Conecte con nosotros

Opinión

El abogado de las abejas

Publicado

Fausto Kubli, 54 KB, Fausto Kubli

En fechas recientes el presidente Enrique Peña Nieto sostuvo que deja a la siguiente administración un país altamente productivo en términos agrícolas y con un buen número de cifras récord tanto en producción como en exportaciones.

Nuestro país ha apostado al libre mercado y tenemos relaciones comerciales con las economías más fuertes del mundo y sin que quepa la menor duda, la noticia del todavía presidente es de celebrarse. Sin embargo, hay que pensar un poco más allá de esta producción tan exitosa, histórica, y me refiero al costo ambiental de ese logro.

Solo para ilustrar un poco: cada fresa que se vende en el mercado utilizó 15 litros de agua, esto se traduce en que la producción de fresas utilizó el equivalente de agua que se usa en Guadalajara durante un año. También hay que tomar en cuenta el uso de fertilizantes, pesticidas, herbicidas químicos que son muy productivos, pero poco amigables con el medio ambiente. Este escenario es un logro para las autoridades de la Secretaría de Agricultura, pero un fracaso para la Secretaría de Medio Ambiente.

Gracias a Norman Borlaug –quien obtuvo el premio Nobel de la Paz en 1970– se logró incrementar la producción agrícola en todo el mundo a partir de la hibridación, el monocultivo y el uso de productos químicos. Conocida como la Revolución Verde, este patrón productivo sacó de la hambruna a mil millones de seres humanos. México tuvo un papel protagonista en este paradigma, dado que fue aquí que se desarrollaron nuevas variedades genéticas de maíz y trigo.

Además, se albergó en nuestro país el Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT). Este modelo productivo tuvo sacrificios sociales y culturales, la milpas que son sistemas agrícolas milenarios tendieron a desaparecer. En una milpa coexisten muchos productos agrícolas y cada uno tiene funciones definidas. Por ejemplo, el chile aleja insectos, la calabaza fija nitrógeno en el suelo para que crezcan maíces, es un sistema.

Sin embargo, a la milpa le llegó la frase de Thomas Robert Malthus, quien sostenía que mientras la población crecía en términos geométricos [2, 4, 8, 16, 32, 64], la producción alimenticia lo hacía aritméticamente [2, 4, 6, 8, 10, 12]. Solo hay que ponerse a pensar cómo ese modelo productivo podría alimentar a la población de la Ciudad de México.

Tanto en México, como en el mundo, por muchos medios, se ha denunciado la utilización de productos químicos y su impacto en los hatos de abejas. Recientemente, el senador Jorge Carlos Ramírez Marín solicitó un punto de acuerdo por el cual se exhorta a incluir, como una estrategia nacional de sanidad animal, medidas para la preservación de las abejas.

Las antophilas, como se conoce científicamente a las abejas, son responsables de polinizar el 70 por ciento de todos los cultivos del mundo, esto es, que sin estos pequeños insectos no habría suficiente alimentación para toda la especie humana. En la medida en que desaparezcan las abejas, disminuirá la agricultura en varios sectores. En este escenario, no solamente está expuesta la desaparición de la producción de miel y todos los productos que se relacionan a la apicultura, se trata de un tema silenciosamente delicado: las abejas necesitan un abogado.

En especial en México, el uso de químicos en la agricultura con neonicotinoides, que por cierto esta sustancia está prohibida en Europa, representan un verdadero riesgo para las abejas. En principio, las pueden eliminar, lo cual es una catástrofe; de igual manera, pueden recolectar polen y producir miel con trazas de ese químico, lo cual pondría en riesgo a la salud humana y disminuye la calidad de los productos derivados o, simplemente, podría causarles un daño neurológico a la abejas, lo que les impediría regresar a los panales, teniendo también severas consecuencias.

Ahora bien, se suma a lo anterior, las malas prácticas agrícolas en México, en donde existe poco o cero control en la distribución de estos productos altamente recalcitrantes con el medio ambiente, en donde, en muchas ocasiones, el campesino usa –por desconocimiento– pesticidas de manera que pone en riesgo su salud y la de los demás. Este desorden debe corregirse inmediatamente.

El caso de los apicultores de Calakmul, Campeche, puede servir de referente nacional para repensar las prácticas agrícolas. Conozco de primera voz que Porfirio Uribe, director de la asociación civil “Productores Orgánicos de Calakmul”, está impulsando la idea de consolidar a ese municipio como el primero de muchos en ser enteramente de producción orgánica.

En principio, se trata de la producción de miel orgánica, dado que se desarrolla en la zona de amortiguamiento de esta enorme reserva de la Biósfera. En este sentido, la aspiración de la agricultura mexicana debe venir acompañada del importante lugar que tiene México como poseedor de una vasta biodiversidad. Para lograr este objetivo, se deben llevar a cabo varios esfuerzos para desarrollar técnicas agrícolas mucho más limpias y respetuosas con el ambiente, más allá de los modelos que se tienen hoy.

Es importante señalar que en una empresa de tal magnitud no se debe excluir a ningún actor, al contrario, cada uno (como las abejas) tiene una función específica. La investigación científica es un primer paso para que comience una verdadera política agrícola-ambiental disruptiva; el papel del sector social es fundamental: dentro de los procesos sociales hay prácticas ancestrales que podríamos rescatar, hay que tomar en cuenta que es en las áreas de mayor concentración biológica, también son de alta densidad poblacional de grupos originarios; las empresas que desarrollan tecnología también tienen una posición importante, son ellas las que pueden ofrecer una infraestructura sólida y con experiencia para instrumentar mejores prácticas.

