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López Obrador: El presidente que tiene prohibido fallar

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Foto: Cuartoscuro.

Ya es presidente de México. Andrés Manuel López Obrador asumió el poder y desde el día uno reiteró lo dicho en campaña; su oferta, más allá de replicar las promesas hechas, radica en un hecho: no fallarle a los millones de mexicanos que votaron por él.

| Santiago I. Soriano Condado

“No tengo derecho a fallar”. Esta fue una de las muchas frases que lanzó el presidente Andrés Manuel López Obrador en su primer discurso, uno donde criticó duramente al neoliberalismo y, de pasó, a todos sus antecesores… especialmente a Enrique Peña Nieto, al cual tenía a un lado.

El primer día del tabasqueño como titular del Poder Ejecutivo estuvo lleno de simbolismos y de hechos sin precedentes para una investidura presidencial.

Los contrastes con las tomas de protesta anteriores fueron marcadas. En 2012, el primer día de Peña Nieto como presidente estuvo marcado por manifestaciones que provocaron enfrentamientos con la policía capitalina, mientras que en 2006, Felipe Calderón tuvo que ingresar por una puerta trasera hasta la tribuna de San Lázaro.

López Obrador salió de su casa, en el número 90 de la calle Cuitláhuac, en la colonia Tiorello Guerra, al sur de la Ciudad de México, en medio de una multitud que dificultaba el tránsito de su ya icónico Jetta blanco, mismo que careció de cualquier tipo de vigilancia (visible, al menos) en su trayecto hasta la cita histórica en el Palacio Legislativo.

Al ofrecer su primeras palabras como mandatario, López Obrador agradeció “las atenciones” de Peña Nieto, enalteciendo la no intervención en su ascenso al poder, poniéndolo en un costal aparte de “otros” que sí lo hicieron, en clara referencia a Felipe Calderón y, sobre todo, Vicente Fox.

Quizá recordando aquel 2005, la última vez que estuvo en esa misma tribuna donde también pronunció un discurso para defenderse del proceso de desafuero que hubo en su contra, Andrés Manuel después dio paso a una remembranza del “fracaso del modelo económico neoliberal” que se aplicó en México durante los últimos 36 años en México.

Se apegó a su bandera, al asegurar que “nada ha dañado más a México que la deshonestidad de los gobernantes y de la pequeña minoría que ha lucrado con el influyentismo”.

En sus ya recurrentes referencias históricas, el presidente recordó la bonanza del crecimiento económico de dos de sus sucesores de extracción priista: Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz, pero sin mencionarlos.

Mejor prefirió referirse a quien fue secretario de Hacienda en ambos periodos, el abogado Antonio Ortiz Mena, del cual presumió su falta de formación como economista y destacando que en esos dos sexenios México crecía al 6 por ciento anual, sin inflación y además sin aumento en la deuda pública.

Luego asestó el primer golpe al peñanietismo, que recién había concluido: “la reforma energética, que nos dijeron vendría a salvarnos, solo ha significado la caída en la producción de petróleo y el aumento desmedido en los precios de las gasolinas, el gas y la electricidad”.

A un par de pasos, el ahora expresidentes escuchaba, probablemente recordando la explicación que ofreció en enero de 2017 cuando insistió en que el aumento de casi el 20 por ciento al precio de los combustibles no respondía a la reforma, sino a la imperiosa necesidad de dejar de subsidiar a cambio de no poner en riesgo los programas sociales de su gobierno.

Pero luego vino la absolución.

“No habría cárceles suficientes”

Andrés Manuel López Obrador explicó al Congreso de la Unión que su intención era buscar regenerar “de verdad, la vida pública de México”.

Explicó que si se abren expedientes a manera de persecución contra personajes con sospecha de corrupción, tendría que arrancar “con los de mero arriba , tanto del sector público y privado”.

¿El motivo? Porque no habrían juzgados ni cárceles suficientes para procesarlos a todos, pero sobre todo porque México entraría en un ánimo de fractura, conflicto y confrontación, lo cual implicaría usar tiempo, energía y recursos que podrían utilizarse en regenerar al país.

Pero pronunció otras palabras que probablemente develen su verdadera intención: “que no haya persecución a los funcionarios del pasado, y que las autoridades encargadas desahoguen en absoluta libertad”.

Luego vino el anuncio de la creación de la Comisión de la Verdad por Ayotzinapa, a lo que siguió un conteo hasta 43 por parte de los legisladores de Morena, el cual retumbó en todo el recinto.

Entonces vino la oferta que hizo días antes de asumir la presidencia, en una entrevista que concedió a Carmen Aristegui: “todos estos asuntos se van a consultar a los ciudadanos”.

A la presidencia, después de muchos años

También hubo lugar para recordar la lucha de 12 años. “En mi caso, como en la mayoría de los que forman parte de este gran movimiento, sin dejar la dignidad en el camino, manteniendo en alto nuestros ideales, nuestros principios. En mi caso particularmente, también en el de muchos otros, mujeres y hombres, mi honestidad, que es lo que estimo más importante en mi vida”.

Dado el enorme respaldo que obtuvo en la elección del 1 de julio, López Obrador se declaró preparado para “no fallarle a mi pueblo”, subrayando el hecho de no tener derecho a fallar.

Para ello ofreció 16 horas de trabajo diario en seis años, con el fin de dejar “muy avanzada la obra de transformación”, advirtiendo que hará “cuanto pueda” para evitar regresiones que sus adversarios buscarán lograr.

Y, sabedor también de la sospecha que hay en sus formas, aclaró que no piensa reelegirse, sino al contrario, reiterando que se someterá a una revocación de mandato en dos años y medio.

