Conecte con nosotros

Opinión

¿En dónde está la oposición?

Publicado

Alan Rosas Alvarado, 58 KB, oposición
Reporte Nivel Uno

Para entender el contexto de esta reflexión tendríamos que remontarnos al PRI de hace 50 años, que con una mayoría abrumadora tomaba decisiones vinculantes mientras que los demás partidos simplemente eran espectadores en una masacre doctrinaria, aplastante y que terminaría por repetirse algunas décadas después.

Me refiero al “fundamentalismo de la 4ª Transformación“. Entendemos al fundamentalismo como el extremismo que incita a muchos miembros pertenecientes de diversas religiones a interpretar de manera contextual sus textos sagrados, pero en México, debemos temerle a las decisiones justificadas del máximo exponente de la 4T, que es por mandato constitucional “el temporal administrador del andamiaje político que determina el futuro del país”, y por la receptación que tiene ante muchos de sus simpatizantes, que en vísperas de llegar a la tierra prometida, del tan esperado cambio que ha ofrecido el presidente, son capaces de aceptar todo tipo de atropellos e hipocresías con tal de seguir creyendo las promesas que se nos han hecho a todos los mexicanos, poniendo en completo riesgo a todos los sectores de la sociedad y peor aún, al futuro de la democracia mexicana.

Y es que no es poca cosa aquella frase de Marx: “Estas son mis leyes, si no te gustan… hago otras” ; pues expresa en todo su esplendor los primeros 100 días de los 2000 que nos quedan del sexenio del presidente Andrés Manuel López Obrador y por eso es necesaria una recapitulación.

Apenas había recibido la constancia que lo acreditaba como presidente electo, López Obrador emprendió una cruzada para impulsar las mal llamadas “consultas” que carecían por completo de legitimidad y legalidad; y es que someter a consulta decisiones trascendentales para el país, en encuestas realizadas y calificadas por miembros de su partido, lo convierten en juez y parte, haciéndolas carecer totalmente de credibilidad. Así con menos del uno por ciento de la población votante se decidió lo que prematuramente han llamado el error del sexenio.

Una vez comenzado el nuevo sexenio, en su cruzada contra la corrupción, decide incidir en diferentes rubros del Presupuesto de Egresos, recortándolo de áreas sensibles como programas sociales, universidades públicas, deporte, cultura y salud pública.

Recortar el presupuesto a las universidades públicas solo sería el comienzo pues unas semanas después el presidente enviaría al Congreso una iniciativa para derogar la actual reforma educativa. Entre los cambios que propuso, llama la atención, la modificación a la fracción VII del Artículo Tercero Constitucional donde desaparecen párrafos relacionados a la autonomía de las universidades.

Inmediatamente las críticas y protestas no se hicieron esperar, las redes sociales ardían y pese a que los legisladores de oposición hicieron énfasis, no fue mas que la protesta de la sociedad la que obligó al presidente a salir de nueva cuenta al show  de las siete de la mañana en el Palacio Nacional a decir: “No hay ninguna intención en ese sentido, es más para que no se use de pretexto o excusa, si es necesario estamos dispuestos a que se agregue lo de la autonomía (…)”

La gravedad en el uso de palabras inadecuadas para un mandatario de Estado, puede constituir un error de interpretación, que sin embargo en este caso no se trata de una equivocación, claramente había una intención de dar marcha atrás con una lucha de décadas y que en definitiva nunca fue con buenas intenciones.

Vale la pena hacer un recuento de daños respecto de los recortes o finalización de programas sociales que afectarán directamente a personas trabajadoras o de escasos recursos, ejemplo, el recorte de presupuesto a instancias infantiles para madres trabajadoras y la cancelación de programas como los “Comedores Comunitarios”.

Hace una semana en un acto que muchos periodistas y analistas han calificado de “populista” tras enviar la polémica reforma de “revocación de mandato” al Congreso, el presidente, duramente criticado, firmó un documento en el que prometió no reelegirse; preocupa pensar en que posición juega el presidente, dado lo innecesario que fue suscribir un documento para prometer no reelegirse, si consideramos que esta garantía se encuentra prevista en la Constitución Política, por otro lado, es preocupante la incongruencia de someter sus primeras decisiones a “consulta” y ahora buscar impulsar una ley que las regule, ¿no sería lógico realizar las anteriores consultas de nueva cuenta pero sustentadas en la iniciativa de ley que propone?

Ante todo lo anterior, resulta irreal que la sociedad que duramente ha criticado a otras administraciones por sus malas determinaciones, ahora sea tan vulnerable. Claramente nos enfrentamos a la falta de voluntad, las acciones hablan por si mismas y no podemos perder de vista que la responsabilidad de no permitir que las decisiones del gobierno afecten por igual, no debe recaer únicamente en los partidos políticos, que no son mas que medios de participación para crear un equilibrio en la vida democrática.

No olvidemos perder de vista que la oposición se encuentra en cada uno de los mexicanos, quienes tenemos que ser garantes de derechos, una sociedad responsable se manifiesta, esa es la verdadera oposición, si continuamos por el camino del extremismo, si seguimos a la espera de un cambio y seguimos permitiendo toda clase de caprichos personales, sin duda el futuro de México será aún más incierto.

Ciertamente el presidente no está acostumbrado a escuchar críticas, ha golpeado duramente a las calificadoras internacionales. En más de una ocasión se ha burlado de las manifestaciones en su contra, nunca se ha pronunciado respecto al conflicto de intereses por tener al tener a sus amigos trabajando con él, o del por qué la esposa de su principal asesor y socio es ahora ministra de la Suprema Corte y recientemente un senador de Morena, negoció la venta de 400 mil toneladas de carbón para la CFE.

