Conecte con nosotros

Opinión

La conferencia de las partes (COP)

Publicado

Fausto Kubli García

En el año de 1992 se llevó a cabo la Cumbre de Río de Janeiro como una esperanza global de que se desacelerara la destrucción a la naturaleza que ha propinado la especie humana. En la Cumbre se promulgaron el Convenio de Diversidad Biológica y la Declaración de Río, instrumentos internacionales fundamentales para entender estos complejos retos planetarios.

A partir de ese año, los problemas globales ambientales se han tratado bianualmente en lo que se denomina la Conferencia de las Partes (COP), prácticamente con representantes de los gobiernos de todo el mundo. Además, también han surgido otros convenios (protocolos) especializados que tratan de menguar la terrible huella humana en los ecosistemas, entre ellos, el “Protocolo de Cartagena sobre Seguridad en la Biotecnología Moderna” y el “Protocolo de Nagoya sobre Acceso a los Recursos Genéticos y Participación Justa y Equitativa en los Beneficios de que se Deriven en su Utilización”, y cuyos trabajos se desarrollan paralelamente por pertenecer al mismo sistema de Naciones Unidas.

Las COP tienen una secuencia en el tiempo; es decir, son un continuum de los trabajos anteriores, por ejemplo, hace dos años en México se llevó a cabo y se propuso la “Declaración de Cancún sobre Integración de la Conservación y Utilización Sostenible de la Biodiversidad para el Bienestar”, que ofrece una serie de directrices para las industrias agrícolas, forestales, pesqueras y turísticas.

En este año le tocó a Egipto recibir en Sharm El-Sheik a todas las delegaciones de los gobiernos del mundo para discutir una gran cantidad de temas ambientales. Al respecto, se ha desplegado un tsunami de materias que van desde la conservación, el desarrollo sostenible, los ecosistemas marinos, la restauración del ecosistema, la ecoagricultura, hasta el uso responsable y seguro de la biotecnología, la distribución equitativa de los recursos genéticos, la participación ciudadana y la integración de los pueblos indígenas y poblaciones locales en las decisiones públicas sobre medio ambiente, entre otras más.

El desarrollo de los trabajos se lleva a cabo como una actividad parlamentaria, con una gran cantidad de reuniones para ir definiendo políticas, estrategias, mecanismos sobre todos los temas que se abordan. En plenarias, grupos de contacto, cabildeos y negociaciones se va llegando a decisiones que pretenden influir en el interior de los gobiernos para ir desarrollando –cada uno en su dimensión– una política ambiental sólida para poder enfrentar los desafíos globales.

Sin embargo, el camino es largo y hay una gran cantidad de temas que requieren decisiones inmediatas, tales como la conservación, restauración, el uso inteligente de los recursos, así como el mantenimiento de los servicios ambientales que mantengan la salud ambiental y se traduzcan en beneficios básicos para la humanidad.

De acuerdo con los expertos, en el 2050, de no revertirse las tendencias actuales, la humanidad habrá acabado con muchísimas más especies de las que ya están ex- tintas actualmente, por ello se ha marcado una estrategia con una visión futura. De igual manera, el tema del cambio climático es de urgencia especial: el uso de combustibles fósiles que emanan gases de efecto invernadero no ha sido sustituido por tecnologías más limpias y amigables con el medio ambiente.

Uno de los temas que ha desatado debates acalorados es el de la Información Digital de Secuencias y sus potenciales implicaciones con la participación justa y equitativa de los recursos genéticos. Está establecido, en términos generales, que los pueblos indígenas y poblaciones locales tendrán derecho a participar de los beneficios que produzcan los recursos genéticos que hayan sido recolectados en su territorio.

En este sentido, hay bancos de información en línea que contienen de manera abierta y pública (GeneBank) la información sobre secuencias genéticas, lo que se traduce en la posibilidad de ser utilizada por cualquier investigador. Las diferencias se asoman cuando se plantea la hipótesis de que una secuencia publicada en las bases de datos sea utilizada y haya sido producto de una bioprospección en una comunidad indígena o local.

