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Derecho a la ciencia

Publicado

Fausto Kubli García, 54 KB, Ciencia
Reporte Nivel Uno

Los días 6 y 13 de marzo se llevó a cabo el “Conversatorio para el análisis del Sistema Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación” en la Cámara de Diputados. Dentro de los trabajos se analizaron varios de los desafíos que enfrenta este sector en México.

En el discurso de la presidenta de la Comisión de Ciencia y Tecnología del Senado, la senadora Beatriz Paredes Rangel hizo un llamado para integrar en la reforma del artículo tercero constitucional, el llamado “derecho a la ciencia”. Propuesta por la presidenta de la Comisión de Ciencia y Tecnología, la diputada Marivel Solís Barrera, el texto constitucional quedaría de esta manera:

V. Toda persona tiene derecho a gozar de los beneficios del progreso científico y de sus aplicaciones. El estado apoyará, fomentará, incentivará y difundirá la investigación científica, el desarrollo tecnológico y la innovación como áreas prioritarias para el desarrollo nacional, las cuales se orientarán con una visión de largo plazo y se enfocarán a la atención y solución de los problemas y necesidades nacionales.

Corresponde al estado junto con los sectores sociales, público y privado garantizar su financiamiento, conservación, desarrollo y difusión; asimismo alentar el fortalecimiento y difusión de nuestra cultura. El derecho a la ciencia está reconocido e incorporado en varios instrumentos internacionales firmados y aprobados por el estado mexicano. Destaca el artículo 27 de la Declaración Universal de Derechos Humanos  que establece que “Toda persona tiene derecho a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar en el progreso científico y en los beneficios que de él resulten”. En el mismo sentido lo hace el PactoInternacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (artículo 15).

Es importante destacar que la incorporación de este derecho en la Constitución tendría como consecuencia la reestructuración de la política científica de México, que a la fecha necesita de estrategias progresistas, transexenales y de vanguardia en varios rubros.

La ciencia y la tecnología deben ser la bandera del Estado mexicano, dado que de ahí surge una serie de círculos virtuosos en muchos sentidos. No solamente se trata de crear ciclos económicos, es decir, esta política bien desarrollada tiene un alto impacto en la economía, sin embargo, el hilo conductor de la ciencia es el conjunto de estrategias que comprende el derecho a la educación.

Esto es que el estímulo a la ciencia y la tecnología no solamente comprende desarrollo económico, también es una herramienta poderosa para lograr desarrollo humano. El derecho a la ciencia está inextricablemente unido a muchos otros derechos fundamentales, como el derecho al desarrollo, el derecho a un medio ambiente sano y el derecho a un buen gobierno. En virtud de lo anterior, se debe partir de que una ley secundaria debe armonizar todos estos derechos, por lo que la instrumentación del derecho a la ciencia es el detalle del ejercicio de estas prerrogativas.

A 100 días del inicio de este Gobierno, al cual hay que reconocerle en ambos sentidos –aciertos y desaciertos- hay que destacar que en materia de política científica han aflorado más desencuentros que en todas las demás políticas del estado mexicano. El distinguido evolucionista Antonio Lazcano se ha referido como el  divorcio de la comunidad científica con el organismo operativo de la política científica: el CONACYT.

Esto no es algo de poca monta, si se toma en cuenta que en muchos casos los científicos están siendo desplazados de varias maneras, desde presupuestalmente hasta la marginación de su trabajo. Por ejemplo, el falso estigma que tienen algunos decisores sobre la biotecnología moderna ha provocado que se detenga la generación del conocimiento en esta materia.

Esta marginación que viene desde el poder público, sin duda es violatorio del derecho fundamental a la ciencia que propone la diputada Marivel Solís Barrera. El modelo de política científica debe tener su propio desarrollo y naturaleza en México y podría tomar como referencia la experiencia en otros países. Sin embargo, también es discutible a qué países deba referenciarse.

La actual directora general del CONACYT, Elena Álvarez-Buylla, hablaba de seguir al modelo cubano, al respecto consideramos que la referencia podría dirigirse a Alemania, China, Corea del Sur o incluso a Brasil, dado que Cuba está muy lejos, igual que México, de convertirse en una economía basada en el conocimiento.

Sin duda, también dentro de este centenar de días, está como algo deplorable y deplorado el proyecto de iniciativa de Ley de Humanidades, Ciencia y Tecnología, al cual de manera serenada y respetuosa se han dirigido críticas extendidas porque propone un régimen autoritario en el que se concentrarían facultades excesivas al CONAHCYT ( sic). El esquema propuesto sería contrario al derecho a la ciencia en tanto no es compatible con los niveles mínimos de gobernanza democrática, buen gobierno y participación.