Estamos ante una sociedad fundamentalista, callada y dejada, que sin importar el cinismo con el que el gobierno actúa, ellos siguen allí, esperando una cuarta transformación, que por el bien de México y los mexicanos, ojalá llegue.

 

 Dirigente Nacional de Expresión Juvenil Revolucionaria del PRI

Opinión

Anarquía: lo opuesto al caos

Publicado

el

Jorge Albarrán, 70 KB, Anarquía
Reporte Nivel Uno

Pocas situaciones pueden ejemplificar con mayor claridad una auténtica anarquía como la organización ciudadana que se dio tras el sismo de la Ciudad de México. El anarquismo es una doctrina política que implica organizarse.

Dentro del viaje por las caóticas redes del pensamiento que ideó James Joyce en ese extraño libro llamado “Ulises”, durante el juicio a Leopoldo Bloom, el Guardia Segundo lo condena y aterrado  cuchichea: “Y de negro. Un anarquista“.

Con la aguda sátira que caracteriza la obra del irlandés, se vuelve visible el terror que provoca el concepto anarquía. La idea de un mundo sin reglas parece quemar en la complejidad de eso que llaman una buena moral; y luego, con el tiempo, se tergiversó el término hasta el punto que hay quienes consideran que el tenebroso atentado en contra de la comunidad musulmana en Nueva Zelanda del pasado 15 de marzo es un “acto anárquico”… ¡Habrase visto insolencia!, diría Mercedes Sosa.

En México, desde hace algunos años, todos aquellos que violentan cualquier manifestación social son, de inmediato, catalogados como anarquistas. Los que queman metrobuses, ¡anarquistas!; los que grafitean el patrimonio público, ¡anarquistas!; los grupos de choque que se enfrentan contra policías en medio de protestas pacíficas, ¡violentos radicales anarquistas!… ¿Y los que se organizaron sin necesidad de una forzada estructura jerárquica durante el sismo del 19 de septiembre?, esos no, esos no son anarquistas, porque vivimos en un mundo maniqueo donde los anarquistas son los malos y la gente del 19S son los buenos y pues no tienen nada que ver.

Pero, en realidad, pocas situaciones pueden ejemplificar con mayor claridad una auténtica anarquía como la organización ciudadana que se dio tras el sismo de la Ciudad de México. El anarquismo es una doctrina política que implica organizarse. Como movimiento intelectual surge en Europa, durante la segunda mitad del Siglo XIX, bajo la tutela de unos pensadores viejitos, medio calvos y muy barbones, como Pierre-Joseph Proudhon, Mijaíl Bakunin y Piotr Kropotkin, por mencionar algunos.

Quienes fundamentaron sus ideas en otra corriente conocida como materialismo histórico, la cual implicaba la ruptura definitiva con el cristianismo medieval y permitía entender que todas las personas estaban condicionadas por su entorno social (una cosa muy básica que también dio mucho miedo cuando la llamaron marxismo), y desde esta trinchera proclamaron que el ser humano tiene la capacidad de vivir en una sociedad armónica sin la necesidad de que alguien le imponga una autoridad. “Ni dios ni amo”, consignaron… y el mundo se estremeció y los condenó.

Sin amos, sin naciones y sin jerarquías hegemónicas, deja de tener sentido que se armen hasta los dientes en el nombre de la paz, deja de tener sentido que el beneficio de uno implique la miseria de otros… tal vez por eso la palabra da tanto miedo, porque la idea que encierra imposibilita que se cometan muchas de las atrocidades que al día de hoy seguimos viendo tan normales.

Una sociedad anárquica imposibilita la existencia de la trata de blancas que alimenta las lucrativas redes de prostitución; cancela la explotación laboral asiática y las guerrillas africanas en pro del consumo tecnológico occidental; el deterioro ambiental y la supremacía del hombre sobre la mujer.

A menor escala, en los vaivenes de la vida diaria, el anarquismo no se trata de sembrar el caos, vestir de negro y andar por la calle escuchando sonidos guturales; en realidad, es más cercano a la necesidad de buscarnos para aprender a organizarnos, reconocer nuestro rol como individuos en medio de una comunidad y desde ahí cumplir con nuestra responsabilidad en beneficio propio y del colectivo. Ser un anarquista se refiere a la compleja tarea de saludar a los vecinos, de tolerar a los otros, de tirar la basura en su lugar, ceder el paso, respetar una fila, un horario o un cajón de estacionamiento, en otras palabras, negar todo lo relacionado con la “picaresca mexicana”.

Una mera utopía tal vez, una forma de organización que se aleja con la eminente proliferación de los discursos de odio que comienzan desde la seguridad que da el estar detrás de una pantalla y explotan en las formas más cruentas de violencia, producto de la incapacidad de poder respetarnos o de menos tolerarnos.

Es en este mundo que no deja de hacer patente su forma más cruel, que algunos de estos viejos conceptos, con una esencia tan linda, deben volver a ponerse sobre la mesa, tal vez no para adecuarlos a la compleja estructura social que hemos construido, porque tal vez también los arruinaríamos y terminaría por volver a hacerse presente la necesidad humana de despreciar al Otro.

Aunque, al final, no perdemos nada con agregar a nuestras vidas una pizca de anarquía, puede que así dejemos de matarnos tanto.

Seguir leyendo
Anuncios

Revista Digital

 width=

Anuncios

Política

Anuncios

CDMX

Anuncios

Tienes que leer