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Mariguana y libertades

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Fausto Kubli, 54 KB, mariguana

Finalmente la Suprema Corte de Justicia de la Nación ha invalidado un paquete de artículos de la Ley General de Salud que prohíben actos como la siembra, cultivo, cosecha, preparación, adquisición, posesión, comercio, transporte, prescripción médica, suministro, empleo, uso y consumo de la mariguana. Lo primero que hay que celebrar es que el máximo tribunal enfrente este tipo de desafíos y que sus sentencias se traduzcan en cambios significativos en el país, porque en este escenario las resoluciones de la Corte son un generador de políticas públicas.

También es de destacarse que la jurisprudencia aborde el siempre espinoso camino de la libertad y sus alcances, tales como la privacidad y sus diferentes dimensiones. Sin embargo, consideramos en todo este entramado una falta de cuidado en las sentencias en tanto que no garantizan el derecho a la salud de las personas al no prescribir un mecanismo que debe ser fundamental en este tipo de decisiones: la prevención, control y tratamiento de adicciones. Tanto la libertad como la privacidad son conceptos polivalentes; es decir, hay vaguedad en su significado y como muchos otros términos, su definición no se clarifica con una sola frase.

Aunque todo mundo sepa qué son la libertad y la privacidad, articularlos conceptualmente es una tarea ardua, normalmente todos los valores humanos son los peores en definir y he ahí que elaborar una sentencia sobre estos temas esté asociado a un trabajo intelectual altamente especializado. El Estado Moderno, me refiero al basado en las ideas de la Ilustración, tiene como aspiración estar sustentado en la libertad. Al respecto, esta idea libertaria se dispersó por todo el constitucionalismo, el derecho civil y la mayoría de las instituciones. En el caso del orden jurídico mexicano no se encuentra en ninguna parte de la Constitución un concepto de libertad, pero sí establece de manera dispersa su funcionamiento.

La expresión más liberal que se pueda encontrar está incorporada en el artículo 16 que dice: “Nadie puede ser molestado en su persona, familia, domicilio, papeles o posesiones, sino en virtud de mandamiento escrito de la autoridad competente, que funde y motive la causa legal del procedimiento”. En este sentido, la libertad se traduce en la mínima intervención del poder público en la vida de las personas y solo podrá la autoridad hacer actos de injerencia [molestia] cuando esté justificado [motive] y sea legal [funde]. En todo caso, las personas podemos ejercer nuestra libertad hasta que exista un límite marcado por el interés general y expresado en una norma jurídica.

Ahora bien, parte de la argumentación de la derogación de distintas disposiciones de la Ley General de Salud se basó en el libre desarrollo de la personalidad, que también significa que el poder público debe abstenerse de conducir las decisiones de las personas. Conocida en la doctrina jurídica de los Estados Unidos como la interferencia decisional (decisional interference), a grandes rasgos -al tenor de este conjunto de ideasel poder público no tiene la legitimidad suficiente para hacer intromisiones en las decisiones de las personas. Su significado está centrado en los aspectos de la vida que son considerados socialmente como los más íntimos. La doctrina de la interferencia decisional en la Corte Suprema de los Estados Unidos tiene una trayectoria que comenzó en el siglo XIX y que se ha pulido y decantado en una serie de sentencias que anulan leyes que han interferido en las decisiones de las personas.

Aunque las materias que inciden en este derecho son variadas, hay un común denominador en las decisiones sobre la sexualidad, control natal, adicciones y un abundante número de formas en que el desarrollo de la personalidad puede asociarse. El libre desarrollo de la personalidad se extiende al derecho de una persona o personas a ser libres de tomar decisiones sin interferencia del poder público en materias fundamentales que les afecten en su vida, esto incluye el establecimiento de un plan de vida individual. Es importante destacar los elementos que revisten a este tipo de derechos que, sin duda, están dispersos en el orden jurídico y que su definición ha reposado más en la interpretación de los tribunales que en normas de fuente legal.

Con respecto a la mariguana, concuerdo en dejar a la persona libre de escoger si quiere usarla o no para los fines que decida, como también se tiene el derecho de consumir alcohol. Sin embargo, no considero que el poder público deba estar sumido en la pasividad. Las políticas públicas –si bien no deben ser prohibitivas, sino persuasivas– deberán difundir los riesgos que conlleva consumir mariguana y limitar la publicidad al grado de establecer mecanismos de concientización para que no sea usada, ya que aletarga el pensamiento, provoca pérdida de la memoria y también puede ser un promotor de esquizofrenia, entre otros efectos negativos.

Los defensores del consumo de la mariguana han llegado al grado de hacer apologías impresionantes y siempre entran en comparación con el alcohol y los cigarros; sin embargo, y aunque si es cierto que el consumo de alcohol es mucho mas letal, la mariguana no deja de ser un psicotrópico. Cabe destacar que para efectos de la Ley, el Tetrahidrocannabinol, sustancia activa de la mariguana, está considerado de bajo valor terapéutico, pero como un importante problema de salud pública (245, fracción I). Por otro lado, también hay que ser estrictos con el uso de suelo agrícola que debiera estar fundamentalmente orientado a la producción de alimentos y que no exista la posibilidad de que tierras de producción alimenticia ahora tornen a la producción de cannabis.

