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Opinión

El absurdo movimiento antivacunas

Fausto Kubli García, 54 KB, movimiento antivacunas
Reporte Nivel Uno

Recientemente platiqué con Ana Francisca Vega en su programa de radio En directo. Brevemente hicimos algunas reflexiones en torno a un caso en Estados Unidos que se refiere al movimiento antivacunas.

Un joven al cumplir los dieciocho años decide irse a vacunar, porque mientras estuvo bajo la patria potestad de sus padres no fue vacunado, porque pensaban que aplicar estos tratamientos tenían efectos secundarios como promover el autismo entre otras enfermedades.

Al respecto se abren muchas interrogantes sobre la libertad y la salud pública. En principio hay que resaltar que las prácticas médicas deben, o al menos debieran, obedecer a varios principios bioéticos, entre ellos, el consentimiento previo e informado.

Este principio es una manera de transparentar a los pacientes los alcances de las terapias, procedimientos y protocolos que se van a llevar a cabo en su cuerpo. El consentimiento previo e informado  está basado en la libertad, en donde el paciente tiene toda la capacidad de decidir si se va a someter a algún tratamiento.

En la época posrevolucionaria en México hubo un periodo que se conoce como la “Dictadura Sanitaria”, en este sentido se llegó a utilizar al Ejército para emprender campañas sanitarias por la fuerza. Sin embargo, con el tiempo, las prácticas médicas se fueron puliendo y decantando para que no fuera la fuerza, sino la razón, la persuasión, lo que guíe a estas campañas tan necesarias de salud pública.

Para evitar el uso de la fuerza en las prácticas médicas y que estén guiadas por la libertad, el primer elemento que debe florecer es la información. La población debe estar informada de la importancia de aplicar vacunas contra la enorme gama de enfermedades que pueden afectar a la población entera, pero entre ellos los más vulnerables: los niños y las niñas.

El libre desarrollo de la personalidad se refiere a la capacidad de todas las personas de decidir sobre muchas materias, entre ellas sobre su cuerpo y esto incluye las prácticas médicas. El poder público no podrá imponer sobre nadie, el deber o la obligación, de decidir sobre su cuerpo, esto como regla general por supuesto. La invasión del derecho a las decisiones de las personas vulnerarían la serie de derechos asociados con el libre desarrollo de la personalidad.

Cuando se trata de personas adultas, con la capacidad de decisión que otorga la mayoría de edad (o la emancipación), las prácticas médicas podrán llevarse a cabo solamente bajo su consentimiento, en tanto se pueda obtener y se garantice que el paciente ha entendido cuáles son las posibles consecuencias de someterse a determinada práctica médica.

Una vez que el paciente ha entendido (informado ), decidirá si se somete o no (consentimiento libre ) Excepcionalmente, puede darse el caso de alguien que sufra un accidente y se le tenga que intervenir de urgencia, para lo cual no se puede recabar su consentimiento y el médico podrá aplicar un protocolo, terapia o tratamiento para salvaguardar otro bien jurídico tutelado: la vida.

Por otro lado, cuando se trata de menores la situación es distinta. Los padres ejercen sobre sus hijos menores determinado poder decisorio sobre sus persona. Salvo en los casos en que los menores de 18 años contraen matrimonio, se extingue la patria potestad y se les tiene por emancipados, los padres deciden sobre la educación, salud, bienes, obligaciones de sus hijos. Si se mira con detalle, la falta de capacidad de ejercicio de los hijos es complementada con la capacidad de los padres.

¿Qué pasa si los padres toman decisiones equivocadas sobre la salud de sus hijos como en el caso del movimiento antivacunas? No deja de ser un tema complejo, pero es necesario que comencemos a hablar de una nueva figura jurídica, de menos rigidez que lo que se tiene actualmente, sobretodo cuando se trata de la salud pública de los niños y niñas.

La tutela provisional que una autoridad puede ejercer sobre los hijos de los demás se ha ejercido y convalidado por la Suprema Corte en México, pero solo para casos de extrema urgencia. (Amparo en revisión 1047/2017)

Una niña con leucemia tenía que someterse a una transfusión sanguínea, pero su madre se oponía a ello, dada su religión que le prohibía recibir plaquetas de otra persona. La Subprocuraduría de  Protección Auxiliar de Niñas, Niños y Adolescentes del Distrito Judicial Morelos tuvo que llevar a cabo un procedimiento para asumir la tutela provisional y otorgar el consentimiento para que la menor fuera transfundida y así poderle salvar la vida. Al final, se validó la actuación de la autoridad y la tutela provisional fue legítima.

Sin embargo, ante el movimiento antivacunas, el papel del Estado aún está por definirse y ser replanteado. Sin lugar a dudas, no aplicar vacunas es exponer a peligros adicionales a los hijos, pero la autonomía parental está reconocida y no necesariamente se trata de un tema de extrema urgencia, pero si vital.

Las personas que deciden no vacunar a sus hijos es porque están mal informadas, porque lo leyeron en las redes sociales o lo escucharon por ahí; entonces, el primer frente del Estado es combatir a la desinformación, desmintiendo todas las supersticiones y las falacias que circundan en Internet.

La promoción de la salud es una herramienta poderosa para que las personas le apliquen las vacunas a sus entenados a partir de la persuación y no de la coacción, además es absolutamente compatible con el libre desarrollo de la personalidad. No obstante a lo anterior, puede ser que no a todos los padres y madres les llegue este mensaje y a pesar de las advertencias insistan en no vacunar a sus hijos.

Esta obstinación, sin lugar a dudas, debe tener consecuencias y responsabilidades. Se debe legislar, en específico, para que los hijos puedan, antes de ser mayores de edad, decidir si quieren ser vacunados o no. Esto es, lograr que las decisiones de los menores de edad también estén protegidas, en especial cuando se trata de salud pública.

Opinión

Loret de Mola se pronuncia ante montaje de Florence Cassez

El periodista Carlos Loret de Mola reaccionó luego de que, durante la ‘mañanera’ del presidente Andrés Manuel López Obrador, se le mencionara por ser uno de los presuntos artífices del montaje televisado de la captura de Florence Cassez e Israel Vallarta en 2005, asegurando que era víctima de una “embestida”.

Mediante su cuenta de Twitter, Loret de Mola aseguró que la “embestida” no era por el caso en cuestión sino por “Pío, Felipa, Epigmenio, Bartlett, Irma Eréndira… “.

Además, acusó que “para no dar a la sociedad una explicación sobre una vacuna no aplicada”, el presidente revivió el caso, el cual se remonta a hace 16 años.

El comunicador reiteró que en su tiempo no se dio cuenta del montaje, por el que desde entonces se disculpó públicamente.

En la conferencia matutina, desde Palacio Nacional, y con la presencia de la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, López Obrador retomó el montaje que se realizó en torno a la detención de Cassez y Vallarta, presuntos secuestradores, y el cual fue transmitido “en vivo”.

Durante su participación, el presidente del Sistema Público de Radiodifusión del Estado Mexicano (SPR), Jenaro Villamil, detalló cómo sucedieron los hechos y aseguró que a Loret, conductor en ese entonces de Primero Noticias, se le advirtió 13 veces “parar ya” con el montaje que se estaba transmitiendo en vivo.

Loret dice que prima de AMLO sigue teniendo contratos con Pemex

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Reporte Nivel Uno No. 115

Política

CDMX

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