos dicen que quien se vio menos a gusto en dicha reunión fue el gobernador, que ahora deberá tener una relación, quiera o no, con el tabasqueño. ¡Ah, cómo da vueltas la vida, Silvanito!

Mancera, culpable de la crisis perredista.

Donde las cosas también andan color de hormiga es en el seno del Perderé… que diga: ¡del PRD! Un documento que anda circulando entre las tribus del sol azteca afirma que un solo hombre es el culpable de las peleas entre las corrientes perredistas: ¡Miguel Ángel Mancera! Ora sí que ya lo traen de su puerquito.

Cuentos chinos de Peña Nieto.

¡Ora pues! No se olviden que todavía tenemos presidente en México y ese es Enrique Peña Nieto, quien ya anda en la gira del adiós, pero todavía se da tiempo de desmentir uno que otro chisme.

Luego de que un par de versiones periodísticas de mis colegas Darío Celis y Salvador García Soto aseguraran que el presi se irá del país cuando acabe su sexenio, el mismo EPN aseguró que esos son “cuentos chinos”, insistiendo en que volverá a su natal Edomex a vivir la vida después de Los Pinos.

Lo que sí es de llamar la atención es la diligencia con que atajó este tema y no otro que a muchos nos tiene intrigadísimos: su posible divorcio de La Gaviota. Desde hace meses se viene rumorando fuerte una separación de la aún pareja presidencial, e incluso hemos notado que Peña ¡ya tiene un buen rato sin usar su argolla matrimonial! Sobre esto: ni una sola palabra.

¿Qué pues? ¿Será que siempre sí el que calla, otorga?

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