El argumento del libre desarrollo de la personalidad fue un caballo de Troya que tenía en sus entrañas a otra libertad: la del comercio. Son básicamente empresarios ávidos de formalizar una rama industrial que les va a producir jugosas regalías. Ahí puede entrar por la vía fiscal, otra política pública que favorezca al derecho a la salud. Finalmente, como política de combate al crimen, sin duda, no tiene un ápice de eficacia, dado que la delincuencia organizada está altamente diversificada en otros delitos como el secuestro, los opiáceos, la cocaína, el robo de combustible, que no se van a sacudir con la liberación de la mariguana. También es importante destacar cómo el alcohol y los cigarros de tabaco son consumidos por menores de edad.

Esperemos que se haga una estrategia de controles mas estricta en la venta y distribución en estos productos y en su momento, por supuesto, de la mariguana.

Opinión

La paciencia no se estira como un chicle

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Jorge Albarrán, 72 KB, Paciencia
Reporte Nivel Uno

                                                                                                                                                                                                                                                                                               “La tortuguita se fue a pasear”

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                           J. Revueltas

Una maraña de entidades abstractas que parecen diluirse en los espacios comunes, que pese a su aparente insignificancia, significan y se cuelan entre silencios cómplices, miradas punzantes y el ensordecedor alarido de los murmullos denigrantes.

Pero cuando estos estadios de la misoginia, terribles en sí mismos, se materializan en las más repulsivas formas de violencia y muerte, se hace evidente la necesidad de replantear el concepto contemporáneo de masculinidad para emprender la búsqueda de una co-construcción.

La lucha por la equidad no es exclusiva de las mujeres, los hombres también estamos inmersos en las dinámicas que nos han hecho creer que solo existe una forma de ser hombres, un mismo discurso hegemónico donde la masculinidad es acotada por el temor de ser excluidos de la categoría dominante, de entrar en el deshonroso terreno de lo femenino y ser considerados maricas.

Por eso, cuando este miedo se extiende, encontramos que la forma más sencilla de legitimarnos como machos es a través de una actitud donde la mujer se vuelve inferior. ¿Por qué?, porque los hombres “somos sujetos construidos sobre la negación con el otro cuerpo, somos la oposición a la Otredad”.

Simone de Beauvoir lo señaló: la mujer es lo Otro. El varón la condenó a volverse esclava o ídolo, pero siempre al servicio de sus intereses, proyectos o necesidades; incluso cuando se le atribuyeron cualidades divinas, estas parecen responder más a sus propios temores.

A la mujer se le negó la posibilidad de elegir su propia suerte. Es esta cualidad de descalificar lo Otro, de conferir a la mujer la categoría de segundo sexo, lo que ha limitado su participación en los procesos históricos, es decir, no es casualidad que a partir de la apertura que comienza a gestarse en 1869 con el Congreso Internacional de los Derechos de la Mujer, hayan comenzado a figurar agentes históricos femeninos.

De Madame Curie a Leonora Carrington demuestran que “no es la inferioridad de las mujeres lo que ha determinado su insignificancia histórica, sino que ha sido su insignificancia histórica lo que las ha destinado a la inferioridad.”

Es esta suerte de deuda histórica la que debe obligar a los varones a repensar los roles de género asignados, después de todo, en muy pocos escenarios se puede encarnar con mayor claridad y ferocidad la dialéctica hegeliana del amo y el esclavo.

La esclavitud femenina es la propia condena del varón. Judith Butler señala que a todos los sujetos les son impuestas las cualidades, esperanzas y modos en cómo han de enfrentar la vida, en base a si poseen o no un pene.

Desde el momento en que los padres descubren que su hijo es niño, la habitación se pinta de azul, se llena de cochecitos, se le compra la playera del equipo de futbol del padre y se omite por completo cualquier otra categoría que no responda al dogma común, por lo tanto se vuelve absurdo o incluso de mal gusto el siquiera pensar en darle a un varón recién nacido unas medias y unas zapatillas de ballet.

En este mismo sentido la autora plantea la necesidad de corromper a la juventud y NO, no plantea un mundo donde todas las niñas orinen de pie y los niños usen faldas rosas, sino un entorno donde se asimile la importancia del contexto para el desarrollo y la construcción de los individuos.

Sobre todo, ahora que la violencia de género se recrudece, es vital ampliar el espectro de lo que significa ser hombre y retomar estas formas marginales de masculinidad, las que viven en la sombra, ignoradas y carentes de legitimación social; porque solo a partir de ello la mujer podrá dejar de ser considerada una Otredad, la parte dominada o el objeto con fines de placer sexual.

Se debe combatir la masculinidad hegemónica que nos incita a ser mujeriegos, brabucones orgullosos de la virilidad y las conquistas sexuales, pues esta misma imposición es la que nos vedó la capacidad de llorar, de ser sensibles, cariñosos, de ser más humanos y en cambio nos aterró con el miedo a ser excluidos, el terror de ser llamados maricas.

Y no se trata de ser afeminados, sino de desarrollar “ese aspecto de la masculinidad que ancestralmente parece que tuvimos los seres humanos y que por esta revolución del patriarcado se instaló como una negación para los varones”.

Se trata de luchar, de debatirlo, de hacer visibles nuevas formas de ser hombres más humanos; dejar de ser los cobardes que se refugian en la comodidad de lo estipulado por la norma, abrazar nuestra diferencia y defenderla, de levantar los ánimos si es necesario, porque, ¿adivinen qué?… La paciencia no se estira como un chicle.

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