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Esta es la primera pareja homosexual que logró adoptar una niña en México

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MÉXICO.- El actor Felipe Nájera y el productor de teatro, Jaime Morales, se convirtieron hace siete años en la primera pareja homosexual que pudo ejercer su derecho a adoptar. Aunque en el papel la ley estaba de su parte, debieron enfrentar una dura batalla para que su hija Alejandra completara su familia.

En entrevista con la agencia AFP, Morales recordó que en 2009, cuando la Ciudad de México se convirtió en la primer capital latinoamericana en aprobar el matrimonio homoparental, él y Felipe Nájera ya eran una pareja consolidada, pero decidieron casarse en honor a las luchas que debió enfrentar su comunidad para lograr el reconocimiento de la ley.

“Cuando vimos todo el esfuerzo para reformar la ley decidimos casarnos (en 2010). Era algo que no necesitábamos, éramos una pareja ya consolidada, pero creemos que esta lucha tenía que materializarse con un evento”. Jaime Morales

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Sin embargo, la pareja sentía que su familia estaba incompleta y por ello decidieron iniciar el proceso de adopción en 2012, lo que recuerdan como un proceso tortuoso en el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF).

 

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Maravilloso tiempo inexorable!! Te amo @jaimemoralesbeltran Te amo hija hermosa !

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“Lo intentamos en el DIF. Vamos, hacemos los tramites, es una institución con más burocracia, éramos la pareja 220 y la primera pareja homosexual. Ante la burocracia que había ahí, nos surge la oportunidad de entrar en un programa de la Procuraduría General de Justicia” del entonces Distrito Federal.
La Procuraduría capitalina les facilitó el trámite de adopción

En esta otra institución, encontraron una opción más accesible para que sus sueños de paternidad se hicieran realidad.

En la Procuraduría fueron la solicitud número 22 y después de completar los requisitos, Alejandra llegó a vivir a su casa, a los 4 meses de edad.

“Pensamos que una niña tendría más facilidades que un niño adoptado por dos señores. Si el niño sale gay, (van a decir) que se lo pegamos, o las mentes más terribles podrían pensar que podríamos violarlo”.
Han ganado dos batallas, pero su lucha por el reconocimiento de sus derechos continúa

Hoy en día, la menor tiene 7 años y hasta donde su edad se lo permite, entiende la naturaleza de su familia.

“Para ella está perfectamente claro quiénes son sus padres. Sabe que tuvo una madre. Los padres no son buenos ni malos por su orientación sexual. Ni los homosexuales seremos los mejores padres, como tampoco los heterosexuales lo son por el sólo hecho de serlo. Esto lo determina nuestra educación, nuestra ética, nuestro entorno y no nuestra preferencia sexual”.

Aunque la llegada de Alejandra a sus vidas significa un importante logro, Nájera y Morales tienen claro que su lucha por acceder a los mismos derechos de los que gozan los matrimonios heterosexuales implicará más batallas.

“Tenemos la ley, pero a medias. Sabemos que se tiene el derecho en alguna parte del Código Civil [de la Ciudad de México*, pero todas las instancias que rodean a la ciudad no han hecho nada para modificar sus reglamentos y estatutos”.

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Pese a amenazas, Mario sigue buscando a su hermano en fosas

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MÉXICO.- Todas la mañanas Mario Vergara, un hombre de 44 años, sale de su pequeño departamento ubicado en la alcaldía Benito Juárez para ejercitarse. Pero él no es  el típico corredor que entrena para ganar maratones. Calza botas de uso rudo en lugar de zapatos deportivos. No usa short sino pantalón de mezclilla y una playera de algodón estampada.  Se prepara a diario para buscar a su hermano en fosas clandestinas.

“Me preparo para subir a las montañas, porque las montañas no tienen piedad, porque tenemos que caminar muchos kilómetros, me estoy preparando para ser uno de los mejores buscadores de fosas en este país.”

Una hora y media de caminata; 30 minutos subiendo y bajando escaleras, 30 más de  abdominales y una hora y media de pesas, conforman su rutina del día.

