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¿México en bancarrota?

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Foto: Especial.

El presidente electo causará polémica una y otra vez, no importa cuándo digamos esto. Lo principal ahora es preguntar (y responder) si en realidad México está en bancarrota como afirmó el tabasqueño.

| Santiago I. Soriano Condado

Andrés Manuel López Obrador retomó la plaza pública y con ello, volvieron las declaraciones que escandalizaron a más de uno: México “está en bancarrota”.

Las respuestas vinieron por todas partes. La Secretaría de Hacienda de inmediato contestó a López Obrador que no, que México sostenía una economía estable y la suficiente liquidez; a su vez, los empresarios del país respaldaron a José Antonio González Anaya, titular de la dependencia.

El Banco Mundial también aseguró que el país guarda una situación macroeconómica solvente, pero fue cauteloso en su aclaración, pues pidió interpretar correctamente las palabras del próximo presidente.

Sin embargo, las voces a favor también se alzaron, especialmente la del coordinador de Morena en el Senado de la República, Ricardo Monreal, quien en un par de ocasiones reiteró que México sí se encuentra en bancarrota e incluso aseguró que el nuevo gobierno recibirá un país “hecho pedazos”.

Ante la presión, AMLO aclaró que quizá no usó correctamente el término “bancarrota”, pero sí habló de que el México de hoy está sumido en una crisis de pobreza, inseguridad, violencia, consecuencia de “30 años de políticas neoliberales”.

¿Tiene razón Andrés Manuel?

Antes se debe definir qué es la bancarrota. Tal condición es cuando una persona, empresa o incluso una nación anuncia que es incapaz de pagar las deudas que tiene.

Partiendo de esto, pese a que los niveles de deuda en el país se han elevado de manera importante, México está “a años luz”, según declaraciones de la organización “México ¿cómo vamos?”, de encontrarse en dicha condición

“A nivel macroeconómico tenemos cosas sólidas; sí, a nivel microeconómico hay muchos temas que resolver, como salarios, productividad, distribución del ingreso, pobreza”, comentó su directora, Valeria Moy, a Animal Político

Los números de la Secretaría de Hacienda indican que a finales de 2017 la deuda externa pública federal era de 194 mil millones de dólares, equivalentes a 46.2 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB)

Sin embargo, “México Evalúa” hace una advertencia: “Pese a que es cierto que México no está en bancarrota, pero el país se ha manejado de tal forma sus finanzas públicos que, si no se cambian las formas de administrarlo, sí se puede llegar a esa condición más temprano que tarde”.

Ya estuvimos en bancarrota

Aunque no existan condiciones para hablar de tal situación, México ya pasó por ella en 1982, durante el gobierno de José López Portillo.

Corría agosto de aquel año cuando Jesús Silva Herzog, entonces titular de Hacienda, dio a conocer que se suspendían los pagos a acreedores extranjeros, para darle paso a una renegociación de la deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y Estados Unidos.

Otros casos parecidos son los de Grecia en 2015, que llegó a declararse incapaz de pagar sus deudas, lo cual ameritó una serie de rescates por parte de la comunidad europea, tras la crisis que lo llevó a pique desde 2008.

Mientras tanto en América, un caso parecido fue Argentina, el cual según especialistas es un ejemplo sin igual de país que estuvo en bancarrota, luego de que en 2001 no pudo seguir pagando su deuda externa.

El horizonte financiero de AMLO

Será hasta el 1 de diciembre cuando López Obrador reciba la banda presidencial y formalmente arranque su gobierno.

Desde ese momento se enfrentará con el hecho de que su predecesor incrementó las comisiones de la deuda pública, al igual que el pago de intereses, lo cual se traduce en recortes que inhibieron la inversión pública en infraestructura.

En América Latina, México, al igual que Guatemala, es uno de los países que actualmente menos invierte en esa materia respecto a su PIB, según datos del Banco Mundial.

Así, para evitar la bancarrota de la que habló AMLO en Tepic, Nayarit, el próximo gobierno deberá hacer una importante reasignación del gasto público, donde se priorice evaluar el impacto de programas presupuestales, especialmente los de programas sociales, para evitar duplicidades que representen fugas de las arcas públicas.

A esto también pueden sumarse los efectos de los 50 puntos de austeridad republicana que en su momento el propio López Obrador anunció, junto a los que ya se llevan a cabo en el Poder Legislativo.

