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Opinión

El necesario derecho de no hacer nada o el precedente fundamental para empezar a hacer algo

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Jorge Albarrán, 72 KB
Reporte Nivel Uno

En medio de los hedores propios y ajenos que se esparcen como una nebulosa espesa entre los vagones del metro, una mujer con el teléfono pegado a la oreja inclinó las cejas, torció los labios y habló con el reproche en la lengua: “ya ponte a hacer algo y deja de estar de ocioso, cabrón…” quién fuera el que escuchaba desde el otro lado de la línea pareció justificarse porque la mujer tan sólo intensificó el regaño.

De esta forma resurgió lo evidente: nos enseñaron que el ocio es malo, un vicio, un problema, un algo que entorpece el complicado engranaje social. Mario Benedetti ironizó al respecto: “prohibida sin perdón la ineficacia, todo ha de ser eficaz como un cepo”, claro, también nos prohibieron “los silencios, el pelo largo, las faldas cortas, la lealtad, La Internacional y sobre todo la tristeza”.

Aunque ahora es cada vez más frecuente la defensa del ocio a través del fomento de los espacios de recreación necesarios para aliviar el estrés de las horas en el tráfico, los problemas financieros y el mareo de ver cómo se nos va la vida detrás de la computadora de un cubículo de oficina; hay otro tipo de ocio, igual de importante, que va más allá de los bares, los gimnasios, los parques o los centros comerciales, el ocio como la proeza de tirarte al suelo y sin distracciones ponerte a pensar… o a no hacer nada, diría cualquiera que nos mirara.

El ocio entendido a la manera de los griegos, donde los ciudadanos libres que se vieron excluidos de los trabajos forzados pudieron dedicarse a la contemplación y permitieron el desarrollo de la filosofía y las ciencias. Sin embargo, esta actividad cada vez parece más complicada, ya no sólo por el estigma que encierra, también por lo difícil que se vuelve el no distraernos, siempre hay algo, un mensaje pendiente, un juego o el placer de mirar la vida de los demás con el simple movimiento de un dedo en la pantalla del celular.

Además, el silencioso encierro en uno mismo implica enfrentar fantasmas de esos que sí dan miedo porque son los propios, los que se visten de remordimientos y heridas turbias, de esos que nos ponen tristes y estar triste también nos dijeron que era malo.

Entonces, tirarse al piso a no hacer nada o a pensar, que terminada la cuenta es lo mismo, es doblemente malo porque dejamos de ser eficientes, y para empeorarlo, hace latente el riesgo de ponernos menos contentos y a este mundo se vino a ser feliz, ¿no?, qué importan los otros, lo importante es uno y el “yo” siempre debe sonreír, la felicidad por encima de todo, aunque por dentro crezca la incertidumbre de que algo no está bien y muchas cosas no deberían ser como son, pero esas son ideas de gente ociosa, sin nada que hacer, de desempleados con disertaciones brillantes que nadie va a leer o artistas sin nombre que exploran el amplio abanico de las emociones humanas para poder expresarse, para poder cuestionar y crear obras que por su falta de practicidad en “el mundo real”, parecen condenadas al olvido de las galerías independientes y los folletines de barrio.

Pero los ociosos son muy necesarios, porque de los silencios o del “no hacer nada y ponerte a pensar”, nace la crítica, aunque nos ponga tristes, porque el mundo no funciona como una burbuja color de hadas. El ocio invita a acceder a esa parte de la existencia que, con el tiempo y los rituales cotidianos, comienza a excluirse, el ocio permite que las personas creen algo, las acerca a su parte más sensible, es un espacio de encuentro o reencuentro con uno mismo.

¿Por qué no reivindicar el concepto?, seamos más ociosos, permitámonos explorar los silencios, la soledad, los espacios personales que nos aterran, dejemos que las emociones fluyan sin tantos sesgos y démonos tiempo para reflexionar sobre nosotros mismos, sobre el entorno, sobre la vida que pensamos. Hagamos uso del necesario derecho de no hacer nada o el precedente fundamental para empezar a hacer algo.

Deportes

Comité Olímpico Mexicano ya no dará hospedaje ni comida a deportistas

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comite_olimpico, Comité Olímpico Mexicano, 56 kb, deportistas
Foto: Cuartoscuro.

MÉXICO.- Debido a la falta de presupuesto, el Comité Olímpico Mexicano (COM) anunció que dejará de proveer hospedaje, alimentación y atención médica a los deportistas que integran sus distintas federaciones.

A través de una circular difundida de manera interna y que filtró el semanario Proceso, el presidente del COM, Carlos Padilla Becerra, informó que el Centro Deportivo Olímpico Mexicano (CDOM) cerrará de manera parcial a partir del 31 de julio de este año, por ende, los citados servicios quedarán suspendidos de manera infefinida .

Ya es imposible mantener los servicios de hospedaje, alimentación y atención médica que se ofrecen. Dado lo anterior se ha tomado la difícil decisión de suspender por completo y en forma indefinida dichos servicios a partir del 31 de julio, agradeciendo sean tan amables en cancelar, suspender y/o retirar todas sus reservaciones a partir de esta fecha”.
Comité Olímpico Mexicano

De 2012 a la fecha, el Comité Olímpico Mexicano ha subsistido gracias a los recursos que el titular de la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte (Conade) en turno le ha asignado. Por ejemplo, en el cuatrienio que comenzó en 2008 la asociación civil recibió 80 millones a través de la Secretaría de Educación Pública (SEP).

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Sin embargo, los actuales ajustes presupuestales derivaron en que la dirigente de la Conade, Ana Gabriela Guevara, todavía no haya asignado una partida presupuesta al COM; cabe señalar que la citada Comisión sufrió un recorte de 70 millones de pesos en el presente año.

Es por ello que Guevara reveló este martes que pediría una ampliación presupuestal por 500 millones de pesos en aras de concluir satisfactoriamente el 2019, toda vez que, según la funcionaria, no existe el suficiente dinero para operar el organismo.

Inclusive y como se dice en el documento referido en un inicio, Padilla Becerra ha sostenido negociaciones con la SEP y la Secretaría de Hacienda en aras de obtener los recursos necesarios, pero hasta ahora no ha existido ningún arreglo.

“Mantenemos la firme intención de encontrar soluciones para que esta situación pueda revertirse rápidamente y evitar así que afecte el desempeño de los atletas que nos representarán en diversas lides deportivas durante 2020, incluyendo los Juegos Olímpicos de Tokio”, dijo el Comité Olímpico Mexicano.

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