Pero la  preparación de este hombre que  forma parte la Brigada Nacional de Búsqueda de Fosas Clandestinas y del colectivo “Los otros buscadores buscando vida entre los muertos” no se reduce a la parte física.

“He aprendido los 206 huesos que tiene cada persona, he aprendido muchas cosas, he retado al gobierno mexicano a buscar en campo: pasa tu equipo especializado para que veas que es una gran simulación lo que tú tienes y después pasamos nosotros y vamos a desenterrar lo que ellos no encuentran.”

Mario busca en fosas desde el 2014.  Dos años antes, el 5 de julio de 2012 su hermano, Tomás Vergara Hernández de 39 años fue secuestrado en el municipio de Huitzuco, Guerrero. Ese día Tomás, Tomy no llegó al cumpleaños de una de sus hermanas menores.

A la familia le pidieron 300 mil pesos para liberarlo sin darles una prueba de vida. Tomás nunca volvió.

“Hemos encontrado muchas personas, pero no a mi hermano; alguien me dijo: Mario cada vez que encuentras una fosa lleva el nombre de tu hermano y eso (a mi familia y a mí)  nos ha traído mucha paz, por qué, porque ahora todos son nuestros familiares, todas las personas que hemos desenterrado es gracias a mi hermano y para mitigar un poco el dolor, pensamos que es mi hermano al que encontramos.”

Hace seis meses, en medio de su búsqueda incansable, Mario fue desplazado de su Huitzuco de origen, donde creció y vivió con sus tres hermanos.

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“Huitzuco era un pueblo muy bonito ahí vivimos, ahí crecimos, ahí estudiamos, antes del secuestro de mi hermano escuché hablar que habían secuestrado a los Miranda, escuché hablar que habían secuestrado a otra familia de mi pueblo, había asesinatos había desaparecidos, empezaron a haber balaceras en el pueblo y así continuaron las cosas hasta el día de hoy”

“A fines de marzo del año 2019 desenterré una persona de 11 días de enterrado, se enojaron los malos de mi pueblo, me amenazaron y me tuve que salir; desde entonces estoy refugiado en la Ciudad de México.”

Desde 2017 Mario se encuentra  dentro del mecanismo de protección a Defensores de Derechos Humanos, aunque lo considera un “elefante blanco”.

“No nos protege, ni nos ayuda, tan sólo lo único que hacen es mandar oficios.”

Como parte del mecanismo recibe cuatro mil 300 pesos mensuales, que no le alcanzan para solventar los gastos del departamento en el que vive con su esposa, -a quien conoció durante las jornadas de búsqueda-, y con su hija menor de edad.

Pero aún así no puede trabajar porque debe estar listo cada que haya un llamado para realizar una búsqueda. La suya es una misión de tiempo completo.

“Buscar un familiar es muy difícil, es volver a aprender a vivir; yo digo, si busco no trabajo, si trabajo no busco, pero si quiero buscar necesito dinero, pero si quiero dinero necesito trabajar…”

Para hacerse de recursos Mario intentó vender queso, crema, longaniza, chicharrón, pero no le funcionó, porque como pasa de 10 a 15 días en cada misión, la mercancía se le echaba a perder.

“Entonces un día traje mezcal y vi que el mezcal no se descompone, conforme pasa el tiempo es más sabroso, es una manera que me da de comer a diario, a mi niña, a mi familia, a mí.”

Así nació entonces el “Mezcal Buscando a Tomy”. Mario lo vende a través de su página de Facebook, que lleva el mismo nombre en honor a su hermano desaparecido.

La botella de un litro cuesta 230 pesos y el mismo Mario hace las entregas en la estación del metro que más convenga a sus compradores

“Es mezcal artesanal de la región de Guerrero, es un pueblito que se llama Tecoacuilco, del campo El Maguey, yo no lo produzco, yo sólo lo traigo a la ciudad de México para venderlo.”

En Huitzuco, Mario tenía un bar, en el que solía decir que contaba con un doctorado en entrega de cervezas, pero las constantes amenazas por buscar a su hermano y desenterrar huesos en fosas clandestinas lo obligaron  a cerrarlo luego de 20 años de existencia.

Abraham Nava/Excélsior

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