“Acepto el reto y les invito a participar para celebrar juntas y juntos, el esplendor y la grandeza futura de nuestro querido México”.

La investidura del Zócalo

Después de la ceremonia en San Lázaro, volver a dejarse sentir por las masas en su trayecto a Palacio Nacional y degustar un menú típico mexicano con sus más de 400 invitados internacionales, el presidente López Obrador volvió al Zócalo.

Marcha de la Lealtad, versión 2018.

Marcha de la Lealtad, versión 2018.

En esa misma plaza pública, la de mayor importancia en México y muy seguramente en su vida, López Obrador culminó un andar de luchador social llegando de nuevo a ella como presidente de México.

Ahí se pronunció contra su desafuero tras ir, como este año, primero al Congreso. Desde ahí lanzó su resistencia en contra del fraude electoral en 2006. También en el Zócalo se erigió como líder opositor y emprendió su lucha contra la Reforma Energética. Ahí decidió que Morena se convertiría en partido político; cinco años después celebró el triunfo arrollador en las urnas la noche del 1 de julio, extendiéndose hasta los primeros minutos del día siguiente.

En este simbólico sitio, López Obrador recibió en una emotiva ceremonia el Bastón de Mando de los pueblos originarios de México, los cuales le recordaron que confían en él, resaltando aún más el hecho de que es el primer presidente que recibe esta distinción por parte del pueblo indígena.

López Obrador se arrodilló, siempre flanqueado por su esposa (mas no primera dama), Beatriz Gutiérrez. El incienso, dispersado para purificarlo en el camino que comenzaba ese día, llenó rápidamente al Zócalo.

Después dio su primer discurso como presidente desde la plaza pública. Ahí enlistó 100 compromisos de su gobierno con el pueblo, siendo todos de corte social.

Pidió nuevamente la ayuda de la gente, pues sin ellos “no valgo nada o casi nada”. La aclamación se mantuvo por todo lo alto, a la vez que les recordaba que por encima de todo “estamos ante un momento estelar de la historia”.

Hace 13 años, cuando lo desaforaron, le recordó a aquella legislatura que faltaba que la historia los juzgara junto a él. En el arranque de la Cuarta Transformación, esas mismas palabras servirán para acompañar al presidente López Obrador.

ssc

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Gobierno de AMLO dice adiós al efectivo para erradicar corrupción

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Foto: Especial.

El presidente AMLO puso en la mesa la eliminación del efectivo ejerciendo como una estrategia para combatir la corrupción. La idea es simple: sin una persona como intermediaria en la entrega de los apoyos sociales, la posibilidad de un acto de corrupción se reduce radicalmente. De igual modo, la banca en México ha volteado a esta posibilidad y el proceso para disminuir el uso del dinero convencional parece estar más adelantado. ¿Será este el fin del efectivo en México?

A partir del 1 de abril arrancó el programa piloto del sistema de Cobro Digital (CoDi), el cual fue desarrollado por el Banco de México en asociación con la banca privada y la Secretaría de Hacienda y Crédito Público con miras a jubilar, de una vez por todas, el uso del efectivo.
Este sistema, el cual debe ser adoptado por to- dos los bancos operantes en el país con más de 3 mil cuentas en septiembre, contempla el uso del teléfono móvil para poder hacer cobros y pagos. Éste sistema no solo tiene como objetivo reducir el uso del efectivo, sino también llevar los servicios financieros a los mexicanos que históricamente han sido relegados de estos productos.

En un inicio, se pondrá en operación tres programas piloto con una duración entre tres y cuatro meses; en uno de ellos la Secretaría de Hacienda distribuirá por medio de la banca digital y el CoDi los apoyos de un programa social dirigido a jóvenes.

En la segunda etapa, impulsará el uso de esta plataforma en una ciudad con una población menor a 150 mil habitantes. En dicha urbe se buscará modificar la cultura financiera y se tomará como ejemplo para replicar el modelo en otros lugares, sobre todo aquellas localidades que tienen difícil acceso a los servicios financieros.

El periodo de prueba concluirá en una población muy pequeña en donde no exista sucursal bancaria. Ahí será la prueba final de esta tecnología de servicios financieros.

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¿Por qué AMLO impulsa no usar efectivo?

Siendo Andrés Manuel López Obrador presidente electo, dio a conocer cinco temas prioritarios a de- finir antes de iniciar su mandato y uno de ellos tenía que ver con los sistemas de pago “para dispersar los recursos económicos para los beneficiados de los programas sociales, donde no hay inclusión financiera o sucursales bancarias”.

Según datos oficiales, los programas sociales atendieron en el último año de Enrique Peña Nieto a más de 15 millones de personas con apoyos mensuales y bimensuales, para un total de 90.9 millones de transferencias que deben dispersarse en al menos 200 mil localidades.

En el gobierno del presidente López Obrador, la base de beneficiarios aumentará aproximadamente 25% con la adhesión de nuevos programas como “Jóvenes construyendo el futuro”, “Apoyo universal a adultos mayores y discapacitados” y “Un millón de hectáreas”.

En la administración pasada los apoyos se pagaban a través de 15 mil puntos de pago, de los cuales 5 mil son fijos y semifijos y 10,000 en puntos de pago en efectivo.

Son justo los puntos de pago en efectivo donde el presidente López Obrador puso su interés, dado que es en estos puntos donde se gestaba la mayor parte de la corrupción en la entrega de los apoyos a grupos vulnerables.

La entrega de apoyos de manera directa y electrónica contribuiría, en primer lugar, a combatir la corrupción; en segundo lugar, para reducir la evasión fiscal, así como los mercados informales y, finalmente, les permitiría combatir al crimen organizado en la medida en que podrían cerrarles el margen de acción con dinero en efectivo.

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