Al respecto, ¿debe esa comunidad participar de los beneficios que se obtengan si se obtuviera alguna aplicación industrial?, ¿los grupos de investigación tendrían alguna responsabilidad económica por usar esas bases de datos? ¿los derechos de propiedad industrial son compatibles con estas medidas? Estas preguntas y muchas más están en el centro de esta interesante discusión.

Otro tema de frontera que se abordó es el de la Biología Sintética, que es un área del conocimiento novedosa y que se refiere al uso de información genética de manera precisa y selectiva para “construir” nuevas secuencias, sistemas, dispositivos y obtener prácticamente cualquier cosa en todos los sectores, desde alimentos, combustibles, fármacos.

Se trata del conocimiento más vanguardista y disruptivo de esta época al tener el potencial de poder crear un nuevo escenario productivo. Al respecto, de acuerdo con los objetivos del Convenio de Diversidad Biológica, se ha definido que la Biología Sintética, si bien tiene un potencial extraordinario, deben estudiarse más a fondo sus posibles repercusiones en el medio ambiente y llevarse a cabo evaluaciones caso por caso para definir si existe impacto alguno en las materias reguladas por el Convenio y sus protocolos.

En estos foros ambientales internacionales, destaco la no presencia formal de los Estados Unidos de América, que sin duda deja un espacio vacío enorme. Nuestros vecinos del norte transitaron de una política ambiental cooperativa hacia una de naturaleza unilateral. Esta actitud se replica también en otros ámbitos multilaterales como el de la Organización Mundial del Comercio.

La importancia de este país estriba en que representa el 25% del consumo mundial y también es el país que más contribuye al calentamiento global. Por otro lado, es notable la política ambiental activa de las delegaciones de la Unión Europea, China, de algunos países latinoamericanos, asiáticos e incluso africanos.

He tenido la fortuna de participar con la delegación mexicana en la Conferencia de las Partes y quiero expresar mi más amplio reconocimiento por la extraordinaria participación de todos sus integrantes, que –congruente con la política exterior de nuestro país– mantienen posturas ecuánimes y razonables.

También es importante señalar que en el desarrollo de los trabajos se nombró al jefe de la delegación, Hesiquio Benítez, como presidente del Órgano Asesor sobre Ciencia y Tecnología del Convenio de Diversidad Biológica.

Sirva también de reconocimiento a las funcionarias Natalhie Campos Reales y Edda Fernández Luiselli, encargadas de los trabajos del “Protocolo de Cartagena” y del “Protocolo de Nagoya”, respectivamente.

Opinión

Ni habemos ni hubieron… ni hubimos ni haiga

Publicado

el

Carlos Organista

Ahora que están de moda las transformaciones y cambios de poder —y que podemos estar tranquilos también porque “hay vida después de la presidencia”— me resulta inevitable recordar una memorable frase acuñada dos sexenios atrás: “haiga sido como haiga sido”. Por si no lo recuerda, eran tiempos de incertidumbre total. Había un candidato azul (Felipe Calderón) cuya popularidad y reconocimiento inicial eran prácticamente nulos, pero cerca de las elecciones de 2006 remontaba en las encuestas.

Por el contrario, su principal adversario, el candidato amarillo (Andrés Manuel López Obrador), veía cómo bajaba su aceptación y cercanía con los indecisos debido a una campaña de miedo y desprestigio proveniente de diversos frentes. Un mes antes de las votaciones, Denise Maerker, en su programa Punto de Partida, preguntó a Calderón si no le molestaría ganar la presidencia gracias al miedo que logró fijar en una buena parte del electorado con respecto a López Obrador. Entonces vino la famosa frase: “Pues mira, la verdad ya, si gano, Denise, como dicen en mi tierra: ‘haiga sido como haiga sido’…”.