Habrá que esperar su efecto en el presupuesto federal durante los tiempos del tabasqueño.

ssc

Economía

El gran encierro derrumba la fantasía petrolera en el mundo… y México

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Foto: Especial.

Los precios internacionales del crudo pasan por las peores dificultades registradas en el siglo, consecuencia de la incertidumbre que genera en los mercados financieros El Gran Confinamiento a causa de la pandemia por el coronavirus. La pregunta es crítica: ¿Se acabó la fantasía petrolera para el mundo?

Santiago I. Soriano Condado

Ni regalado lo querían. De ese tamaño fue el fondo que el petróleo tocó a mediados de abril, justo cuando la pandemia del coronavirus azotaba con toda su fuerza a Europa y América del Norte.

El crudo estadounidense West Texas Intermediate (WTI) para entrega durante mayo inició el lunes 20 de abril con una cotización de 18 dólares por barril y pasó de forma estrepitosa a un negativo histórico nunca antes visto de -35.22 dólares al cierre de la jornada.

En consecuencia, la mezcla mexicana también sufrió el mismo efecto y cotizó también por primera vez en su historia en números negativos al colocarse en -2.22 dólares.

A pesar de que el efecto duró solamente un día su impacto podría ser de consecuencias irreparables para la mayoría de las economías petrolizadas en el mundo, incluida la del México gobernado por Andrés Manuel López Obrador.

Dicha sacudida al WTI también alcanzó al Brent, el petróleo de referencia europeo y del resto del mundo, que a pesar de no haber tocado precios negativos sí cayó un 8.90 por ciento en un mismo día.

Las razones de este golpe, marcan el camino hacia el futuro del petróleo cuando pase el encierro mundial por el coronavirus.

¿Por qué cayó tanto?

El principal factor de este desplome fue que el martes 21 de abril finalizó en Estados Unidos el plazo para cerrar los contratos de petróleo para entrega en mayo, lo cual significa que para entonces quien tenga un contrato así deberá cumplirlo y encargarse del petróleo que le será entregado ese mes.

Ante tal escenario, los compradores cayeron en desesperación por romper a como diera lugar dichos contratos y dárselos a quien quisiera guardar físicamente esos barriles.

En pocas palabras: hay mucho petróleo y las empresas ya no tienen dónde guardarlo. Literalmente preferían pagar para que se lo llevaran a seguir almacenándolo pues resultaría más costoso que el mismo precio del crudo, lo cual originó los históricos precios negativos de aquella jornada inédita.

Esto se sumo a el hecho de que los precios en el futuro inmediato serían más bajos que los actuales, lo que desde luego borra toda intención de comprar petróleo en estos momentos tan complejos.

Otro elemento que sumó en la caída libre del WTI está vinculado con que la capacidad física de almacenamiento de Estados Unidos se encuentra muy mermada por la acumulación de inventarios.

Saturación y demanda

De esta forma, la saturación de los inventarios y la caída de los petroprecios son consecuencia de el camino incierto que durante los últimos meses el mercado ha tomado por el efecto doble del exceso de producción y un paro súbito en la demanda.

Cabe recordar que desde que inició el 2020, los precios del crudo ya venían a la baja en consecuencia con el exceso productivo y la caída de la demanda en China, donde comenzó la crisis del coronavirus y con ello el freno a la actividad económica. Eran los primeros indicios de lo que ocurriría a escala global.

Pero lo que acabó por empeorar todo sucedió en marzo, mes en el que Rusia rechazó una propuesta de Arabia Saudita para reducir su producción en 1.5 millones de barriles diarios para tratar de evitar lo que finalmente sucedió.

Así, una guerra de precios entre árabes y rusos terminó por hundir el valor del petróleo, llevándose de por medio a las bolsas de todo el mundo en medio de una crisis de salud que a estas alturas aún no acaba por resolverse.

La negativa mexicana

Luego de que el jaloneo de negociaciones entre Moscú y Riad desató una guerra de precios, la Organización de Países Exportadores de Petróleo y aliados (OPEP+) tuvo que reunirse de emergencia para alcanzar un acuerdo… que casi se rompe gracias a México.

Sin embargo, gracias a la intervención de Donald Trump, presidente de Estados Unidos, la OPEP+ logró acordar reducir en 10% por ciento la producción mundial petrolera a partir del 1 de mayo.

El gobierno de Andrés Manuel López Obrador se negó en un principio en reducir en 400 mil barriles diarios su producción, alegando que solamente eran posible 100 mil.

