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Mejor educación, menor consumo de drogas

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Opinión, 60 KB, educación

Entre los distintos temas de la agenda política nacional destacan dos que los diputados del PRD consideramos de urgente discusión y consenso: la pretensión de derogar la reforma educativa y el riesgo de que el poderío económico de los grupos criminales logre un control total sobre el Estado en un futuro próximo.

La derogación de la reforma educativa en manos de diputados de Morena pertenecientes a la CNTE es demasiado riesgosa para México. A los maestros-diputados se les está dando en las manos una bomba que más que desactivarla, pueden detonarla, y causarle un grave retroceso al país, sobre todo, por el belicismo y la rebeldía que siempre han caracterizado a esta organización magisterial.

Cuando la reforma esté en sus manos, Morena no le dejará una sola coma, pero sí podrían integrar una a modo de los reformadores: semanas laborales de martes a jueves, como acostumbran los maestros de la CNTE en Oaxaca, y con el inminente retorno de Elba Esther Gordillo al liderazgo del SNTE, la primera educación que recibirán las nuevas generaciones es cómo este país funciona a través de la impunidad, el tráfico de influencias y la simulación de la justicia.

Para los diputados del PRD, la reforma educativa contiene aspectos que deben conservarse, como la evaluación docente, y la persistencia de organismos como el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), que contribuya en el diseño de políticas que enriquezcan la manera en que se enseña en nuestro país.

No estamos de acuerdo en la persecución de los maestros ni en que se sancionen por sus resultados, pero sí consideramos relevante que mantengan una capacitación continua. Antes de desechar la reforma educativa y de que los maestros de la CNTE y del SNTE celebren con juegos pirotécnicos el retorno a sus prebendas, a la venta de plazas y al control político, el presidente electo y sus aliados en el Congreso de la Unión deberían fijarse en países como Singapur, el más pequeño de la región geográfica donde se ubica y el más competitivo gracias a su proyecto de educación iniciado a mediados de la década de los sesenta.

Singapur es un país pequeño, sin petróleo u otros recursos que le permitan subsistir a raíz de su comienzo como nación; sin embargo, implementó un ambicioso proyecto de educación que le permitió a sus ciudadanos acceder al conocimiento teórico y práctico, y potencializar los servicios que brindaban en el intercambio comercial como Hong Kong, China y Malasia. Sin petróleo, con una extensión territorial mucho menor que México y con menos de un siglo de existencia como nación soberana, Singapur es hoy uno de los países más desarrollados del mundo, con un buen nivel de vida de sus ciudadanos.

Pero su educación no es laxa. No está en control de tutores con ganas de enseñar de martes a jueves ni de maestros ciegos a la ofensiva opulencia de su líder magisterial, sino que es regida y supervisada por un Estado consciente de que le cuesta menos invertir en educación que en combatir la corrupción y la delincuencia. Con la intención de Morena de derogar la reforma educativa, se refrenda la intención del aparato de Estado de mantener en la ignorancia a los mexicanos para controlarnos, para promover la corrupción, el dispendio de recursos públicos y el enriquecimiento ilícito.

Insistimos en que la cuarta transformación no será posible derogándola en su totalidad; sin embargo, confiamos en un punto de reflexión que le permita a la mayoría en las Cámaras preservarla, modificando solo los aspectos negativos de esta.

Evitar el “narcoestado”

Hace varias semanas, la Comisión Global de Política de Drogas presentó su Informe 2018, “Regulación: el control responsable de las drogas”, en el que advierte que los grupos criminales obtienen ganancias por 320 mil millones de dólares anuales y que su poder económico puede superar la capacidad de los gobiernos, al grado de poder comprarlos para producir, traficar y comercializar drogas sin ninguna objeción.

El propio expresidente Ernesto Zedillo, integrante de dicha Comisión, reconoció que la política prohibicionista no fue lo mejor y que ahora, el reto de las naciones es apostarle a una regulación en el consumo de algunas drogas consideradas “menos perjudiciales” y centrar los esfuerzos en el combate al tráfico internacional de estas. Considerando los estudios sociales, de salud pública y seguridad que se han redactado sobre este tema, el grupo Parlamentario del PRD presentó una iniciativa en la Cámara de Diputados que busca ajustar diversas disposiciones de la Ley General de Salud para eliminar toda restricción para el uso de la marihuana con fines recreativos.

La propuesta también plantea la despenalización del cultivo para el consumo personal y el cultivo doméstico de hasta tres plantas, sin necesidad de registro alguno. También proponemos eliminar los cinco gramos para portación y consumo personal de cannabis, y que sea la autoridad federal –a través de dependencias como la Secretaría de Salud, SAGARPA y Gobernación¬– quien emita la normatividad respecto al consumo, cultivo, procesamiento, distribución, transporte y venta de cannabis.

No estamos descubriendo el hilo negro, estamos poniéndonos del lado de la razón, de la única alternativa que tenemos los mexicanos por ahora para despresurizar la indignación, la intolerancia y la decepción del pueblo de México por los más de 100 mil muertos en manos de la delincuencia en el presente sexenio.