A 12 años de distancia hay quienes creen que Calderón tuvo un desliz y en realidad quiso decir “haya sido como haya sido”, que es la manera correcta de expresarlo; pero no, el contexto es claro y se refería a la forma de hablar coloquialmente. Y es justo aquí donde quiero detenerme, porque, como diría mi abuela: “unos no hablan lo que piensan, y otros no piensan lo que hablan”. “Haiga”, que es la forma incorrecta de decir haya, provendría del verbo haber, y ¡vaya que hay complicaciones cuando de conjugarlo se trata!

“Habemos hombres que queremos que el feminismo crezca”, declaró hace algunos meses el futbolista Javier ‘Chicharito’ Hernández. “Vengo por mi libre voluntad porque quiero un juego justo para todos los mexicanos. Aquí no habemos ni fifís ni chairos ni pejelovers, aquí habemos mexicanos”, dijo una persona entrevistada por Televisa en una manifestación contra la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México en Texcoco.

“Gracias, Enrique Peña Nieto (…) que sepa que en Guerrero habemos muchos y muchas que estamos agradecidos y reconocidos con él”, manifestó el gobernador de Guerrero, Héctor Astudillo, en la inauguración oficial de la autopista Siglo XXI, según consignó el Sur de Acapulco recientemente. “Hay un mandato popular, hay una sociedad que respalda a su presidente electo, habemos millones de mexicanos…”, señaló el diputado morenista Horacio Duarte cuando se aprobó en comisiones la reforma para eliminar el fuero a servidores públicos. “No habemos muchas empresas de seguros con posición importante en el mercado de capitales que sí representa una parte importante en los portafolios de inversión”, explicó el presidente de la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros, Manuel Escobedo, según información de Notimex, sobre las estimaciones de crecimiento para 2019 de ese sector.

¿Nota usted algo en estas citas, estimado lector? Efectivamente. Deportistas, ciudadanos, gobernadores, diputados y empresarios usan indistintamente la palabra “habemos” para incluirse entre las personas de las que hablan, pero al hacerlo así caen en un error. En el habla culta, explica la Real Academia Española (RAE), debe evitarse el uso de habemos con el sentido de somos o estamos; porque si se emplea el verbo haber para expresar la presencia o existencia de personas o cosas, este debe ser impersonal, es decir, usarse para hablar en general, no de alguien en particular.

Por ejemplo, según la RAE, debe decirse: “Hay pocos solteros en el pueblo”; “Había tres personas en la habitación”, aun cuando usted quiera incluirse entre los solterones y los fisgones dentro del cuarto. Ahora bien, si usted deseara estar dentro de los solterones y fisgones, no se debe conjugar en primera persona del plural, esto es, como si pensase en “nosotros”: “Habemos pocos solteros en el pueblo”; “Habemos tres personas en la habitación”.

Lo correcto aquí es: “Somos pocos solteros en el pueblo”; “Estamos tres personas en la habitación”. Y lo mismo ocurre en pasado, si estuviese tentado a usar hubieron o hubimos. Enunciados como “Hubieron muchos voluntarios para realizar esa misión” o “No hubieron problemas para entrar al concierto”, en realidad deben decirse así: “Hubo muchos voluntarios para realizar esa misión” o “No hubo problemas para entrar al concierto”.

Para colmo, algunos medios de información no ayudan tampoco a clarificar, pues en una oleada de “creatividad” han aludido constantemente a la famosa frase habemus papam (que proviene del latín y significa “¡Tenemos papa!”) y utilizan el “habemus” para todo: “Habemus presidente”, “Habemus cuarto partido”… con lo cual se confunde y difunde el uso inapropiado de habemos.

Así que ya sabe: “haiga sido como haiga sido”, aunque somos del mismo barro, no es lo mismo catrín que charro… porque ni “hubimos” catrines bien hablados, ni “habemos” charros tan pifiados.

Seguir leyendo
Anuncios

Revista Digital

Transición 2018

CDMX

Anuncios

Tienes que leer