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Papás de niños con cáncer seguirán manifestándose para asegurar medicinas

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Foto: Cuartoscuro.

MÉXICO.- Los padres de los niños con cáncer afectados por la falta de metotrexato, que forma parte del protocolo de atención para este padecimiento, seguirán protestando para que sus hijos tengan en todo momento los medicamentos básicos para su tratamiento, indicó uno de ellos.

Israel Rivas Bastidas, padre de una niña atendida en el Hospital Infantil “Federico Gómez”, sostuvo que la lucha no termina y que van a seguir protestando en caso de que falte ese o cualquier otro medicamento para los menores.

Dio a conocer que luego de que ayer pidieron al secretario de Salud, Jorge Alcocer, se disculpara por decir que la entrega del medicamento puede esperar, anoche recibieron una invitación para reunirse esta mañana con el funcionario federal en las instalaciones de la dependencia para abordar el tema.

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En entrevista en Por la Mañana, con Ciro Gómez Leyva, indicó que al encuentro acudirá una pequeña comisión de padres de familia, que va con el tiempo justo pues algunos de los niños tienen quimioterapias.

Tras asegurar que fueron víctimas de la “maraña burocrática” del gobierno, algo que “no se debe quedar así ni se puede volver a repetir nunca más en el país”, anunció que el lunes próximo se reunirán con la Comisión para la Protección a los Menores y a la Infancia del Senado para analizar la situación y encontrar una solución definitiva al desabasto.

Rivas Bastidas subrayó que la intención es estar en contacto permanente con la autoridad para confirmar que los medicamentos sean distribuidos, no sólo en la capital del país, sino en otras entidades, sobre todo en los hospitales de menor envergadura.

“No tendríamos los papás por qué estar viviendo estas situaciones encima de lo complejo que resulta la vida en un caso oncológico ni estar metidos en esta maraña”, puntualizó.

Notimex/ssc

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Pese a amenazas, Mario sigue buscando a su hermano en fosas

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MÉXICO.- Todas la mañanas Mario Vergara, un hombre de 44 años, sale de su pequeño departamento ubicado en la alcaldía Benito Juárez para ejercitarse. Pero él no es  el típico corredor que entrena para ganar maratones. Calza botas de uso rudo en lugar de zapatos deportivos. No usa short sino pantalón de mezclilla y una playera de algodón estampada.  Se prepara a diario para buscar a su hermano en fosas clandestinas.

“Me preparo para subir a las montañas, porque las montañas no tienen piedad, porque tenemos que caminar muchos kilómetros, me estoy preparando para ser uno de los mejores buscadores de fosas en este país.”

Una hora y media de caminata; 30 minutos subiendo y bajando escaleras, 30 más de  abdominales y una hora y media de pesas, conforman su rutina del día.

Pero la  preparación de este hombre que  forma parte la Brigada Nacional de Búsqueda de Fosas Clandestinas y del colectivo “Los otros buscadores buscando vida entre los muertos” no se reduce a la parte física.

“He aprendido los 206 huesos que tiene cada persona, he aprendido muchas cosas, he retado al gobierno mexicano a buscar en campo: pasa tu equipo especializado para que veas que es una gran simulación lo que tú tienes y después pasamos nosotros y vamos a desenterrar lo que ellos no encuentran.”

Mario busca en fosas desde el 2014.  Dos años antes, el 5 de julio de 2012 su hermano, Tomás Vergara Hernández de 39 años fue secuestrado en el municipio de Huitzuco, Guerrero. Ese día Tomás, Tomy no llegó al cumpleaños de una de sus hermanas menores.

A la familia le pidieron 300 mil pesos para liberarlo sin darles una prueba de vida. Tomás nunca volvió.

“Hemos encontrado muchas personas, pero no a mi hermano; alguien me dijo: Mario cada vez que encuentras una fosa lleva el nombre de tu hermano y eso (a mi familia y a mí)  nos ha traído mucha paz, por qué, porque ahora todos son nuestros familiares, todas las personas que hemos desenterrado es gracias a mi hermano y para mitigar un poco el dolor, pensamos que es mi hermano al que encontramos.”

Hace seis meses, en medio de su búsqueda incansable, Mario fue desplazado de su Huitzuco de origen, donde creció y vivió con sus tres hermanos.

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“Huitzuco era un pueblo muy bonito ahí vivimos, ahí crecimos, ahí estudiamos, antes del secuestro de mi hermano escuché hablar que habían secuestrado a los Miranda, escuché hablar que habían secuestrado a otra familia de mi pueblo, había asesinatos había desaparecidos, empezaron a haber balaceras en el pueblo y así continuaron las cosas hasta el día de hoy”

“A fines de marzo del año 2019 desenterré una persona de 11 días de enterrado, se enojaron los malos de mi pueblo, me amenazaron y me tuve que salir; desde entonces estoy refugiado en la Ciudad de México.”

Desde 2017 Mario se encuentra  dentro del mecanismo de protección a Defensores de Derechos Humanos, aunque lo considera un “elefante blanco”.

“No nos protege, ni nos ayuda, tan sólo lo único que hacen es mandar oficios.”

Como parte del mecanismo recibe cuatro mil 300 pesos mensuales, que no le alcanzan para solventar los gastos del departamento en el que vive con su esposa, -a quien conoció durante las jornadas de búsqueda-, y con su hija menor de edad.

Pero aún así no puede trabajar porque debe estar listo cada que haya un llamado para realizar una búsqueda. La suya es una misión de tiempo completo.

“Buscar un familiar es muy difícil, es volver a aprender a vivir; yo digo, si busco no trabajo, si trabajo no busco, pero si quiero buscar necesito dinero, pero si quiero dinero necesito trabajar…”

Para hacerse de recursos Mario intentó vender queso, crema, longaniza, chicharrón, pero no le funcionó, porque como pasa de 10 a 15 días en cada misión, la mercancía se le echaba a perder.

“Entonces un día traje mezcal y vi que el mezcal no se descompone, conforme pasa el tiempo es más sabroso, es una manera que me da de comer a diario, a mi niña, a mi familia, a mí.”

Así nació entonces el “Mezcal Buscando a Tomy”. Mario lo vende a través de su página de Facebook, que lleva el mismo nombre en honor a su hermano desaparecido.

La botella de un litro cuesta 230 pesos y el mismo Mario hace las entregas en la estación del metro que más convenga a sus compradores

“Es mezcal artesanal de la región de Guerrero, es un pueblito que se llama Tecoacuilco, del campo El Maguey, yo no lo produzco, yo sólo lo traigo a la ciudad de México para venderlo.”

En Huitzuco, Mario tenía un bar, en el que solía decir que contaba con un doctorado en entrega de cervezas, pero las constantes amenazas por buscar a su hermano y desenterrar huesos en fosas clandestinas lo obligaron  a cerrarlo luego de 20 años de existencia.

Abraham Nava/Excélsior

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