Las corporaciones policiales están infiltradas. El Ejército causa daños a civiles en su combate contra los cárteles y no hay voluntad de ninguno de los tres Poderes de la Unión para en verdad aplicar mano dura a los delincuentes. Por ahora, civilizar las adicciones, por lo menos, las de drogas como cannabis es lo único posible para disminuir toda esta barbarie. Por cierto, un país con mejor educación puede también contribuir a reducir tanto el consumo de drogas como los índices de violencia.

Opinión

La paciencia no se estira como un chicle

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Jorge Albarrán, 72 KB, Paciencia
Reporte Nivel Uno

                                                                                                                                                                                                                                                                                               “La tortuguita se fue a pasear”

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                           J. Revueltas

Una maraña de entidades abstractas que parecen diluirse en los espacios comunes, que pese a su aparente insignificancia, significan y se cuelan entre silencios cómplices, miradas punzantes y el ensordecedor alarido de los murmullos denigrantes.

Pero cuando estos estadios de la misoginia, terribles en sí mismos, se materializan en las más repulsivas formas de violencia y muerte, se hace evidente la necesidad de replantear el concepto contemporáneo de masculinidad para emprender la búsqueda de una co-construcción.

La lucha por la equidad no es exclusiva de las mujeres, los hombres también estamos inmersos en las dinámicas que nos han hecho creer que solo existe una forma de ser hombres, un mismo discurso hegemónico donde la masculinidad es acotada por el temor de ser excluidos de la categoría dominante, de entrar en el deshonroso terreno de lo femenino y ser considerados maricas.

Por eso, cuando este miedo se extiende, encontramos que la forma más sencilla de legitimarnos como machos es a través de una actitud donde la mujer se vuelve inferior. ¿Por qué?, porque los hombres “somos sujetos construidos sobre la negación con el otro cuerpo, somos la oposición a la Otredad”.

Simone de Beauvoir lo señaló: la mujer es lo Otro. El varón la condenó a volverse esclava o ídolo, pero siempre al servicio de sus intereses, proyectos o necesidades; incluso cuando se le atribuyeron cualidades divinas, estas parecen responder más a sus propios temores.

A la mujer se le negó la posibilidad de elegir su propia suerte. Es esta cualidad de descalificar lo Otro, de conferir a la mujer la categoría de segundo sexo, lo que ha limitado su participación en los procesos históricos, es decir, no es casualidad que a partir de la apertura que comienza a gestarse en 1869 con el Congreso Internacional de los Derechos de la Mujer, hayan comenzado a figurar agentes históricos femeninos.

De Madame Curie a Leonora Carrington demuestran que “no es la inferioridad de las mujeres lo que ha determinado su insignificancia histórica, sino que ha sido su insignificancia histórica lo que las ha destinado a la inferioridad.”

Es esta suerte de deuda histórica la que debe obligar a los varones a repensar los roles de género asignados, después de todo, en muy pocos escenarios se puede encarnar con mayor claridad y ferocidad la dialéctica hegeliana del amo y el esclavo.

La esclavitud femenina es la propia condena del varón. Judith Butler señala que a todos los sujetos les son impuestas las cualidades, esperanzas y modos en cómo han de enfrentar la vida, en base a si poseen o no un pene.

Desde el momento en que los padres descubren que su hijo es niño, la habitación se pinta de azul, se llena de cochecitos, se le compra la playera del equipo de futbol del padre y se omite por completo cualquier otra categoría que no responda al dogma común, por lo tanto se vuelve absurdo o incluso de mal gusto el siquiera pensar en darle a un varón recién nacido unas medias y unas zapatillas de ballet.

En este mismo sentido la autora plantea la necesidad de corromper a la juventud y NO, no plantea un mundo donde todas las niñas orinen de pie y los niños usen faldas rosas, sino un entorno donde se asimile la importancia del contexto para el desarrollo y la construcción de los individuos.

Sobre todo, ahora que la violencia de género se recrudece, es vital ampliar el espectro de lo que significa ser hombre y retomar estas formas marginales de masculinidad, las que viven en la sombra, ignoradas y carentes de legitimación social; porque solo a partir de ello la mujer podrá dejar de ser considerada una Otredad, la parte dominada o el objeto con fines de placer sexual.

Se debe combatir la masculinidad hegemónica que nos incita a ser mujeriegos, brabucones orgullosos de la virilidad y las conquistas sexuales, pues esta misma imposición es la que nos vedó la capacidad de llorar, de ser sensibles, cariñosos, de ser más humanos y en cambio nos aterró con el miedo a ser excluidos, el terror de ser llamados maricas.

Y no se trata de ser afeminados, sino de desarrollar “ese aspecto de la masculinidad que ancestralmente parece que tuvimos los seres humanos y que por esta revolución del patriarcado se instaló como una negación para los varones”.

Se trata de luchar, de debatirlo, de hacer visibles nuevas formas de ser hombres más humanos; dejar de ser los cobardes que se refugian en la comodidad de lo estipulado por la norma, abrazar nuestra diferencia y defenderla, de levantar los ánimos si es necesario, porque, ¿adivinen qué?… La paciencia no se estira como un chicle.

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