En este concierto, la protección del medio ambiente, la conservación y el mantenimiento de hábitats debe ser la base de funcionamiento. Al final de cuentas, el desarrollo sustentable es la conciliación de intereses económicos, sociales y ambientales. Si logramos ese nivel de comunicación y entendimiento, eliminando prejuicios de todas partes, en un futuro las secretarías de Agricultura y de Medio Ambiente darán conjuntamente buenas noticias.

En este periodo de la historia humana, el problema de la producción alimenticia es un problema ambiental que repercute en la pérdida de ecosistemas, en la contaminación de suelos, de cuerpos de agua, en la desaparición de especies, en el gasto energético que está asociado al cambio climático, en síntesis: esto debe cambiar.

Ha llegado el momento en que todos los sectores interesados tomen decisiones para que producción alimenticia y medio ambiente no sean antagónicos.

Opinión

La paciencia no se estira como un chicle

Publicado

el

Jorge Albarrán, 72 KB, Paciencia
Reporte Nivel Uno

                                                                                                                                                                                                                                                                                               “La tortuguita se fue a pasear”

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                           J. Revueltas

Una maraña de entidades abstractas que parecen diluirse en los espacios comunes, que pese a su aparente insignificancia, significan y se cuelan entre silencios cómplices, miradas punzantes y el ensordecedor alarido de los murmullos denigrantes.

Pero cuando estos estadios de la misoginia, terribles en sí mismos, se materializan en las más repulsivas formas de violencia y muerte, se hace evidente la necesidad de replantear el concepto contemporáneo de masculinidad para emprender la búsqueda de una co-construcción.

La lucha por la equidad no es exclusiva de las mujeres, los hombres también estamos inmersos en las dinámicas que nos han hecho creer que solo existe una forma de ser hombres, un mismo discurso hegemónico donde la masculinidad es acotada por el temor de ser excluidos de la categoría dominante, de entrar en el deshonroso terreno de lo femenino y ser considerados maricas.

Por eso, cuando este miedo se extiende, encontramos que la forma más sencilla de legitimarnos como machos es a través de una actitud donde la mujer se vuelve inferior. ¿Por qué?, porque los hombres “somos sujetos construidos sobre la negación con el otro cuerpo, somos la oposición a la Otredad”.

Simone de Beauvoir lo señaló: la mujer es lo Otro. El varón la condenó a volverse esclava o ídolo, pero siempre al servicio de sus intereses, proyectos o necesidades; incluso cuando se le atribuyeron cualidades divinas, estas parecen responder más a sus propios temores.

A la mujer se le negó la posibilidad de elegir su propia suerte. Es esta cualidad de descalificar lo Otro, de conferir a la mujer la categoría de segundo sexo, lo que ha limitado su participación en los procesos históricos, es decir, no es casualidad que a partir de la apertura que comienza a gestarse en 1869 con el Congreso Internacional de los Derechos de la Mujer, hayan comenzado a figurar agentes históricos femeninos.

De Madame Curie a Leonora Carrington demuestran que “no es la inferioridad de las mujeres lo que ha determinado su insignificancia histórica, sino que ha sido su insignificancia histórica lo que las ha destinado a la inferioridad.”

Es esta suerte de deuda histórica la que debe obligar a los varones a repensar los roles de género asignados, después de todo, en muy pocos escenarios se puede encarnar con mayor claridad y ferocidad la dialéctica hegeliana del amo y el esclavo.

La esclavitud femenina es la propia condena del varón. Judith Butler señala que a todos los sujetos les son impuestas las cualidades, esperanzas y modos en cómo han de enfrentar la vida, en base a si poseen o no un pene.

Desde el momento en que los padres descubren que su hijo es niño, la habitación se pinta de azul, se llena de cochecitos, se le compra la playera del equipo de futbol del padre y se omite por completo cualquier otra categoría que no responda al dogma común, por lo tanto se vuelve absurdo o incluso de mal gusto el siquiera pensar en darle a un varón recién nacido unas medias y unas zapatillas de ballet.

En este mismo sentido la autora plantea la necesidad de corromper a la juventud y NO, no plantea un mundo donde todas las niñas orinen de pie y los niños usen faldas rosas, sino un entorno donde se asimile la importancia del contexto para el desarrollo y la construcción de los individuos.

Sobre todo, ahora que la violencia de género se recrudece, es vital ampliar el espectro de lo que significa ser hombre y retomar estas formas marginales de masculinidad, las que viven en la sombra, ignoradas y carentes de legitimación social; porque solo a partir de ello la mujer podrá dejar de ser considerada una Otredad, la parte dominada o el objeto con fines de placer sexual.

Se debe combatir la masculinidad hegemónica que nos incita a ser mujeriegos, brabucones orgullosos de la virilidad y las conquistas sexuales, pues esta misma imposición es la que nos vedó la capacidad de llorar, de ser sensibles, cariñosos, de ser más humanos y en cambio nos aterró con el miedo a ser excluidos, el terror de ser llamados maricas.

Y no se trata de ser afeminados, sino de desarrollar “ese aspecto de la masculinidad que ancestralmente parece que tuvimos los seres humanos y que por esta revolución del patriarcado se instaló como una negación para los varones”.

Se trata de luchar, de debatirlo, de hacer visibles nuevas formas de ser hombres más humanos; dejar de ser los cobardes que se refugian en la comodidad de lo estipulado por la norma, abrazar nuestra diferencia y defenderla, de levantar los ánimos si es necesario, porque, ¿adivinen qué?… La paciencia no se estira como un chicle.

Seguir leyendo
Anuncios

Revista Digital

Política

CDMX

Anuncios

Tienes que leer