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Un mexicano me dijo…

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Mexicano, 93 KB, Mexicano

“Lo que empieza mal, mal terminal”, esta es la frase que AMLO no le gusta escuchar de su equipo -nos comentan-, pues en algunos círculos consideraron como exagerada la cancelación de la construcción del aeropuerto en Texcoco. Nos refieren que senadores de Morena obedecen “incondicionalmente” a su jefe, no obstante algunos ya expresaron, tras bambalinas por supuesto, su preocupación por la tormenta económica que podría venir.

Hace algunos días el presidente electo dijo que “Televisa es extraordinaria para el país” y días después Ricardo Salinas Pliego logró la ampliación por 20 años la concesión de TV Azteca. Tal parece que las televisoras lograron, desde la campaña misma, hacer las paces con López Obrador, aunque vaya a recortar el 50 por ciento en el gasto de publicidad gubernamental.

El equipo que se encargará de la seguridad en el próximo sexenio ha puesto todas las canicas en la legalización de la marihuana y la ha puesto como uno de los ejes principales en la recuperación de la paz en México. Nos comentan que, a pesar de que el tema de las drogas no es muy bien visto por el presidente electo, su equipo ha logrado convencerlo de que ésta es una ruta viable en la lucha contra la inseguridad.

Los empresarios que se vieron afectados con la cancelación del aeropuerto en Texcoco aprendieron a la mala una lección: No se juega con el nuevo gobierno. Es así como los empresarios pasaron de mandamases a estar a expensas de la voluntad del pueblo. AMLO ya les dijo que se tranquilizaran, que su dinero y sus contratos quedarán intactos

Opinión

La Siriquisiaca nos hace los mandados

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Carlos, 76 KB, Siriquisiaca

Si algo hay seguro en la vida es que, como dice mi sabia madre, “del rayo se salva uno; pero de la raya, no”; porque, por más que intentemos burlarla, la calaca “tilica y flaca”, al final, siempre nos encontrará. Pero eso no significa que, cada año en temporada de cempasúchil, dejemos de mofarnos de la Catrina o de la “Señora de Muchos Rostros”, como quizá le llamaríamos si Juego de tronos (Game of Thrones) fuera una serie mexicana.

Ya lo dijo Octavio Paz en El laberinto de la soledad: “Para el habitante de Nueva York, París o Londres, la muerte es la palabra que jamás se pronuncia porque quema los labios. El mexicano, en cambio, la frecuenta, la burla, la acaricia, duerme con ella, la festeja, es uno de sus juguetes favoritos y su amor más permanente. Cierto, en su actitud hay quizá tanto miedo como en la de los otros; mas al menos no se esconde ni la esconde; la contempla cara a cara con impaciencia, desdén o ironía: ‘si me han de matar mañana, que me maten de una vez'”.

Quizá por eso la nombramos con decenas de motes: huesuda, pelona, afanadora, copetona, pachona, amada inmóvil, chicharra, pálida, siriquisiaca, dama de la guadaña, seria, igualadora, apestosa, descarnada, impía, parca, tembeleque, dientona, blanca, jijurria, patrona, tía de las muchachas, chirrifusca, fría, llorona, paveada, güera, calva, coatacha, hedionda, mocha, pepenadora, tilinga, canica, Coatlicue, novia fiel, tiznada, veleidosa, triste, chifosca, chicharrona, costal de huesos, comadre, cargona, canaca, cabezona, enlutada, doña Osamenta, doña Huesos, desdentada, democrática, dama del velo, dama delgada, chupona, chiripa, chingada, indeseada, hilacha, fregada, flaca, estirona, espirituosa, patas de popote, patas de ixtle, patas de hilo, mera hora, María Guadaña, malquerida, liberadora, jodida, zapatona, trompada, tostada, raya, polveada… y demás apodos recogidos por el artista queretano Érik de Luna en su lotería de los 100 nombres que los mexicanos le dan a la muerte.

Pero, llámese como se llame, no nos importa, pues seguimos jugando con ella… y, a final de cuentas, la siriquisiaca nos hace los mandados. Es cierto: si no se es mexicano resulta difícil entender por qué hablamos de muerte en tiempos violentos y nos burlamos de ella, al menos en fechas en que aparece la “flor de los veinte pétalos” e ilumina el camino de vuelta de quienes “se adelantaron en el viaje”. Dijo Paz: “La indiferencia del mexicano ante la muerte se nutre de su indiferencia ante la vida. El mexicano no solamente se postula la intranscendencia del morir, sino del vivir. Nuestras canciones, refranes, fiestas y reflexiones populares manifiestan de una manera inequívoca que la muerte no nos asusta porque ‘la vida nos ha curado de espantos'”.

Aunque ello no impide que sintamos rabia y alcemos la voz por los 13 periodistas asesinados en nuestro país en lo que va de este año, ni que dejemos de sentir como nuestras las palabras de la premiada reportera mexicana Alma Guillermoprieto cuando asegura que “matan a un periodista para intimidar a todos”, pero “hacemos falta en este mundo” para hablar de los horrores que se viven en él y evitar la confusión. Y es que, como mexicanos, una de nuestras principales armas es la palabra —más en Día de Muertos, con los tradicionales versos de las “calaveritas”—; y nada impedirá que la usemos para seguir burlándonos de doña Catrina cuando “colguemos los tenis”, “devolvamos el envase”, “pasemos a mejor vida”, “estiremos la pata”, “chupemos faros”, “se nos funda el chip”, “entreguemos el equipo”, “nos cargue el payaso”, “nos quedemos fritos”, “valgamos madre”, “bailemos con la más fea”… o, como dirían en Colombia, “nos paletiemos” (por aquello de quedarnos helados, como paleta), o “agarremos pista”, según dice un buen amigo ecuatoriano.

Es cierto: si no se es mexicano es difícil comprender por qué, pese a la tragedia, en uno de los carros del Ejército que desfiló el pasado 16 de septiembre había una mano que simulaba estar enterrada entre los escombros del 19-S y saludaba efusivamente a los asistentes. Es cierto: es políticamente incorrecto burlarse cuando hay familias que perdieron a sus seres queridos. Pero, al menos, más allá de religiones, estos días nos permiten recordar con gozo a quienes ya “devolvieron el envase”, por el solo hecho de ser mexicanos.

Porque, Paz dixit, “nuestra muerte ilumina nuestra vida”. Así volvemos a creer en nuestras raíces indígenas: deseamos que ellos vuelvan, se tomen una copa y coman un pozole con nosotros, en ese altar que preparamos para el reencuentro; y que charlemos y nos allanen el camino al otro lado, con ayuda de más xoloizcuintles. Porque por mucho Halloween que nos quieran meter a punta de mercadotecnia, por fortuna, aún hay niños pidiendo “calaverita” para sus muertos; y las catrinas y catrines retoman poco a poco su lugar dentro de nuestra cultura popular.

Y como “pretextos quiere la muerte, para llevarse al enfermo”, la Choropedia optó por aprovechar la temporada para recuperar el elegante lenguaje que aflora en los mexicanos cuando de la dientona se trata. Así que ya sabe, como dice Herón Pérez Martínez en el Refranero mexicano: “chingue a su madre la muerte, mientras la vida nos dure”.

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