El modelo actual requiere de fortalecimiento de la rendición de cuentas y no su eliminación. Nuestro país necesita mucho apoyo al sector científico, el cual debe estar lejos de prejuicios y  vendettas. A 100 días de gobierno, el CONACYT debe corregir lo que ha estropeado, comenzando por la confianza fracturada. De igual manera, hagamos votos para que en nuestra ley fundamental, la Constitución, se incorpore el derecho a la ciencia y más allá de ello se elabore una ley secundaria incluyente, progresista, ejemplar, y sirva de insumo para que se fomente la participación de todos los sectores en un marco de transparencia, rendición de cuentas y gobernanza democrática.

Finalmente cito al profesor emérito de la UNAM, Ruy Pérez Tamayo: “No es que nuestra ciencia esté subdesarrollada porque México es un país subdesarrollado, sino exactamente lo contrario: México es un país subdesarrollado porque su ciencia está subdesarrollada”.

Opinión

El gobierno váucher

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el

Opinión, 54 KB, opinión
Reporte Nivel Uno

Es sumamente preocupante que un gobierno que se define de izquierda quiera resolver todos los problemas a través de la entrega de dinero en efectivo a las y los ciudadanos.

En lugar de crear instituciones que permitan garantizar los derechos constitucionales, el gobierno de Andrés Manuel López Obrador está entregando los recursos del erario público en pedacitos, con claros tintes clientelares.

Eso pasó con las estancias infantiles de la Secretaría de Desarrollo Social y, lamentablemente, también ocurrirá con los recursos destinados a albergues para mujeres que sufren violencia de género.

El Plan de acciones emergentes para atender a las mujeres violentadas anunciado por el Gobierno Federal no tiene objetivos claros ni un plazo de cumplimiento. En tanto, los recursos etiquetados para los refugios en el Presupuesto 2019, no han sido aplicados.

El fondo del problema es la descalificación constante que hace López Obrador de las organizaciones de la sociedad civil. Como si se trataran de adversarias, el Presidente las acusa de corruptas y deshonestas sin investigación de por medio y pruebas fehacientes de sus dichos.

¿Por qué tomar la decisión de recortar todos los recursos que van a las organizaciones sociales? ¿Por qué no mejor realizar auditorías para saber qué organizaciones cumplen su función y cuáles no? ¿Por qué permitir que paguen justos por pecadores?

El Estado no lo puede hacer todo y el flujo de recursos es incluso riesgoso para las propias mujeres. Existen múltiples testimonios que ilustran cómo las mujeres, sobre todo las más necesitadas, son despojadas de recursos económicos que provienen de programas sociales. Sucede así, por ejemplo, con muchos de las y los beneficiarios de los apoyos en efectivo destinado a adultos mayores.

Por lo tanto, la transferencia de recursos económicos directos puede dejar a las mujeres en mayor vulnerabilidad. Esos efectos deben ser considerados. Desde la fracción parlamentaria del PRD en la Cámara de Diputados planteamos tres acciones en este asunto:

1. Qué se reconsidere el apoyo a los albergues y refugios contra la violencia de género. No sólo eso, sino que se incrementen los recursos. Recordemos que ha sido un inicio muy complicado en materia de feminicidios y que el 60% del territorio nacional tiene alertas de género. No debemos escatimar recursos en estos temas.

2. Una auditoría a fondo que muestre los casos de corrupción que sostiene Andrés Manuel López Obrador. Hace unos días, el Instituto Nacional de Transparencia, Acceso a la Información y Protección de Datos Personales le pidió al gobierno de López Obrador que demuestre sus dichos sobre la corrupción en el Nuevo Aeropuerto Internacional de México. Algo así es fundamental en el caso de los albergues.

3. Una estrategia integral de combate a la violencia contra las mujeres. No sólo aspirinitas o váucher que no resuelven nada de fondo. Un abordaje integral que sirva de protección a las mujeres.

En mi calidad de Coordinadora del Grupo Parlamentario del PRD, el 4 de marzo acompañé en conferencia de prensa a representantes de la Red Nacional de Refugios A.C., que entregaron un pliego petitorio a la Junta de Coordinación Política de la Cámara de Diputados en la que solicitan un espacio de diálogo; respetar y ejercer los subsidios para los refugios etiquetados en el presupuesto de este año e integrar una Mesa de Trabajo Interinstitucional para atender este asunto.

Si un grupo de la población ha sido vulnerado en los primeros cien días del actual gobierno, han sido las mujeres y las niñas; al grado que AMLO pretende poner a consultas los derechos de las mujeres.

Nos opondremos con firmeza a este abuso que pretende pasar por encima de la Constitución de la República y las convenciones internacionales en materia de derechos humanos. Si el Gobierno de la República decide realizar esta consulta, encontrará a las mujeres y hombres perredistas en todas las trincheras que se opongan a tan aberrante decisión. Sobre advertencia no hay engaño.

Dijimos y nos sostenemos que no permitiremos ninguna acción que vulnere los derechos y el bienestar de las y los mexicanos.

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