Durante­ una conferencia matutina en Palacio Nacional, el propio López Obrador dijo que la OPEP+ hizo esa petición, pero argumentó que la diferencia con México es que su producción no era como la de Arabia Saudita, que produce 12 millones de barriles.

En ese contexto, él mismo informó que negoció con el presidente Trump para que Estados Unidos absorbiera los barriles que México finalmente no redujo a cambio de que después serían reembolsados.

Todo esto sucedió ocho días antes de que las empresas comenzaran a pagarle a terceros para que se llevaran el petróleo de sus almacenes.

Quizá ya era tarde

De acuerdo con el economista petrolero venezolano José Toro Hardy en declaraciones concedidas a la BBC, el acuerdo de la OPEP+ probablemente llegó tarde, ya que un recorte de 9.6 millones de barriles diarios es insuficiente porque es mucho menor a la caída de la demanda que se ha generado desde que la situación del coronavirus detonó en Asia.

“En este momento, prácticamente todo el planeta está en cuarentena. No hay consumo de gasolina en los autos, en los aviones, en los buques. La caída de la demanda ha sido tan brusca que se presentan distorsiones muy fuertes”, asegura el sudamericano.

Aunque poco a poco la oferta y la demanda se recuperarán, no es posible saber cuándo pasará hasta que el mundo sepa que finalmente ha controlado la epidemia.

Tras el cataclismo, los precios se recuperaron y operaron de nueva cuenta en números positivos, en gran medida porque existe la nueva esperanza de que la reactivación económica sucederá pronto.

El caso mexicano

Sin embargo, lo que ocurrió ya con el petróleo será un duro golpe para los productores y es probable que borre del mapa de producción a los que sumen dos variables: ser ineficientes y cuyos costos de producción sean muy elevados.

En términos reales, el impacto de la caída en la economía mexicana aún está por verse, especialmente si se toma en cuenta que la actividad petrolera del país es de apenas el 4 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), lo cual es 50 por ciento menor a lo que representaba hace 10 años.

A esto se suma que México contrató una cobertura petrolera para 2020, misma que cubre un precio de 49 dólares por barril con el objetivo de protegerse ante la inevitable fluctuación de precios y de esta manera garantizar los ingresos.

El gran “pero” está en el plan económico de López Obrador, donde la extracción de crudo es una de las principales prioridades junto al rescate de Pemex, que sigue atravesando una crisis de producción desde hace décadas, misma que ha ido en declive con el aumento de la misma desde que arrancó el sexenio en 2018.

Esto también choca con datos del Banco de México (Banxico), los cuales revelan que el petróleo de nuestro país actualmente se colocó a mediados de abril en los precios más bajos desde hace casi 22 años.

Actualmente, el escenario no es más alentador, pues para mayo, mes en que inicia la reducción petrolera acordada con la OPEP+, la mezcla mexicana cerró el primer día en 12.5 dólares, es decir apenas 307.53 pesos por barril.

Las pérdidas de Pemex

Por si fuera poco, la empresa productiva del Estado perdió medio billón de pesos de enero a marzo de 2020, lo cual fue superior a todas las pérdidas de 2019 y, además, es también mayor a todo su presupuesto para este año.

Pemex reportó ante la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) una pérdida de 562 mil 250 millones de pesos (mdp) frente a los 346 mil mdp registradas el año pasado.

La razón por lo que esto pasó, dijo en su reporte trimestral de resultados, fue por l a debilidad del peso frente al dólar que ocasionó una pérdida cambiaria por 469 mil mdp.

“Esta partida de valuación o virtual, es decir, no implica salidas de flujo de efectivo”, declaró la compañía en el documento.

Para colocarlo en contexto, Pemex recibió un presupuesto de 523 mil 400 mdp para 2020, según los criterios generales de política económica de Hacienda. La empresa reportó la semana pasada un recorte de 40 mil 500 millones ante la crisis de precios que vive el sector petrolero.

Asimismo, sus ventas totales disminuyeron 20.3 por ciento a 320 mil mdp por las menores ventas nacionales y de exportación.

El documento también refiere que “las variables más importantes que explican esta situación son la caída del precio de la mezcla mexicana de exportacion y menores precios de rerferencia de gasolinas y diésel“.

Ante ese panorama, el mundo y México quizá resienten el fin de una era a la que todos se resistirán renunciar. Otra realidad que el coronavirus ha transformado cuando nadie estaba listo para ello.

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Reporte Nivel Uno No. 115

Política

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